De Valladolid a Medina del Campo

El domingo pasado, como tantos otros domingos, nos preparábamos para salir a dar una vuelta en bici. El día anterior había dominado la niebla hasta las doce y luego luego salía el sol. Pero he aquí que la mañana dominguera se despertó helada y ventosa a más no poder. Así que nos fuimos hasta la estación de ferrocarril para ver los horarios y resultó que de Medina del Campo a Valladolid había un tren a las 5 menos cuarto de la tarde. ¡Perfecto! ¡A Medina en bici! Así comenzaba la jornada ciclista.

La primera parte discurrió por la popular senda verde del pinar de Antequera. Otros fines de semana estaba llena. El domingo pasado no había nadie. ¡Qué malo hacía! Luego, ya en Puente Duero tomamos el camino de Aniago donde nos encontramos con algunos ciclistas que, como nosotros, se reían del frío. Pero la verdad es que los pinos daban demasiada sombra y se notaba cierto fresquito.

Después de pasar junto a Aniago, llegamos al puente del Colagón sobre el Adaja y luego a Villanueva. Esta localidad nos brinda la desembocadura del Adaja, la vieja pesquera en el Duero, la fuente lavar -renovada y restaurada- o  la Cerviguera y su gravera  próxima, donde abundan las aves. También podemos seguir la ruta sin más. Es lo que hicimos, pues no estaba el horno, digo el día, para bollos o para demasiadas exquisiteces, que si no pedaleabas te quedabas como una estatua… de hielo.

Desde Villanueva un buen camino nos sube a Buenavista. El topónimo lo dice todo. Y el valle del Duero con el fondo de la paramera nos lo termina de explicar.

Cruzamos terrenos de grava inundados de majuelos  pertenecientes al término de Serrada . Algunas encinas solitarias. Manchas de pinarillos (en una de ellos, la ermita de la Virgen de la Moya). Y el aire batiéndonos.

Hasta que nos plantamos en Ventosa de la Cuesta: buena balconada para contemplar los amplios horizontes en el lado Noreste de la Iglesia mientras escuchamos por encima el aletear de las palomas y los gritos  de los tordos. Reponemos fuerzas. ¡Menos mal que hemos traído caldo calentito y tortilla de patatas!

Desde aquí a Pozaldez (Portillo y Pozaldez, desde los infiernos se ven) el camino es una buena pista de continuos toboganes. Pero como llevamos el viento en popa, casi ni se notan estas cuestecillas. Se nos van asomando las torres de Santa María y San Boal que, si llegar a lo que dice el refrán, la verdad es que  se ven desde media provincia. Aquí lo llamativo es el olivar que todavía resiste el paso del tiempo; con el de La Cistérniga es el más antigüo de Valladolid.También merecerían un desvío los restos del castillo. Pero lo dejamos para otro día más favorable.

Y después de seguir un camino con árboles esqueléticos, bajamos la cuesta y vemos ¡Medina! Cruzamos la vía y seguimos por la carretera.

Aunque bien podemos dar un paseo por esta bella localidad, como el castillo está muy cerca de la estación, sí debemos acercarnos para, desde la Mota, contemplar la villa alrededor de la torre de la Colegiata.

Después de recorrer a golpe de pedal más de 56 km, el tren nos devuelve, descansados, a casa.

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2 comentarios to “De Valladolid a Medina del Campo”

  1. Agostini Says:

    Me gusta mucho tu blog, lo acabo de descubrir 🙂
    ¿Y te dejaron meter la bici en el tren de vuelta a Valladolid?

    • piscatorem Says:

      Nunca hemos tenido problemas para llevar las bicis en los regionales. Los usamos con relativa frecuencia tanto por la línea de Medina como por la de Venta de Baños.
      Gracias! y que lo disfrutes

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