Archivos de la categoría ‘Tierra de Campos’

Valdeginate y Retortillo: por la Tierra de Campos palentina

4 Junio, 2009

Valdeginate plano41 Km aprox.

Hacemos una excepción en este blog que recorre tierras pucelanas para pasear por la provincia de Palencia. Al menos por proximidad y -en este caso- por semejanza, bien nos lo podemos permitir.Iremos desde la ciudad de Palencia hasta el Valle del Retortillo.

Salimos de Palencia -que tal vez sería la capital de Tierra de Campos si ésta fuera una provincia- para buscar el río Valdeginate, que antaño no era aquí río, sino más bien el emisario de la gran laguna de la Nava. Nace de la confluencia de múltiples arroyos en el término de Población de Arroyo y lleva su curso por Arroyo, Villalcón, San Román de la Cuba, Cisneros, Mazuecos, Frechilla, Autilla de Campos, Abarca, Castromocho y Baquerín, desde donde tuerce hacia el SE por la Nava para desaguar en la margen derecha del Carrión, al norte de la capital palentina.

Campos

Su nombre proviene de vallis ginginnati, genitivo del nombre personal de Ginginnatus. Parece que no tiene más misterio.

Vemos que es como una gran zanja, con las orillas en las que se ha ido amontonando la tierra de sucesivos dragados. Pero trae agua en abundancia -al menos en esta época- lo que hace el trayecto especialmente agradable. Procuramos ir por su orilla izquierda para, más adelante, poder tomar el río Retortillo. De todas formas, hay unos cuantos puentes.Al sur nos acompaña la ladera del páramo de los Torozos, con el mirador de Autilla en primer plano.

Valdeginate

Y arriba el cielo, siempre luminoso en estas tierras que reciben toda la luz sin que la amortiguen árboles; ni tan siquiera arbustos…

Pasamos cerca de Grijota y, luego, de Cascón de la Nava, pueblo de colonización nacido a mediados de los sesenta del siglo pasado . Todo esto fue, antaño, la gran laguna de la Nava, de varios kilómetros cuadrados de extensión. Salvó muchas vidas durante la guerra civil, pues era un lugar seguro -a la par que incómodo- para esconderse entre espadañas, carrizo y… aguas pantanosas. Siempre se tuvo por paraje insalubre, por sus abundantes mosquitos que podían trasmitir enfermedades infecciosas. De hecho, los Reyes Católicos ya pensaron en desecarla, pero el plan no se llevó a la práctica hasta los años 40 del pasado siglo. El lugar sirve ahora para labranza: la tierra es buena y abundante el agua. No obstante, hace unos años se ha vuelto a llenar una pequeña parte de la laguna, cerca de Fuentes de Nava, y en ella se han instalado todo tipo de aves acuáticas.

Acueducto sobre el Valdeginate

Llegamos a la confluencia con el Retortillo y ahora nos vamos siguiendo esta ribera. Sigue trayendo buen caudal hasta que descubrimos la causa: al pasar bajo el Canal, éste le suelta un buen chorro de agua.De por sí, el Retortillo es un río demasiado pacífico y tranquilo, tiene de río lo justo para que vivan cuatro pececillos y unos cuantos cangrejos.Nace en Abastillas y desembocaba originariamente en la laguna de la Nava, aunque en los años sesenta le hicieron desembocar de manera artificial en el Valdeginate, para así desecar la laguna y ponerla en producción agrícola. Su nobre siginifica algo así como río torcido (ripus tortiellus)

El Canal, que salva este cauce con un elegante y corto acueducto, es, por el contrario, caudaloso, sin juncos ni espadañas y con altos chopos. Pero no deja de ser tranquilo. Al Este dejamos Paredes de Nava, con sus torres, especialmente la de Santa Eulalia, -y su silo- inconfundibles.

mieses
Vamos llegando al final de nuestro trayecto,que es el auténtico Valle del Retortillo. Aquí se encuentran, casi en fila india cinco pueblecitos perdidos de esta olvidada Tierra de Campos, que forman el municipio del Valle del Retortillo: Villalumbroso, Villatoquite, Añoza, Abastas y Abastillas. ¡Qué nombres tan hermosos, castellanos y sonoros!Tal vez aquí, entre sus casas de adobe, sus palomares, y sus gentes, encontremos la quintaesenca de Tierra de Campos.

Y parece que, en las proximidades, quiere acabarse esta Tierra, a juzgar por el paramillo próximo -con molinillos-, la mayor abundancia de arbolado -chopos- y los “barrancos” de la otra orilla. Y es que, un poco más allá, pasariamos a la comarca de La Cueza.

Añoza

Por la raya de León

7 Mayo, 2009

La última parte de esta excursión  -que comenzó hace dos entradas en Villalba de la Loma- discurre por tierras de León y de Valladolid. Más aún: durante unos cuantos kilómetros rodamos justo por la linde de las dos provincias.

arroyo-ranero

Después de bordear Matanza tomamos el arroyo Ranero. No sabemos si el nombre se debe a que viene del Burgo Ranero o a que en sus aguas abundan las ranas. En cualquier caso, es un arroyo precioso que encharca y refresca campos enyerbados y junqueras, y que acoge pequeños bandos de azulones que aquí deben encontrarse muy a gusto, pues pillamos a una pata con sus pequeños patitos. Ante nuestra presencia, la pata señaló claramente a su patada la dirección –aguas arriba- que debía tomar para escabullirse de los inopinados visitantes. El patito mayor pudo seguirla corriendo por encima del agua. Los demás actuaron como expertos buceadores.patito-buceador

El arroyo Ranero nos lleva a otro valle más ancho, del arroyo Regidero o Rugidero, bien aprovechado –y cercado-  para pastos de vacuno, hasta que tomamos un sendero que va por la linde comentada: al oeste León, al este Valladolid. El paisaje varía conforme avanzamos: prados, campos de labor, encinares, pinares de repoblación. Pasamos por La Ova y El Draque.  Vemos al fondo Gordoncillo, en León. Al llegar a una zona de prados y juncales recién quemada nos vamos hacia el este, por Valdelamerina y entre pinares de Alepo, para acercarnos hasta el cauce del Cea justo debajo de Castrobol. En la subida al pueblo hay una fuente que aprovechamos.

monte-de-urones

La última parte de esta amplia ruta discurre –como la primera- por Tierra de Campos. Primero hasta Urones pasando junto a la casa solitaria del monte de Urones. Del monte no queda nada. Solo del nombre y de algunas encinas solitarias y dos o tres robles deducimos la historia del lugar. Finalmente llegamos Becilla, en el Valderaduey.

La dehesa de San Llorente

3 Mayo, 2009

(viene de la entrada anterior)

monte

Al llegar a Izagre nos tomamos una clara en un corral-bar establecido justo en medio de la cañada real leosesa por la que luego continuamos hasta Albires. Esta vía pecuaria mantiene su ancho –está amojonada- aunque en algunos puntos ciertamente se encuentra utilizada como vertedero. ¡Menos es nada!

De Albires salimos por el camino de las bodegas (bodegas a la derecha, palomares a la izquierda) que poco a poco va ascendiendo hasta el ras del páramo por el aquí habitual camino de grava. Nos conduce directo hasta la dehesa.

Y ya estamos en la dehesa de San Llorente, territorio vallisoletano –de Mayorga- situado en la provincia de León. El suelo tiene abundantes cantos rodados, a pesar de lo cual la dehesa cuenta con numerosas charcas y lagunillas, señal de que la tierra es de tipo arcilloso. Por ello, el nivel freático parece encontrarse cerca de la superficie. Abundan los juncales y, en general, la hierba verde.

pozo

Pero ya no es dehesa. Debió serlo, pues los nombres nunca se ponen a humo de pajas y todavía quedan viejas encinas aisladas que adornan el paisaje. También queda un monte cerrado de encinas –en los dos sentidos: vallado y tupido- más o menos en el centro de la dehesa. Son como cinco hectáreas de encinar.  Y muy cerca, un viejo corral de adobe y una pradera. Al lado, en el lugar donde nace un regato, vemos una charca y un pozo que sirvieron para que el ganado abrevara. No es mal sitio esta dehesa. Forma un paramillo elevado que nos da la impresión de acercarnos al cielo por encima de las comarcas limítrofes. Solo la iglesia de Valverde Enrique se encuentra en nuestro rasero.

vega

Llegamos la arruinada casa de la dehesa (enfrente hay un corral de moderno diseño), asentada en un prado que cae hacia un lugar idílico: el arroyo del Valle. Es un simpático cauce que discurre dando perezosas curvas. No falta el pasto y una fuente nos repondrá de los agobios del camino. Hay que cruzarlo por un vado que no ofrece dificultad. Podemos estar todo el tiempo que queramos y luego subir tranquilamente la suave cuesta que nos lleva de nuevo hasta la provincia de León.

Villalba de la Loma

1 Mayo, 2009

villalba-de-la-loma69 km

¿Has estado alguna vez en Villalba de la Loma? Seguramente no, pues es una pequeña población sin atractivos aparentes, alejada de la capital y queda a trasmano de cualquier ruta.

Pero fue la primera parada en nuestro trayecto después de cruzar el Valderaduey en Castroponce. En Villalba se respira la luz de Tierra de Campos. Se esconde -y se presenta- entre llanuras alomadas, posee una fuente romana –un tanto modificada por el cemento de nuestro siglo- y palomares de todos los tipos y en todos los procesos de vuelta a la tierra. Por si fuera poco, la torre de la iglesia de San Andrés –lo único que queda de la iglesia- se ha aprovechado como atalaya terracampina.

villalba

En Saelices –San Felices- nos encontramos con el Cea. Una ermita blanca que brilla entre verdes cereales nos saluda en las afueras, aún en Tierra de Campos. Detrás, un palomar del mismo color y más atrás aún, Espigüete y Curavacas también se visten de blanco…  Luego, en el cauce del Cea, un viejo molino con su puente cortado se cae poco a poco mientras un pescador intenta –sin mucho éxito- engañar a los barbos. Una fuente en la ribera nos recuerda la de Villalba.

ermita-de-saelices

Y los palomares  se extienden de nuevo por la campiña del Cea. Vamos hacia la dehesa de San Llorente, ahora por el páramo leonés.

Nada hemos dicho de Castroponce, pero es otro de tantos pueblos de esta Tierra. De su personalidad resalta un teso aprovechado hoy para horadar bodegas si bien antaño hubo un castillo y mucho antes un poblado prerromano. La vega del Valderaduey le da agua y cierto frescor.

Araduey, o cuando el paisaje habla

26 Abril, 2009

becilla-valderaduey37 km aproximadamente

Becilla de Valderaduey debió ser más de lo que es. Lo dicen sus dos iglesias, su cruce de cañadas –y de calzadas- y su puente. Su puente romano no sólo nos habla del carácter práctico, austero y organizado de aquel pueblo que nos enseñó a escribir, entre otras muchas cosas; nos cuenta que el cauce del Valderaduey no era como es hoy, una zanja, como lo son todos los cauces de los ríos y arroyos de esta Tierra, pues no hay más que ver la conexión de la llamada calzada con el puente para saber que el río iba más abierto y menos encajonado.

Curiosamente Araduey significaba -en lengua céltica- algo muy parecido a lo que hoy significa “Tierra de Campos“. Por su ancho valle vamos hasta Villavicencio, y en el camino nos encontramos el Caño de la Pita, que sale de una fuente ¡romana!, muy bien acompañada por una hilera de álamos blancos.

puente-romano

Del molino próximo ya no queda nada, lo cual significa que algunos hombres preferimos no tener memoria. Algo así como volver a la tabula rasa (sí, esta frase es latina, o sea, romana).

Pero en la localidad –Villaviencio- han conservado al menos la torre de la iglesia (de San Pelayo). Esperemos que sirva al fin de atalaya.

A la salida vemos las ruinas de otro molino. Su memoria se la quiere merendar, en este caso, una alameda. Pero las alamedas son más lentas -y más románticas- que los buldóceres.

hacia-valdunquillo

Subimos la suave cuesta hacia Valdunquillo, pueblo rico en alamedas y fuentes, para seguir hasta la loma del Espino, de buena altura para esta tierra, y de excelente vista. ¡Qué caminos de cascajo! Pero más vale así, que el barro es enemigo declarado de ciclistas.

En la Unión de Campos visitamos dos pueblos por el precio de uno y, ya a la salida, un campo de fútbol es la delicia de grillos y futbolistas. Y de asendereados ciclistas que nos tomamos un respiro mientras contemplamos el volar de las nubes.

por-villalogan

Otra vez ligeras subidas y bajadas, alamedillas y solitarios árboles como adornos del paisaje, y cruzamos entre suaves lomillas el territorio de Villalogán, que pertenece a Mayorga.

Y al fin el cercano Valderaduey nos conduce sin sobresaltos por su vega hasta Becilla, donde terminamos la ruta.

villavicencio

Ribera del Cea

21 Abril, 2009

rio-cea

Para ir de Villacreces a la ribera del Cea hemos de atravesar por la provincia de León, en concreto por el término de Arenillas de Valderaduey, donde, cruzado este río, nos topamos  inesperadamente con un ábside románico que pertenece a la iglesia de Santo Tomás. También visitamos una vieja torre de uso civil. Además, conserva muchos y abundantes palomares de barro (pues seguimos en Tierra de Campos).

Cruzadas las carreteras, tomamos un camino que nos conduce -ahora sí- por la orilla del Cea. Alamedas con fresnos y chopos refrescan esta ribera que pone límite a los Campos de Tierra. De entre los muchos sitios de la orilla que merecen la pena, destacamos uno: allí donde el caz del molino toma agua del río. Cerca hay una fuente y, entre el caz y el río, prados y campos de frutales. Un vergel escondido.

molino-melgar-de-abajo

En Melgar de Arriba vemos el molino que funcionaba al menos hasta avanzado el pasado siglo  distribuyendo luz en el pueblo. Aprovechamos para contemplar el paisaje desde el mirador en la torre de la iglesia de Santiago.

Y de nuevo por la ribera nos llegamos hasta Melgar de Abajo. Pero antes de subir la empinada cuesta descubrimos, casi tapado por zarzales, las ruinas de otro molino harinero. Este Melgar también tiene su mirador, encima de las bodegas, en lo que debió ser una antigua era.

De Melgar podríamos acercarnos –son 4 km- a Monasterio de Vega, para ver un   enorme y perfecto monasterio. O el centro de interpretación de la avutarda, que de todo hay por aquí.

ribera-del-cea

Al fin volvemos hacia el Valderaduey cercano: el camino de Melgar de Abajo a Santervás lo han asfaltado. Además, es cuesta abajo por lo que llegamos en santiamén. Además de la iglesia de San Gervasio, junto a cuyo ábside románico hay un mirador hacia el valle, podemos acercarnos a los restos de otro viejo molino, junto a las ruinas de una ermita. Y de aquí a Zorita, un paseo. iglesia-de-san-gervasio