Archivos de la categoría ‘Tierra de Pinares’

Bosques, majuelos y riberas (seguimos en otoño)

14 Noviembre, 2009

Y vamos con la segunda parte de la última excursión: ver el mapa en la entrada anterior.

En Quintanilla podríamos acercarnos a contemplar la ribera, que esconde un buen puente de piedra, una aceña convertida en hotel restaurante, y la toma de aguas del Canal, que aprovecha precisamente la presa de la vieja aceña. La ribera guarda también dos fuentes en esta orilla y otras dos en la de Olivares. Por lo demás, en el termino abundan viñas, majuelos y bodegas, pues no en vano estamos en territorio de la denominación de origen Ribera de Duero.En el páramo; detrás, el valle

Y ¡p’arriba! Desde el centro de Quintanilla hasta el borde del páramo son 3 km justos de subida. Primero agradable y luego -los últimos 400 mts- un tanto empinada. Pero el esfuerzo merece la pena. Además, tenemos un manantial con represa para refrescarnos y huertas con cerezos.

El páramo esconde un bosque mixto de pinos con encinas, robles y algún enebro. Avanzando, bordeamos la Planta y llegamos al Carrascal con sus viejas casas, hoy aprovechadas por la Junta  para dar servicio a un coto regional de caza. Nos da la impresión de estar en el confín del mundo, pues no hay demasiada gente por estos lares; de hecho no vemos a nadie…

Chozo de pastor

Seguimos una buena pista que serpea entre los pinos y vemos restos de corralizas de piedra. Al final, bordeamos un gran claro cultivado y por la carretera nos llegamos hasta el paraje de las canteras, donde se han llevado buena parte de la antigua superficie paramera. Pero no toda. Descubrimos con asombro y agrado un buen chozo de pastor (uno de los más altos, al menos por dentro, de los  que quedan en la provincia) que se mantiene en pie, respetado, sobre una lomilla con el suelo levantado por delante y por detrás. ¡Bien! Agradezcamos a la empresa explotadora de la cantera el detalle y  ojalá se conserve por muchísimo tiempo y, si es posible, bien cuidado y accesible.

Retuerta

Y ahora toca bajar hacia Quintanilla para tomar el camino que, entre las viñas y bodegas de la Abadía de Retuerta, nos deja en  Sardón de Duero, donde cruzamos el río para volver a Tudela por la orilla derecha.

Soto

¿Qué más vemos? Un bellísimo soto -ahora con esplendores otoñales- nada más pasar una centralita sobre el río, el viejo pueblo de Peñalba que felizmente no se despuebla -al menos sobrevive un pastor con su  rebaño-, los restos de un puente que unía ¡eran otros tiempos! las dos riberas, los cortados de Peñalba con sus halconeras, la centralita de Villabáñez, y el acueducto del Canal sobre el Duero.

Y desde aquí, contemplando las variadas tonalidades ocres en los chopos del Canal y en todo tipo de árboles de ribera en el Duero, las burras nos llevan por el camino de sirga que conduce a Tudela.

Chopos del Canal

El puente de Carramedina

21 Julio, 2009

Hace unos meses hablábamos del puente Grande, puente hoy fantasma en el término municipal de Aldeamayor de San Martín, que no lleva a ninguna parte ni viene de ningún sitio. Pues tenemos otro de similares características que da servicio -¡eso sí!- a un camino. Es fuerte, sencillo y humilde, pues salva el arroyo Viñuelas que es más bien una zanja o esgueva normalmente seca.

Puente Carramedina

Hace muchos años, hace siglos, Tudela de Duero y Medina del Campo eran dos importantes núcleos de población. Hoy todavía lo son, especialmente Medina. Tudela, además, podía considerarse la puerta del Duero, pues enlazaba nuestra llanura con Peñafiel, Aranda, Soria, e incluso Aragón y Barcelona (en Tudela aún le llaman de Barcelona a la carretera de Soria). Y bien, ¿qué camino unía Tudela y Medina? Pues precisamente éste en el que están nuestos dos puentes: el puente Grande, del que ya hemos hablado, y el de Carramedina, del que nos toca dar hoy una pincelada, al menos para divulgar un poco su actual existencia.

Se encuentra en el término municipal de la Pedraja de Portillo. La Pedraja, Aldeamayor y Aldea de San Miguel son localidades -con Ayuntamiento hoy- que dependieron de Portillo, pues fueron asentamientos donde se recogían los pastores del raso, que pertenecía a Portillo.

El puente de Carramedina se encuentra, pues, en el camino dicho, que también era cañada real merinera para los trashumantes que venían, sobre todo, de la sierra de la Demanda, en Burgos y Soria. Hoy han nacido multitud de chaletitos y miniurbanizaciones aprovechando la cañada y otros terrenos de pastos y que ya no se utilizan.

La vieja cañada cruza el puente

Se puede acceder al puente bien desde la carretera de Madrid -hay una indicación de Carramedina- o bien desde Aldeamayor. Desde aquí son 3,5 km y uno desde la carretera. No tiene pretiles ni casi lomo, razón por la cual no se le ve hasta que llegamos a él. Pero se une perfectamente a la cañada, pues los cimientos y empedrado -no visible- salen notablemente de la línea del cauce. Tal vez el empedrado era de unión a una calzada romana que también conectaba esta zona con la vieja Cauca.

Su origen puede remontarse a épocas romanas o medievales, pues a partir de la edad Moderna los puentes sobre zanjas y arroyos son más bien de ladrillo, y las caracterísitcas son similares al puente Grande. O sea, una pequeña joya perdida en la historia y en la llanura del raso de Portillo.

Compasquillo

El paseo puede completarse, siguiendo en dirección a Medina, con la visita al puente de Compasquillo, sobre el Cega, que sirvió a los pastores del raso para trasladar los rebaños a los pastos del Cardiel. También es un viejo puente, distinto al de Carramedina: esbelto y fino, apoyado en la peña salva limpiamente el barranco del Cega, y antiguo, si bien fue reconstruido en el siglo XVIII.

–Y si quieres dar una vuelra por el Cega contemplando su avifauna, pincha aquí-

Un poco de historia: origen de la Tierra de Portillo

Esta zona vallisoletana cuenta con un pasado lejano, pues los primeros datos históricos con los que contamos se refieren a la aceifa que realizó Abderramán por estos territorios en el año 939, cuando se dirigía hacia la localidad de Septimancas, donde fue derrotado por los ejércitos cristianos. Este  ejército musulmán partió de Córdoba hacia Toledo, Coca, Íscar y Alcazarén, arrasando Portillo y susaldeas destruyendo cosechas, trastocando mojones y borrando sus vestigios.

Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI se intentó poblar estos amplios territorios al sur del Duero, formándose la Comunidades de Villa y Tierra, en las que se agrupaban un conjunto de aldeas en torno a una villa principal, en este caso Portillo. Su gobierno se organizaba mediante un concejo, en el que participaban todas las villas que lo componían, aunque con un mayor peso de la principal, rigiéndose por unas mismas normas(fueros). Se organizó esta Comunidad de Villa y Tierra de Portillo en cuatro sexmos que agrupaban a 18 aldeas, de las que en la actualidad quedan Aldea de San Miguel, Aldeamayor de San Martín, Arrabal de Portillo antes llamado Reoyo, Camporredondo, La Parrilla y La Pedraja de Portillo. El resto de aldeas, hoy desaparecidas, aún mantienen el nombre del pago correspondiente: Aldea de Martín Fernández, Compasquillo, Barcelona, Cardiel, Comeso, Juarros, Revilla, San Cristóbal, La Torre, El Campo de la Aldehuela, Espardidas y Renedo.

En un principio estas Comunidades dependían exclusivamente del rey, aunque con el paso del tiempo cayeron en la dependencia señorial. En 1465 Enrique IV concede el señorío a D. Alonso de Pimentel, Conde de Benavente, bajo cuya autoridad va a permanecer hasta mediados del siglo XVIII.

El pino de Carranza

20 Junio, 2009

De Aldeayor al pino Carranza

Nuestra provincia, de extensos pinares en la zona sur, cuenta con numerosos y grandes ejemplares de pino piñonero. Ahí están el pino de la Tableta en Aguasal, el de la Virgen en la ermita de Sacedón, muy cerca del anterior, el pino de los Llanillos en La Parrilla o el pino Macareno el Peñafiel.

Y el pino de Carranza o de la Tía Hilaria entre Portillo y Aldeamayor, del cual ya hemos hablado pero que no habíamos situado en el mapa.A él podemos llegar desde Aldeamayor por el camino del Manadero o por el de San Lorenzo, que nos introducen en el pinar donde se vive nuestro pino.

Pino de Carranza
No hay dos pinares iguales, y este también tiene sus peculiaridades. De entrada, aquí los pinos tienen asegurada agua y humedad en toda época del año, pues clavan sus raíces en el humedal de Aldeamayor, que forma parte del acuífero de los Arenales. Por eso, además de pinos, veremos algunos chopos y bastantes franjas de terreno de cultivo que se abastecen de pozos y otras perforaciones para regar. Antes incluso corrían arroyos por el pinar. Pero claro, de estos sólo quedan los nombres: de Bucianco, o del Pueblo con su soto de Villaverde, que antaño era una auténtica e inextricable selva.
Además, con perforaciones realizadas aquí se abastece de agua potable Aldeamayor. Vemos los depósitos de agua. A ellos nos lleva precisamente el camino del Manadero.

Corrales del Comeso

No lejos del pino, hacia el Sur, vemos los restos del corral Viejo, conocidos también como  corrales del Comeso, donde antiguamente se encerraban los toros para los festejos de Portillo. Desde aquí, a través del raso y guiados por jinetes con sus garrochas, eran conducidos a la fiesta en la localidad. Hoy no son más que ruinas de piedra y barro inundadas no por el agua sino por la maleza. Pero como todas las cosas, ellos también nos cuentan a su manera la historia de Aldeamayor y del raso de Portillo: toda esta zona fue ganadera y pastoril. No sólo en Boecillo, también en Aldeamayor, hubo antaño importantes ganaderías de reses bravas. Todavía está viva la leyenda de la Cruz del Toro, cruz que visitamos junto a la carretera de Segovia, luego destruida para construir (?) la autovía y hoy felizmente recuperada en la localidad; la Virgen de Compasco, que tenía su rebaño de ovejas. Incluso Aldeamayor, antes de poseer su propio ayuntamiento,  era una aldea donde vivían pastrores del término de Portillo. Por no hablar de las innumerables cañadas que cruzaban el término.

Negrales

Por lo demás, merece la pena dar un paseo por este inmenso pinar que se extiene hasta Portillo, Montemayor y La Parrilla. Abundan los piñoneros de buen porte, como este de la Tía Hilaria, los negrales con sus heridas realizas -y ya cicatrizadas- para extraerles la resina, algunos chopos, rosales silvestres, escobas y retamas, y abundantes plantas aromáticas como el tomillo o el cantueso. Incluso, por zonas, vemos también juncales y otras plantas propias de zonas húmedas. Señal inequívoca de la proximidad del agua .

Eso sí, ¡ojo con la arena! sobre todo en verano, yendo en bici, podemos dejar clavadas las ruedas en mitad del camino.

El puente fantasma (seguimos en Aldeamayor)

23 Marzo, 2009

Incluimos ahora una posible ruta por Aldeamayor pasando por el pino de Carranza, la ermita de la Virgen del Compasco y el Puente Grande. En total, son unos 14 kilómetros por pinares, campos y algún humedal.

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Perdido en el raso de Portillo, enrasado también con la llanura, nos topamos ayer con una pequeña joya: un puente que parece romano y que salva el cauce del arroyo Sangüeño.

¿Qué por qué es romano? Aunque eso lo han de declarar los entendidos, lo cierto es que es un puente fuerte, de piedra, que no posee ningún adorno o concesión a la galería, útil sobre todo, perfecto para que puedan pasar carruajes más que personas, y similar a otros del mismo origen que encontramos en algunos puntos de nuestra geografía. (NOTA: ver abajo el comentario de Luis Ángel, que aclara este tema y el siguiente)

suelo

Lo triste de este puente es que podría desaparecer, pues se encuentra en un lugar que no conduce a ninguna parte ni viene de ninguna parte (!). Está perdido en la llanura. No hay ni camino ni senda que lo cruce, a los que dar servicio. Evidentemente nadie construye de manera tan sólida para nada, por lo que esta obra de ingeniería debió prestar servicios antaño, durante largo tiempo. Además, se encuentra en el camino que va de Tudela –ciudad romana- a Aldeamayor, y luego a Matapozuelos, la antigua Nivaria. Y, por seguir hablando de los romanos, la Ermita del Compasco –que se encuentra a 2 kilómetros escasos- debe su nombre a un tipo de institución ganadera de la época romana…

En todo caso, este camino ahora fantasma también fue importante cañada merinera durante siglos. Hoy, desgraciadamente, entre Aldeamayor y Tudela se han esfumado las viejas cañadas.

arco

Ahí permanece el puente sobre el Sangüeño (así llamado el arroyo por el color oxidado de sus aguas) para regocijo de muchos, y esperemos que por mucho tiempo. Bueno, realmente el Sangüeño casi no lleva agua. Hoy no hubiera sido necesario el puente. En todo caso, no deja de ser llamativo un puente tan grande para una reguera de casi nada. Aunque parezca pequeño, el pago de al lado se llama de Puente Grande, lo cual indica que ése es el nombre de nuestro puente.

Para llegar a él: el arroyo –que viene de La Parrilla- cruza la carretera de Aldeamayor a Tudela a la altura de una nave con una gran chimenea o torreta blanca. A 250 metros de ese punto hacia el Norte está el puente que no lleva a ninguna parte. Le acompañan un pinarillo y algunos chopos. Y las abundantes ranas del arroyo (como hoy es un charco, que no arroyo, las ranas viven felices…)

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Pero no es el único puente de estas características en el raso de Portillo. Otro traeremos a colación.

Pinares, prados y lagunas en Aldeamayor de San Martín

10 Marzo, 2009

El acuífero de los Arenales se extiende por el sur de nuestra provincia, si bien su superficie -nada menos que 7.700 km2- llega a las provincias de Zamora, Salamanca, Ávila y Segovia. Se trata de un río o embalse subterráneo que se nutre en el sistema Central y descarga, entre otras, en las zonas de bodones y lavajos de Olmedo y Medina del Campo, pero también en Tordesillas –al sur del Duero- y aquí, en los humedales de Aldeamayor y Boecillo.

aldeamayor

Prácticamente todo el término de Aldeamayor es una extensa zona pantanosa donde las aguas afloran o afloraban:

  • Hacia Boecillo tenemos la dehesa Longar y el pinar de Mongordo con la laguna del Suero. Y sugue en este término por la dehesa del Raso.
  • Hacia el norte, antes de llegar al polígono del Brizo, se situaba la laguna del Pepino, y cuando hoy cae abundante agua, vuelven a salir grandes charcos y lavajos.
  • Por el cementerio (oeste) se extienden las Navas, el Berrojo e incluso la laguna de la Sal , en una zona pantanosa drenada por grandes zanjas.
  • Hacia el sur todo son arenales. Esta zona se llama Las Lagunillas, señal inequívoca de su naturaleza.
  • Y hacia el este vemos, hoy entre pinares, numerosos arroyos que se aprovechan para regar huertas. De aquí -del Manadero- se saca el agua para abastecer a la creciente población de la localidad. En todos los pinares abundan los juncos, y se dejan ver los chopos, señal de abundancia de agua en el subsuelo.

Por tanto, todo el término es zona de descarga del acuífero mencionado.

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Rutas por Aldeamayor

En diferentes puntos de la localidad veremos el panel que anuncia dos rutas por los campos próximos.

La primera nos conduce por campo abierto hasta el molino de los Álamos, ya en el término municipal de Portillo, próximo a la autovía y a la carretera Portillo-La Pedraja. Cerca de esta carretera y del molino veremos este curioso manadero, totalmente activo a fecha de hoy.

Pero esta ruta luego se dirige hacia la urbanización del golf: antes de llegar pasaremos por los prados de la Nava, donde aflora también agua de los Arenales, pero de manera más o menos uniforme por toda la superficie. Para evitar encharcamientos se construyeron zanjas de drenaje, muy abundantes en esta zona. Veremos también los humedales que lindan con el término de Boecillo, en cuyos chopos y sauces anidan cigueñas.Hacia la carretera de las Maricas también abundan charcas y pastizales, siempre que vayamos en épocas de abundante lluvia.

La vegetación es la típica de zonas húmedas. A pesar de estar muy lejos de los mares, aquí abundan también las plantas marítimas, pues las aguas de estos humedales posen gran cantidad de sales. En cuanto a la fauna, sin duda veremos azulones, garzas, cigueñuelas, limícolas, e incluso algún aguilucho lagunero.

Los caminos poseen buen firme y son de grava.

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Y la otra ruta discurre por pinares. Nos podemos guarecer bajo el pino de Carranza o de la tía Hilaria, de 22 metros de altura y 4 de perímetro basal; llegaremos hasta la ermita de la Virgen del Compasco, dedicada a la pastora y patrona de la localidad, y nos llamará la atención la gravera del Compasco, felizmente recuperada; llegará hasta nosotros el frescor del arroyo Sangüeño con sus saucedas y un simpático puente de piedra… A pesar de pasear por un denso pinar, veremos zonas pantanosas pobladas de juncos y sauces, e incluso con abundante agua en algunas épocas del año.

En este recorrido, algunos caminos son de arena suelta en los que bien podemos dejar clavada la bici…

Por el Adaja, de Villalba a Calabazas

23 Febrero, 2009

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Esta es una ruta corta y –como todas- agradable. Son aproximadamente 14 kilómetros de recorrido, por lo que puede hacer se también caminando.

Veremos este río, el Adaja, tan distinto a otros de la provincia, pues nada tiene que ver con los caudalosos Duero o Pisuerga, o con las zanjas-río de Tierra de Campos, como el Sequillo o el Valderaduey. Se parece algo más al Eresma, al que recibe en la ermita de Sieteiglesias, cerca de Matapozuelos, o al Cega, si bien es más caudaloso que éste.

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Sus aguas son claras, cristalinas, gracias al efecto filtro de la arena, pues no en vano cruza la arenosa Tierra de Pinares; y va hundido en un tajo (¿de ahí su nombre?). En este breve trayecto nuestro vamos a encontrar abundantes pinos, especialmente negrales, que también veremos en la otra orilla.

Además, el Adaja se ve acompañado de un continuo y delgado bosquecillo de galería: chopos, sauces, algún pino o encina un poco más alejados. Y abundantes arbustos de las especies más variadas.

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Ni Villalba ni Calabazas, dos pequeñas localidades, tienen municipio propio. La primera depende de Matapozuelos y la segunda de Olmedo. Pero Calabazas quizá desaparezca dentro de poco, pues son cuatro casas que, para colmo, se están cayendo. Solo tiene una pequeña carretera de acceso por el sur que la conecta con la comunica Olmedo y Medina. En buena parte por eso, sus pinares son tranquilos y la ribera está relativamente limpia. Un lugar en el que bien podemos descansar sin prisa o perdernos sin temor a que nos encuentren.

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Si queremos prolongar un poco más la excursión, a poco más de un kilómetro de Calabazas veremos, escondidas en lo más intrincado de la vegetación, los restos de las viejas aceñas. ¿Son el llamado molino de Judas?

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