Tierras de Medina

Hoy, sábado 10 de mayo, llueve sobre la meseta. Los litros se acumulan en los metros cuadrados y los agricultores están felices. Además, en algunos pueblos hace tiempo que no ven ningún topillo. Lo confirmamos; este invierno hemos visto algunos, pero últimamente están de capa caída.

mapa del recorrido completo -62 kms aprox.-

Hace dos semanas dimos un paseo por Tierras de Medina; en concreto, atravesamos términos de La Seca, Rodilana (bueno, es Medina), Medina, Gomeznarro, La Zarza, Pozal y Pozaldez. Los campos estaban espléndidos y ya presagiaban buena cosecha.

Nos paramos en tres ocasiones. La primera fue en Gomeznarro, pequeño pueblecito cercano a Medina del Campo. Tiene nombre de apellido. Antaño tuvo, como la mayoría de los pueblos de estas tierras arenosas y pinariegas, una buena charca. Hoy está desecada, y desde ella se levantan unos pocos álamos blancos, algunos tronchados. También es famosa esta localidad por ser la patria chica de Juan Martínez Villergas , poeta satírico del siglo XIX. La casa consistorial, con una puerta cerrada a cal y canto, es su casa natal.

En La Zarza, famosa por sus nícalos –frutos de otoño- existe una zona húmeda con amplios prados en la que pasta el ganado vacuno. En invierno, es zona muy frecuentada por bandadas de grullas. Es un buen lugar para contemplar todo tipo de aves, empezando por las acuáticas y terminando por las rapaces, que con frecuencia se dan por aquí una vuelta por si hay ocasión de…

Y Pozal de Gallinas. Aunque habíamos pasado por aquí más de una vez, nunca habíamos visto su torrejón, que se encuentra en dirección a Medina del Campo, a unos tres kilómetros, en medio de una tierra de cultivo. Es el típico torrejón de estas tierras, construido con una especie de cemento con abundancia de cantos. Pues bien, tiene la originalidad de que en el siglo XIX su subsuelo albergó un falansterio, el único en la provincia vallisoletana. Los falansterios fueron comunidades formadas por socialistas utópicos. Como puede imaginarse, casi ninguna llegó a buen fin. Pero el torrejón de Pozal fue testigo de excepción de uno de ellos.

Y, para terminar, un epigrama del poeta de Gomeznarro:

Varias personas cenaban
con afán desordenado,
y a una tajada miraban
que, habiendo sola quedado,
por cortedad respetaban.

Uno la luz apagó
para atraparla con modos;
su mano al plato llevó,
y halló… las manos de todos,
pero la tajada, no.

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