Archivos de la categoría ‘Duero’

El Canal del Duero, otoñal

8 Noviembre, 2009

Quintanilla OnesimoEstos son días que llaman a pasear junto a ríos y canales, para contemplar el otoño en todo su dorado esplendor:  los árboles se desnudan, no sin antes haberlas trastocado de los vivos colores veraniegos en algún tono ocres. También veremos otras tonalidades otoñales: los frutos rojos de agavanzos y majuelos, los negros de algunas uvas de parra ¡y de perro!, y el color de la atmósfera, que ya no es es plano y cargado, propio del verano, sino profundo y claro, típico de un sol que va perdiendo fuerza lentamente…

El Duero al fondoLa primera parte, el paseo desde Tudela hasta el acueducto del Canal sobre el Duero no posee ningún encanto: salimos  por la vieja carretera de Barcelona, bordeamos la autovía junto al pinar y atravesamos por el polígono industrial Tuduero. Y, llegados al Duero comienza la excursión propiamente dicha. La orilla del río está bien protegida por la vegetación (sauces, álamos, tamarindos) y, escuchado el rumor de la corriente, nos acercamos hasta el Canal. ¡Grata sorpresa!: descubrimos un camino amplio y andadero -también para bicis- donde antes había sólo una estrecha senda poblada de maleza. Con algunos cortes donde aún pervive la antigua senda, el buen camino llega hasta el mismo nacimiento del Canal, en Quintanilla.

En el JardínLos árboles que adornan el cauce canal se encuentran vestidos de rojo y oro, y en la línea del horizonte Norte aparece la ribera del Duero, también señalada por una elegante línea de chopos. Detrás, en gris, una de las mamblas y la caída del páramo.
Conforme nos acercamos a Sardón,ya junto al Duero, el camino se vuelve más dorado aun, y terminamos por descansar un poco junto al puente del Duero, en el denominado Jardín del Carretero, que cuenta con secuoyas, pinsapos o tilos.
Entre el canal y el río ha quedado aisalado un viejo y humilde cementerio; está inconcluso el puente que se proyectó para unirlo con el pueblo, salvando el Canal.
Luego pasamos junto a secuoyas inclinadas, a punto de caer, y dejamos a la derecha la Abadía de Retuerta, felizmente convertida en bodega de estupendos caldos. Y enseguida nos llama el rumor de una pesquera, abajo, en el Duero.

Alfombra otoñalNuestro paseo continua por la ancha pista, señalada con postes kilométricos artesanales, cada uno junto a un arbolito más o menos peculiar. Un esbelto puente de tres ojos -muchos, para un humilde río artificial-  une las tierras de labor con una curva del río. Comprobamos que se ha eliminado el único paso peligroso del itinerario (un muro que separaba río y Canal, que había que pasarlo por su lomo) y cómodamente, sin apearnos de las burras, cruzamos junto al viejo muro, sin subirnos a él, y el río.
Sin darnos cuenta hemos llegado al fin de esta primera parte del trayecto: Quintanilla. El agua del Canal surge de un tunel que, atravesando el pueblo, viene de la toma de agua en la pesquera de la aceña. Una fuente señala también el nacimiento de nuestro Canal.

Duero y Canal

Aceñas de Zofraguilla

8 Septiembre, 2009

Zofraguilla

Es otro de esos lugares mágicos que encontramos en nuestros paseos. Aquí se juntan agua y tierra, Duero y Zapardiel, historia y leyenda, trabajo y poesía, vida y muerte, alamedas y corrientes…

Las aceñas de Zofraguilla –o Zafraguilla- se encuentran en la orilla izquierda del Duero,  poco después de que éste haya recibido al Zapardiel. Si se va en coche desde Tordesillas por la carretera de Salamanca, hay que salirse en un camino que indica Herreros (que, por cierto, eran otras aceñas) antes de la desviación a  Nava del Rey.

El lugar de Zofraguilla es muy antiguo. Ya se cita esta heredad en el 1229, cuando Fernando III la vende a Tordesillas. También se encontraba muy cerca de la ermita de la Virgen del Arenal, hoy desaparecida. (Abundan en esta zona -en la realidad y en la toponimia- los arenales que han ido dejando las aguas del Duero)

Duero y espaldón

Entre chopos, álamos, zarzas, espadañas y altas hierbas se esconden los restos de estos inmensos molinos. El lugar es muy agradable, sobre todo en verano, cuando nos llega el frescor del río y nos cubre la sombra de los árboles. Aprovechando un pequeño golfo de la orilla vemos tres deslumbrantes barcos de piedra que parecen avanzar contra corriente. Otros, como don Quijote, verían castillos emergentes de las aguas fluviales.

Aunque realmente el golfo se hizo a propósito de las aceñas, pues sin duda éstas se empezaron a construir en tierra firme para que luego, al vaciarse, quedaran para siempre varadas en el agua y dispuestas a aprovechar la corriente.

Tajamares

Tuvieron una segunda planta, añadida luego, de barro. Pero ha desaparecido casi por completo. Su perímetro, junto a la superficie del agua, tiene más superficie que más arriba, pues el muro se va remetiendo. El espigón del tajamar es redondeado, mientras que en otras aceñas se afila.

A la primera aceña se pasa por un puentecillo –todo es aquí de buena piedra caliza de cantería-  bajo el que fluyen dos corrientes de agua. La segunda tiene una compuerta inclinada que se bajaba accionando un mando desde el cuerpo de la aceña. La entrada está protegida por una puerta de barrotes de hierro, lo que subraya el aspecto de castillo. Hasta hace poco estaba cerrada con una cadena,  lo que la hacía inaccesible, razón por la que se  ha conservado relativamente bien. Ahora podemos pasar y contemplar todo bien, pero también podemos terminar de esquilmar esta fábrica con la mayor impunidad. Unos raíles metálicos sobre los que sin duda circulaba una vagoneta, nos indican el ritmo de trabajo que en otros tiempos hubo por aquí.

Entrada

compuerta y entrada

Vemos otros restos de lo que fueron estos industriosos ingenios:

Una rueda de paletas metálicas con sus álabes, y restos de otras
Restos de ruedas y paletas de madera
Ruedas dentadas (multiplicadoras o reductoras)
Ejes y barras variados
Ruedas transmitían fuerza mediante  correas…

Al parecer, el agua ofrecía suficiente energía para moler, serrar y, en los últimos años, alumbrar.

Rueda de paletas

Elemento esencial en las aceñas es la pesquera, ese dique que eleva ligeramente el nivel del agua para dirigirla hacia las ruedas de los molinos. No corta de manera perpendicular la corriente del río, sino con cierta inclinación de manera que el ángulo más agudo está en el lado de las aceñas y el grave en la orilla opuesta.

Entre la pesquera y la última aceña, un canal con su compuerta ayudaba también a regular el nivel del agua. Lo podemos superar de un salto.

Isnscripciones

Por si fuera poca la magia de este lugar descubrimos, medio tapada por el agua, una inscripción en el cuerpo exterior de la última aceña. Todo parece indicar -algunas letras están al revés- que las piedras de la inscripción fueron utilizadas originalmente en otra construcción, tal vez en otras aceñas que estaban relativamente cerca. Al menos eso indican los expertos.

Pesquera

La pesquera se forma con un espigón de grandes piedras en el lecho del río sobre las que se ponen otras ya algo menores que, en su parte superior forman una lámina más o menos regular por la que salta la corriente de agua. La presa de nuestras aceñas se encuentra rota en 5 puntos, por lo que durante el estiaje el agua no salta por toda la pesquera. Como –con más de 350 metros de largo- es de una anchura generosa, acaban por nacer sobre él sauces y matorral variado que, poco a poco, van destrozando la pesquera. Si damos una vuelta por la de Moraleja veremos que la fuerza de los arbustos ha sido mayor: en unos puntos sólo hay vegetación y en otros ya no vemos ni piedras… A eso llegará, y a más, la pesquera de Zofraguilla.

Aguas abajo de la pesquera, una isla repleta de espesa vegetación y salpicada de bancos de arena competa el paisaje.

Mágico sitio para pasar un atardecer de verano con la compañía de una bota y una caña (de vino y de pescar, respectivamente). Y si nos quedamos con ganas, a un kilómetro aguas abajo tenemos el arranque de la pesquera de las aceñas de Moraleja, y a otro tanto aguas arriba, el de Osluga. Que en Tordesillas no faltaban aceñas.

También puedes ver esta otra entrada sobre aceñas.

Reflejos

Ardores estivales

28 Agosto, 2009

Girasoles

Por fin, los ardores veraniegos han  visitado nuestra tierra los pasados días de este mes de agosto. Parecía que no iba a hacer calor de verdad pero, al final, ¡vaya si lo ha hecho! ¡Ni por la noche hemos respirado!Páramo
Los campos estaban agostados, vestidos de amarillo pálido. Cuando nos hemos metido a campo traviesa con la bici, daba pena ver las profundas grietas de la tierra en los campos cosechados.Estaban pidiendo agua a gritos. Pero tendrán que esperar al otoño. Por contra, el agua -procedente del subsuelo-  abundaba en los campos de maiz y remolacha. Pero la humedad caliente que llegaba como un fuerte vaho al ciclista tampoco ayudaba nada. Sólo la brisa, cuando era contraria, ayudaba a sobre llevar los calores.

atardecer
Claro que lo mejor era salir a la caída de la tarde, cuando ya los campos habían dejado de arder. Y lo mejor de todo era llegar a una acequia o al Duero y zambullirte sin piedad. Parecía que la piel, o reseca o agotada con el sudor, renacía de nuevo.
En los campos quedaba la sed continua del estío, los amarillos vivos de los girasoles -casi la única alegría de la paramera catellana- y los majoletos verdes en medio de tanta calorina.
A nuestro lado, el majestuoso Duero. Y nosotros, respirando. Un verano más.

Duero

El Abrojo y San Pedro Regalado

12 Mayo, 2009

San Pedro Regalado (en la actual capilla del Abrojo)

Dos kilómetros al sur de Laguna de Duero, precisamente en la orilla del río y al lado de unas llamativas murallas, encontramos los restos del convento del Abrojo, del que fuera prelado San Pedro Regalado, patrono de Valladolid.

¿Qué queda? Prácticamente nada. Junto a un muro de piedra, protegido por álamos, vemos cómo mana aún la fuente de San Pedro. Debió ser, pues, la fuente del convento. Al lado, queda una alberca que utilizaba el Regalado para regar la huerta próxima y en la que vemos pacíficos cangrejos.

Fuente de San Pedro
Cerca de la fuente, al lado contrario de la muralla, hay una finca de labranza que guarda -entre la casa y el río- una pequeña ermita o capilla del Santo donde todos los años el 13 de mayo, hacia la una del mediodía, se celebra la Misa de San Pedro y una breve procesión.

Y esto es todo. Entre las riadas, la desamortización y el olvido, algo ha quedado. Tal vez si investigamos por la ribera podamos descubrir algo más. Pero serán piedras desordenadas y medio tapadas en la maleza.

El sitio es agradable y a él se accede fácilmente desde Laguna o desde la carretera de Madrid, a la altura del puente. También se puede llegar en coche.

Al lado se encuentra el Bosque Real, donde la reina Isabel mandara construir un quarto de aposentamiento para descanso de reyes. Después, Felipe II lo cerca con la muralla y cubos almenados que vemos para dedicarlo a la caza. El quarto desaparece en el siglo XVII a causa de un incendio y hoy el Bosque es una urbanización. En la esquina suroeste,  cerca de la fuente, vemos en ladrillo restos de lo que fuera una portada.

Aguas abajo llegaríamos hasta los restos de una aceña -solo queda la pesquera- y al otro lado de la carretera, cruzada otra urbanización, tenemos otro idílico lugar: el Coto de Castillejo, donde ya Juan II cazaba y pescaba.

DueroEn fin, el vallisoletano Regalado, patrono de los toreros -tranquilizó a un toro bravo que se había escapado y hacía de las suyas- bien puede serlo también de caminantes y ciclistas pucelanos, pues se desplazaba con frecuencia -a pie o en burra- desde el Abrojo a la Aguilera, en Aranda de Duero, donde igualmente era prelado de otro convento. ¿Iría por el camino de los Aragoneses: Laguna, Tudela, Peñalba, Olivares, Valbuena, Pesquera…? En nuestros paseos no encontramos toros bravos enfurecidos, pero sí, alguna vez, perros con deseos de morder…

Aniago

7 Abril, 2009

En opinión de Ortega Rubio, buen conocedor de la provincia y de la región, las ruinas del monasterio de Aniago se encuentran en uno los sitios más bellos de Castilla. Y no le falta razón, pues este monasterio se levantaba a un tiro de piedra de la confluencia de los ríos Duero y Adaja, cerca también de la desembocadura del Pisuerga, en un monte de encinas y robles –que hoy no existe- y a otro tiro de piedra de un denso pinar.

el-duero-a-su-paso-por-aniago

Es una agradable excursión que podemos hacer en bici desde Valladolid:

  • Tomamos la vía verde que conduce a Puente Duero por el pinar de Antequera. (Valladolid – Puente Duero: 11 km)
  • Pasado el puente romano, a la derecha sale un camino indicado como de Aniago. Si hubiera alguna duda, al poco vemos, a la derecha, un albergue del camino de Santiago.
  • Ya embocados, pasamos por el pinar del Esparragal, de buenos pinos piñoneros. Más adelante bordeamos un encinar de matas, dejamos a unos 500 mts la ribera del Duero y ante nosotros aparece la espadaña de Aniago y el caserío de labranza que ahora ocupa lo que fue Cartuja. (Del puente a Aniago:7,5 km)

espadana

La excursión bien puede completarse con una visita al Adaja y su desembocadura. El mejor acceso lo tenemos desde la orilla izquierda, por lo que debemos cruzar a ella por el puente  de la carretera de Villanueva. (De Aniago a la confluencia: casi 4 kms).

aniago

Por lo demás, Aniago es una ruina. Una de tanta desolaciones que encontramos en nuestra Castilla ayer dominadora. Hasta el crucero que en 1889 Ortega Rubio reseñara –y que nosotros vimos a finales del siglo pasado- hoy ha desaparecido. Esperemos que se encuentre, trasladado, en otro lugar. También se salvaron de la desolación muchos relicarios y una imagen de la Virgen (están en Villanueva) y una espléndida escultura de San Bruno, fundador de los cartujos.

Arcos al aire cual costillas sin carne, nave eclesial sin techo, suelos llenos de escombros, celdas destrozadas, preciosa arenisca anaranjada que dio vida al claustro con arcos apuntados, sepulturas bajo la catástrofe… Todo es añoranza de otros tiempos que se fueron. Así es por dentro. Nada del hospital, o del seminario,  o de la botica que aquí también fueron.

desde-el-adaja

Al exterior sigue rodeado de ríos y campos. Los bosquetes de galería de Adaja y Duero por un lado, y los altos pinos del Esparragal por el otro señalan lo que es Aniago: una nave que quedó varada en la tempestad de la historia y que descansa apaciblmenet en un amplio claro del bosque.

Hoy al menos Aniago es un lugar romántico: desolación en medio de la naturaleza que sigue su curso y sus estaciones: los lagartos sestean donde otros entonaran cantos gregorianos; las lechuzas abren un ojo a la luna donde los monjes pasaron noches a la luz de unas velas…

y aquí tenéis un trozo de la vuelta por el pinar del Esparragal

El Duero, crecido

3 Febrero, 2009

herrera1

A mediados de enero nevó, pero ahora se ha instalado la lluvia en la meseta y cualquier paseo en bici lleva consigo la posibilidad de embadurnarse bien de arcilla y barro. Salvo que el paseo lo demos por Tierra de Pinares o  de Medina, comarcas en las que abunda la arena, muy cómodas para pasear cuando ha llovido.

penalba

Bueno, muy cómodas relativamente, por que las cubiertas de la bici se agarran siempre demasiado bien, ya sea tierra o arena húmedas, y cuesta bastante más pedalear.

Como siempre que sales al campo hay alguna novedad, el pasado sábado vimos el Duero así de crecido. Y de color chocolate. El Pisuerga también venía alto.

tudela