Cruzando el Duratón

Después de abastecernos y descansar en Canalejas de Peñafiel -aquí se puede probar un estupendísimo bacalao con tomate- seguimos nuestro camino bordenado el barranco del Olmar. Poco antes de descender hacia Rábano vemos una fuente que unas veces tiene agua y otras no.

¡Qué bajada tan directa! Todo lo contrario que el cauce del río Duratón, que forma continuas curvas y meandros, como si no quisiera allegarse a Peñafiel y luego al Duero, donde desemboca y muere. Un precioso puente de madera -cosa rara, este tipo de puentes de nuestra provincia- cruza el río y en sus proximidades bien podemos pegarnos un baño. (La foto es especialmente refrescante ahora, pues se tomó en invierno).

Subimos al páramo hasta el llano de Valdazón y nos vamos hacia Peñafiel, que está en dirección Norte. La brisa de la paramera seca los sudores de la cuesta.  Suaves ondulaciones, pequeñas subidas y bajadas, corralizas y restos de chozos, majanos y algún arbol solitario, y el cielo, nos acompañan hasta que, en lontananza, divisamos el castillo de Peñafiel, que se muestra de mil maneras diferentes, todas originales y desconocidas si estamos acostumbrados a verlo desde el pueblo o desde la carretera.

Fin de trayecto. Un vinito cerca del Coso recompensa y humedece las secas fauces de los ciclistas.

Nota: la última foto está sacada cuando todavía funcionaba la azucarera. No es un incendio.

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