El pico de las Cuevas

Va a ser ésta una excursión muy fresca,  ideal para jornadas estivales o calurosas. Tendremos a nuestra disposición las aguas trucheras del Durantón para pegarnos un baño reparador, y los altos páramos de Olmos y Fompedraza, donde siempre sopla una brisa que refresca al acalorado ciclista.

La salida de Peñafiel -y subsiguiente subida al páramo- la hacemos por cañada de la Yunta, viejo camino ganadero y medieval que unía esta villa con la de Cuéllar y que cruza la paramera por tierras de labor, algunos montes y lugares mágicos como Oreja y Minguela, que ya conocemos.  El camino de subida es amplio, cruzamos una granja y pasamos entre algún almendro y restos de vallas de piedra por el barranco de Carralpozo. Pero al llegar arriba dejamos la cañada  para desviarnos por los corrales de Sebellares -inundados de maleza por el desuso- en dirección a Aldeayuso.

Aquí nos dirigimos a visitar algo curioso: el pico de las Cuevas, que se levanta tras la vieja iglesia arruinada. Por cierto, que aquí veremos algún mochuelo o alguna lechuza; el lugar es tan tranquilo que duermen o anidan entre sus huecos.  Conforme nos acercamos al cerro, aumenta la cantidad de brillantes espejuelos en forma de  puntas de flecha. Y vemos una pared vertical con cuevas a diferentes niveles. Aunque hemos preguntado a varios vecinos, ninguno estaba seguro del origen de estas cuevas –siempre estuvieron ahí– pero parece claro que se trata de antiguas explotaciones -más o menos familiares- de yeso. Buen sitio para contemplar el vallejo resguardados del viento o de la lluvia.

Si continuáramos por el valle, pasaríamos por Molpeceres, pueblo casi arruinado, y acabaríamos asuso, en Fompedraza, con su enorme antena al lado de un diminuto crucero, pero también con su recién restaurada iglesia que exhibe unos increíbles frescos góticos. Su alcaldesa lloraba al presentarlos. Eso le honra, a ella y al pueblo por ella representado. (Aldeayuso es aldea de abajo)

También veríamos las blanqueras que caen del páramo, y algunas paredes donde se atreven a descansar los buitres, y quién sabe si a anidar. Pero vamos a subir de frente, por la ladera opuesta a donde se encuentra Aldeayuso. Y tras la fuerte  subida, atravesamos un páramo con suaves ondulaciones y restos de corralizas. Si nos acercamos hacia el Este, contemplaremos el amplio panorama del valle del Duratón. Pero dejemos aquí la narración para continuar en la entrada siguiente.


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Una respuesta to “El pico de las Cuevas”

  1. polita Says:

    Tomo nota de esos frescos góticos, que hay que alimentar el alma…

    Besotes de recién llegada!

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