Valdegalindo y Foncastín

El pasado domingo amaneció un día estupendo para pasear en bici. Los augurios no eran nada buenos -demasiado viento y demasiada lluvia el sábado- y el pronóstico recomendaba seguir la misma conducta que el sábado, o sea, no salir de casa. Menos mal que muchos no hicimos caso. Curiosamente, las carreteras se llenaron de ciclistas de idem, y en el campo no faltaban caminantes.

Así las cosas, había que salir por zona de arena y gravas. ¿Qué tal la ribera -por llamarla de alguna manera-  del Zapardiel?  Dicho y hecho. Punto de partida,la capital del Verdejo, Rueda.

Lo primero que nos sorprendió fueron los caminos, totalmente secos, aunque con algún charco. Y es que el viento, durante la noche, actuó como un potente secador,más eficaz aún que el sol o el calor. De manera que el domingo no se pegaban los neumáticos al suelo. Casi se volaba.

El Zapardiel tenía algo de agua. Hasta un poco de corriente, nada frecuente. Las fochas estaban felices chapoteando entre los carrizos. Un lugar adecuado para saludar al Zapardiel lo encontramos en el puente más cercano al torrejón, que es lo que queda del castillo. Ya, del viejo Foncastín, ni fuente ni castillo. Junto al puente-dique hay un agradable prado y, muy cerca, un pequeño ciprés que indica el lugar de la iglesia y del cementerio, donde todavía no ha llegado el arado. Nada más. Una caseta de riego ha sido levantada con piedras que pertenecieron a otra construcción. Tal vez una casa, o la iglesia.

Si seguimos un poco más aguas arriba por la orilla izquierda llegamos a unas simpáticas almendreras, que lindan con un pinar. A punto están de florecer. Será cuestión de días o, casi, de horas si sigue haciendo así de bueno. En la otra orilla divisamos una curiosa construcción: poco antes, al pasar junto a ella parecía que fue una ermita, por su bóveda apuntada y sus hornacinas. Pero también pudo ser una almazara, pues por aquí hubo antaño olivares, y hoy se han vuelto a plantar. En el mapa figura como casa de la Higuera y, efectivamente, ahí sigue.

Después de descansar y contemplar el valle desde el nuevo Foncastín -que a pesar de su novedad tiene su historia- nos vamos a Valdegalindo.

Valdegalindo es el único alcornocal de la provincia. No tiene demasiados ejemplares, pero los hay de diferentes edades y se encuentran en explotación pues, según vemos, a muchos les falta la corcha. Bueno, más que alcornocal es un monte mixto de pinos, alcornoques y alguna encina. Damos una vuelta y desde su límite Oeste volvemos a asomarnos al valle del Zapardiel. El monte -y todos los pinarillos por los que hemos pasado- se encuentra perfectamente alfombrado de una hierba de color verde brillante e intenso, gracias al agua que ha caído durante las últimas semananas.

La vuelta la hacemos entre viñedos y pinarillos.

Aunque los almendros aun no han florecido, vemos algunas florecillas amarillas (estrellas) y azules (verónicas). Además de los dientes de león, son las primeras. Pronto vendrán muchas más.

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Una respuesta to “Valdegalindo y Foncastín”

  1. Ars Natura Says:

    La primavera está a la vuelta…

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