Archivos de la categoría ‘Tierra de Medina’

Hacia Salamanca por la cañada real

6 Octubre, 2008

Ya hemos paseado un poco por las cañadas reales, esas vías pecuarias que, con 90 varas de anchura y muchas decenas de leguas de longitud, conectaban las sierras nevadas de León, Palencia y Soria con las dehesas de Extremadura y la Mancha.

Como durante siglos la lana fue la principal riqueza de estos reinos, las ordenanzas reales –las municipales decían otras cosas muy distintas- aseguraban y protegían el derecho de paso de los ganados merinos, productores de la mejor lana del mundo. A pesar de que también forman parte de nuestro paisaje ¿por cuánto tiempo?, las cañadas son un derecho de paso, o sea, un concepto jurídico.

Algunos rebaños que venían de Soria entraban por los páramos del Esgueva y llegaban a la ciudad por la pradera del Carmen. Los que venían de Palencia entraban por Valoria La Buena y los de León, por Mayorga. En cualquier caso, si querían seguir hacia Extremadura pasando por Salamanca, debían seguir por Tordesillas y tomar esta cañada real que vamos a recorrer.


De Tordesillas a Pollos sigue la carretera, y de ahí al Trabancos se encuentra perdida. Pero el paisaje y el paseo merecen la pena a partir de este río (o, mejor dicho, de este cauce seco). Un prado perfectamente amojonado indica sin lugar a dudas el comienzo actual de la cañada. Ahora no hay mas que dejarse llevar entre encinas centenarias, pinarillos, impensables toboganes que cruzan valles, tierras de labor, dehesas… Como la cañada está amojonada –hasta que sale de la provincia de Valladolid- el camino no admite equivocaciones.

El paisaje que se observa desde esta cañada serpenteante es uno de los más curiosos de nuestra provincia: junto a las abundantes encinas, la vista se pierde, hacia el norte, entre las primeras ondulaciones y el amplio valle del Duero. Hacia el sur, los cerros que nos aproximan a Nava del Rey suponen otro gran escalón que conforma esta insólita perspectiva.

Es gratificante ver cómo se conservan los pastos entre tierras de labor. Así, rodamos –o caminamos- por una verdadera cañada, no por una mera línea imaginaria. Han sido casi 20 kilómetros de auténtica cañada real. Nada, si lo comparamos con los 450 kilómetros que aún quedarían en nuestra provincia.

Bodones y lavajos

13 Junio, 2008

¡Qué tiempos aquellos cuando nuestros campos –sobre todo los del sur- estaban salpicados de bodones y lavajos! Son los mismos tiempos en que ríos –hoy secos- como el Trabancos o el Zapardiel, movían molinos harineros.

Lavajo de Lavanderas (invierno de 2006)

Desgraciadamente, hoy ya no quedan. O se pueden contar con los dedos de una mano. Bien porque se ha roturado la tierra, bien porque los hemos desecado o, sencillamente, porque se han secado ellos solitos (con la inestimable ayuda de los riegos intensivos). Este último es el caso de las denominadas y catalogadas por la “ley” como “zonas húmedas”. ¿Alguien se cree que la sola inclusión en un catálogo administratvivo preserva un bien natural?

Cerca de Madrigal

Lo cierto es que al iniciar la excursión cuya ruta -de Villaverde de Medina a Madrigal- hemos colgado en nuestro post anterior pensábamos que encontraríamos encharcamientos. Craso error. Sólo encontramos uno poco antes de llegar a Madrigal, además del verdor existente en el lavajo de Lavanderas, que indicaba la existencia de un poco de agua, aunque no llegamos a verla.

En nuestra provincia, bodón y lavajo son dos maneras de designar una misma realidad. Bodón es vocablo propio de la zona de Olmedo y lavajo es común en la Tierra de Medina. El diccionario de la RAE recoge para lavajo charca de agua llovediza que rara vez se seca y para bodón, charca o laguna invernal que se seca en verano. Acierta en que los dos son charcas. Pero los dos se secan no sólo en verano, sino más bien –hoy día- en cualquier época que no llueva en abundancia. Tampoco está muy claro que el lavajo sea simplemente de agua llovediza, pues la abundancia de lavajos se debía también a afloraciones de corrientes –manantiales- procedentes del acuífero de los arenales.

En todo caso, formaban parte de nuestro paisaje y hoy solamente podremos visitarlos en épocas muy lluviosas. Pensamos que ahora, a primeros de junio después de un mayo extraordinariamente lluvioso, veríamos alguno. Pues no. La mayoría seguían secos debido a que no estamos en invierno (hay mucha evaporación) y a que el agua caída se ha escurrido entre la arena buscando un bajísimo nivel freático. Total, que esperaremos mejor un otoño lluvioso.

Aquí hubo un lavajo. Al fondo, Blasconuño de Matacabras

Entonces –y con suerte- veremos agua en el lavajo de Lavanderas (Carpio), en la Lagunas Reales (Medina del Campo), o en el bodón Blanco de Bocigas, todos ellos catalogados.

Hoy solo queda algún charco sobre tierras impermeables y la vegetación verde y un tanto exuberante en la zona donde antaño hubo un lavajo.

El Monte de Bobadilla

8 Junio, 2008

La de ayer fue una larga excursión: de Villaverde de Medina a Madrigal de las Altas Torres y vuelta. Total, 72 kms. Sin embargo, los caminos –pistas más bien- por los que fuimos estaban muy duros y compactados, sin arena suelta ni humedad. Gracias a ellos puede decirse que volamos en vez de rodar. Incluso nos ocurrió algo nada frecuente: notamos la influencia benéfica del viento a favor pero no lo negativo del aire en contra (!).

Pasamos por campos de cereal y de amapolas, por dehesas y baldíos, por montes… pero –de momento- sólo hablaremos del Monte de Bobadilla. ¿Que por qué? Pues porque fue, con mucho, lo más interesante que encontramos. A pesar de que íbamos buscando lavajos y bodones… pero en otro post comentaremos esto de los lavajos.

En nuestra provincia tenemos varios montes de encinas. El más extenso es el de Torozos, si bien es cierto que más que de encinas es de matas de encina y roble. La dehesa de Cubillas, al contrario, es conocida no sólo por su extensión, sino también por el buen porte de sus encinas. Y hay otros montes interesantes en la zona oriental de la provincia, en los páramos y laderas que forman los valles del Duero y del Esgueva.

Pero el monte de Bobadilla (que así se llama por encontrarse en el término de Bobadilla del Campo) es un monte perdido y olvidado. Perdido porque se encuentra tras de una loma, en el límite de la provincia, donde ésta linda con la de Ávila; olvidado porque prácticamente nadie lo menciona.

Sin embargo, no hay mas que darse una vuelta por allí para descubrir todo su encanto. Hay pinar y hay encinar. Pero, sobre todo, es una dehesa con encinas portentosas. Hay dehesa dedicada a pasto y hay dehesa dedicada a cultivos agrícolas. En la primera las encinas sobresalen –todavía estamos en primavera- entre floridos tapices de colores y en la segunda, las viejas encinas arropan campos de avena, centeno y cebada. Pero de matas, nada. Todos son árboles viejos, grandes, corpulentos. Es un gusto verlos; esperemos que sigan así por muchos años, siglos, milenios.

Incluso si consultamos google earth o maps veremos unas extensiones curiosas, adornadas con multitud de puntitos negros, que son las grandes encinas.

Estos lugares del monte, y los colindantes, debieron tener más vida otras épocas: descubriremos viejas casas de labranza arruinadas, como la del Monte del Prisco, y los historiadores y viejos diccionarios hablan de despoblados, como el de Escargamaría. Además, por medio del monte cruza la cañada de Medina a Peñaranda de Bracamonte y el cordel de la Garda.

¡Apacible y perdido lugar!

Tierras de Medina

12 Mayo, 2008

Hoy, sábado 10 de mayo, llueve sobre la meseta. Los litros se acumulan en los metros cuadrados y los agricultores están felices. Además, en algunos pueblos hace tiempo que no ven ningún topillo. Lo confirmamos; este invierno hemos visto algunos, pero últimamente están de capa caída.

mapa del recorrido completo -62 kms aprox.-

Hace dos semanas dimos un paseo por Tierras de Medina; en concreto, atravesamos términos de La Seca, Rodilana (bueno, es Medina), Medina, Gomeznarro, La Zarza, Pozal y Pozaldez. Los campos estaban espléndidos y ya presagiaban buena cosecha.

Nos paramos en tres ocasiones. La primera fue en Gomeznarro, pequeño pueblecito cercano a Medina del Campo. Tiene nombre de apellido. Antaño tuvo, como la mayoría de los pueblos de estas tierras arenosas y pinariegas, una buena charca. Hoy está desecada, y desde ella se levantan unos pocos álamos blancos, algunos tronchados. También es famosa esta localidad por ser la patria chica de Juan Martínez Villergas , poeta satírico del siglo XIX. La casa consistorial, con una puerta cerrada a cal y canto, es su casa natal.

En La Zarza, famosa por sus nícalos –frutos de otoño- existe una zona húmeda con amplios prados en la que pasta el ganado vacuno. En invierno, es zona muy frecuentada por bandadas de grullas. Es un buen lugar para contemplar todo tipo de aves, empezando por las acuáticas y terminando por las rapaces, que con frecuencia se dan por aquí una vuelta por si hay ocasión de…

Y Pozal de Gallinas. Aunque habíamos pasado por aquí más de una vez, nunca habíamos visto su torrejón, que se encuentra en dirección a Medina del Campo, a unos tres kilómetros, en medio de una tierra de cultivo. Es el típico torrejón de estas tierras, construido con una especie de cemento con abundancia de cantos. Pues bien, tiene la originalidad de que en el siglo XIX su subsuelo albergó un falansterio, el único en la provincia vallisoletana. Los falansterios fueron comunidades formadas por socialistas utópicos. Como puede imaginarse, casi ninguna llegó a buen fin. Pero el torrejón de Pozal fue testigo de excepción de uno de ellos.

Y, para terminar, un epigrama del poeta de Gomeznarro:

Varias personas cenaban
con afán desordenado,
y a una tajada miraban
que, habiendo sola quedado,
por cortedad respetaban.

Uno la luz apagó
para atraparla con modos;
su mano al plato llevó,
y halló… las manos de todos,
pero la tajada, no.