Entre el Jaramiel y el Esgueva (2): Casas de los Guardias

La casa de Quintanilla

Desde el pozo de Ávila, en las Dehesillas, ponemos rumbo al barco de los Guardias.

Nos encontramos en el raso y no spresentamos en la casa de Quintanilla.  Esta zona estuvo más poblada de lo que parece. Buena prueba es esta casa y las (muchas) de los Guardias, a las que enseguida llegaremos. Aquí, los viejos muros de piedra y barro parecen elevar, desolados por tanto abandono, sus brazos al cielo, en medio de la ancha paramera. La casa debió ser muy grande. ¡Demasiadas cosas que fueron grandes! ¡Qué cantidad de pasado! Pero también queda el presente: un paisaje natural y limpio por el que limpiamente rodamos.
Casa de Quintanilla
Junto a la casa un abrevadero con su pozo, y su bomba extractora que puede ser usada. ¡Qué agua tan fresca de las entrañas del páramo!

Seguimos rodando. Al fondo se divisa una gran mancha de robles. Al llegar cerca, hay también algunos piñoneros. Cambiamos de dirección y rodamos por un paisaje distinto, por el monte que también se encuentra salpicado de ruinas de viejas casas, de pastores seguramente.

(Para ver el croquis pínchame)

Casas de los Guardias

Y llegamos al Barco de los Guardias, densamente poblado de encinas, robles, escobas, endrinos y plantas aromáticas. Pero también de hierba y vegetación típica de zonas húmedas. Un pozo –esta vez candado- y su abrevadero aprovechan la humedad del vallejo. Y todo sembrado de ruinas. La casa principal parece que estuvo en el borde del páramo, pues sus muros son los más anchos y sus piedras, grandes y labradas. ¿Quién habitó este barco hoy hundido? ¿Guardias? ¿pastores? ¿monteros? Si alguien lo sabe, que por favor deje un comentario. Pertenece al término de Fombellida y linda con el de Valbuena de Duero.

Jaramiel desde las casas de los Guardias

Este paraje tiene un encanto especial, y no sabemos explicar exactamente el por qué. Cae de los rasos hacia el valle del Jaramiel.  Este monte no se une al de enfrente -Monte Alto- de Pesquera de Duero, sino sólo por algunos ejemplares de roble aislados o en hilera que quieren actuar de mediadores. Antaño fue todo un extenso robledal. Al menos hoy quedan unos cuantos kilómetros cuadrados por los que pasear.

Páramo

Nos vamos con pena. De nuevo en el páramo. Cruzamos los Lanchares donde vemos un amplio prado con abundantes restos de corralizas. Curiosamente un corral, con sus muretes en perfecto estado, parece resistir el paso del tiempo. El aroma de espliego llena los aires y nuestros pulmones.

Pozo y bomba

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