Por la Cañada Real Burgalesa

De igual forma que nuestra provincia está atravesada por ríos y arroyos que conducen aguas de las sierras hasta el mar, está surcada también por caminos ganaderos que conducían los merinos desde las sierras de León y Soria hasta las dehesas de Extremadura y La Mancha.

Son las cañadas, cordeles y veredas. O eran, porque ya casi no se utilizan. De Vertavillo a Valoria hemos tenido la oportunidad de circular por una de ellas, la Cañada Real Burgalesa, que utilizaron los pastores de las Sierra de la Demanda para llegar, sobre todo, a Extremadura.

Esta cañada se conserva relativamente bien, pues cruza solitaria por los páramos de la Esgueva y paralela a este río, desde Hérmedes de Cerrato hasta las proximidades de Valladolid, cuando baja del páramo entre Renedo y Santovenia para llegar al descansadero de la pradera del Carmen, donde los rebaños hacían noche.

Dejamos la fuente de Valdileja para subir al páramo. Descubrimos una comarca agrícola, forestal y ganadera, pues abundan los cultivos de cereal, las encinas y robles y los corrales y chozos para el ganado. Muy cerca de la fuente están los corrales de la Tiñosa, con chozo incluido. También hay alimañas por los nombres de algunos lugares: las Hoyadas Loberas, por ejemplo. Y cruzamos una llanura de tierra rojiza cuarteada por los hileras de robles hasta llegar a la carretera que viene de Amusquillo para Alba.

Ya al otro lado de la carretera una caseta con pozo nos permite refrescarnos. Muy cerca, un complejo de 4 chozos bien conservados y 14 corralizas, son los llamados corrales de la Pedriza. Toda una lección de etnografía pastoril.

Y enseguida entramos en la Cañada Real Burgalesa, que venía unos centenares de metros a la izquierda de nuestra ruta. Ahora no tenemos mas que dejarnos llevar por la cañada, siempre protegida por robles: gracias al monte los agricultores no la han utilizado, como han hecho con tantas otras en Castilla. Ahora se una como medio de comunicación, pues un camino rural nos sirve para nuestra excursión. Además, es una verdadera reserva natural, pues la fauna encuentra en sus quejigos una estupenda protección.

En definitiva, que todavía podemos decir en pleno siglo XXI que nos desplazamos por una auténtica cañada real. Mide noventa varas o más en casi todo el tramo que recorremos ahora.

Cruzamos las carreteras que unen Esguevillas con Alba y Población y seguimos, sin variaciones, por la amplia y llana paramera. Llegamos por fin, a unas corralizas en las que se distinguen los restos de dos chozos con bóveda. Son los corrales de el Raso, entre Cubillas, Piña y San Martín de Valvení. Aquí dejamos la cañada para cruzar el páramo y bajar, veloces, a Valoria.

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