Despoblados y torrejones

(El río del olvido, y 3)

El Recorvo

Entre el Eván de Arriba y el Puente de la carretera de la Nava, el río hace dos curvas: una amplia y otra más cerrada; la zona se conoce por el Recorvo. Vemos algunas teleras y casetas de riego. El lecho del río es de arena sobre hierba; abundan los troncos y ramas de árboles. También es llamativa la cantidad de álamos desmochados y secos. ¿Qué huracán ha pasado por aquí? ¿O simplemente es la terrible sequía que ha terminado por asfixiar no sólo al río, sino también a todo lo que tenía vida en sus riberas? A pesar de todo, el paisaje es atractivo y encantador. Las cuestas bajan del Este –fuente María, el Torrejón-  ofrecen en su parte alta inclreíbles miradores sobre el valle.
Por fin, aparecen paredes y barcos rocosos en la orilla derecha. En la izquierda, un pinar.

La zona del Puente: despoblado de Trabancos

A escasos metros del viejo puente,  en la orilla del río y antes de llegar a la casa de la Huerta, se encontraba Trabancos que, hoy despoblado, llegó a contar con término e iglesia propios. Vemos en los alrededores una casa de camineros, un largo abrevadero, una casa a la que se llega por un camino adornado de almendros y, en la otra orilla del río, un molino ¡mucho agua debía traer el viejo Trabancos! reconvertido en establo y un pinar al que suelen venir vecinos de los alrededores a pasar la tarde. Un lugar tranquilo, en suma.
Ya despoblado, ante la ruina de su iglesia, en 1806 se trasladó el Cristo (gótico, datado hacia 1400) hasta Nava del Rey. Afortunadamente, hoy podemos contemplarlo en la capilla del viejo cementerio. Al menos, ¡no se lo ha tragado el olvido!

El Torrejón de la Nava

Del puente llegamos a un vado en el que se cruzaban caminos y cañadas.
Estamos en uno de los trechos más hermosos e interesantes del río: va desde un vado a otro durante unos 3,5 km.  A lo largo de su lecho se extiende un buen bosquete de chopos,  álamos y sauces, con un amplio prado en el que crecen también escobas. Como es lógico, nadie aparecerá por aquí y sólo nos molestarán los conejos –ahora en expansión- y las aves: palomas, pitos, perdices en las lindes, algún azor y, en lo más alto del cielo podríamos ver buitres.
Pero no todo acaba aquí; cerca del primer vado, en el que hubo una venta para caminantes, en la orilla derecha vemos los restos de una impresionante fortaleza de planta anular, el Torrejón, que debía vigilar el paso. También contemplamos buena parte del cauce y, al fondo, las torres de Santa María y San Pedro, de Alaejos.

En la misma orilla, aguas arriba –hay que subir al paramillo por un camino agradable- tenemos la misteriosa Casa de las Cantera, con curiosos agujeros de los que se extraía silicato de alúmina. Paseamos por sus inmediaciones pisando el empedrado de la era y las canteras con sus antiguas dependencias. Por otro camino bajamos a la ribera del Trabancos; el de más al sur nos conduce a una caseta junto a un  abrevadero. También nos podemos asomar al valle en La Cuadrada, que tiene un bosquecillo de encinas.
Y por si fuera poco, en la orilla opuesta está Valdefuentes. Hoy sólo queda una casa solitaria en medio de tierra de labor, pero antaño fue una localidad independiente de Alaejos. En 1623 contaba con 12 vecinos, pero en ese mismo año se abandona su parroquia de Nuestra Señora del Castillo. Siete años después ya se cita como despoblado. Hoy vemos un montón de piedras, alguna labrada, junto al vado y los restos de otro torrejón hacia el Oeste, junto a una reguera. ¡Ah! Y un retablo, en el lateral de la iglesia de San Pedro, de Alaejos.


El sitio no puede ser más impresionante. Y lleva la firma del Trabancos: pequeños barrancos escarpados en la orilla derecha y amplios campos en la izquierda.
De aquí hasta Castrejón el paisaje  cambia sin cambiar la firma. El inmenso Prado de la orilla izquierda y la cuesta de la derecha. Han desaparecido los árboles.

Y de Castrejón a Villaluz

Es, quizá, la parte menos interesante de esta excursión. Pero tiene su encanto, como todo el Trabancos. Hasta Fresno, el cauce está cubierto con carrizo, hay barrizales si ha llovido y algunos árboles.  En  Lagascahay puente. La arboleda, conforme nos acercamos a Fresno, parece que se va ampliando; tanto que es difícil acceder al río.  Junto al mismo río, podemos visitar la ermita de la Soledad, de Fresno.

Ya terminando el trayecto, nos acercamos hasta Villaluz, en la orilla derecha. Fue una casa de labor y señala el lugar de un despoblado, igual que Escargamaría y La Garda, que se encuentran casi a un tiro de piedra. El coto redondo de Escargamaría es citado por primera vez en 1265, aunque en el inventario de Floridablanca, a finales del XVIII aparece como despoblado. Al lado, en el monte Zarandón, hemos visto un ejemplar de alcornoque. Ya en la provincia de Ávila, el paisaje se adehesa… Si continuáramos durante casi 45 km más, llegaríamos a las fuentes del Trabancos. Lo dejamos para otro momento.

Este río no tiene agua, pero lleva en su cauce  tantos recuerdos de otros tiempos y un paisaje tan distinto que se resiste a morir definitivamente…

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2 comentarios to “Despoblados y torrejones”

  1. polita Says:

    Ha quedado preciosa esta crónica. Cómo me gusta pasearme por aquí.

    Besotes!!!

  2. Mariana Castillo Says:

    ooooopa igual de bellas las fotos 😀 muy lindo el blog

    y pues si, tenia que pasar por aca tambien

    saludos

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