Encinas

¡La encina! ¡Símbolo y emblema secular del alma de esta tierra! Árbol que parece de roca, de berrueco, dura, prieta inmoble al viento, de oscuro follaje perenne, que escribiera Unamuno.

A pesar de que Valladolid es una provincia de páramos y cultivos, no faltan los montes, y la encina es seguramente, después del pino piñonero, el árbol que más abunda. A punto de terminar el mes de agosto -mes en el que hemos rodado muy poco por estas tierras- damos unas claves sobre los encinares y sitios donde abundan las encinas esparcidas.

En Tierra de Campos podemos pasear por montes de encina en el término de Mayorga: ahí están el monte de San Martín y el monte Grande, además del monte Chico -realmente reducido-, todos en el extremo noroccidental de la provincia. Y, rodeado por tierras leonesas, la dehesa de San Llorente con su pequueño encinar. Roales también tiene su monte, en este caso, entre León y zamora. Junto a la carretera de León vemos en Berrueces la típica dehesa de encinas centenarias, bajo las cuales se cultiva cereal o pastan vacas. Hay otros pequeños encinares en esta Tierra y, sobre todo, encinas aisladas, grandes y pequeñas. Destacan, por ejemplo, las encinas en la carretera que conduce a San Pedro de Latarce.

Los montes Torozos son de roble y encina. O más bien de matas de roble y encina, pues siendo una buena extensión de monte, escasean los ejemplares de buen porte. Habría que ir al monte El Viejo, en Palencia, para contemplar eso, viejos ejemplares.  Pequeños encinares en el páramo los descubrimos también en los términos de Corcos o Quintanilla de Trigueros, como desgajados del gran monte de Torozos. En cualquier caso, las extensiones más grandes de monte enciniego y de roble son los de Torozos, y tienen dos grandes manchas: alrededor del monasterio de la Espina, en los términos de Castromonte, Villabrágima, Tordehumos  y San Cebrián, y entre Mucientes y Villalba de los Alcores, sin contar el monte de Peñaflor.

Junto al Duero tenemos una gran extensión de encinas: la dehesa de Cubillas, abundante en viejos ejemplares. Muy cerca, las dehesa de Cartago y el monte de Bayona, con menor extensión pero de buenos ejemplares.

En Tierras de Medina y de Olmedo, no abundan los encinares, pero entre los pinares del Eresma y Adaja vemos abundantes ejemplares aislados, al igual que en el resto de la campiña destinada a cultivo.  En Torrecilla de la Abadesa hay un pequeño encinar y en Bodabilla del Campo, elexpléndido monte del Duque o de Bobadilla.

Más complicado sería dar cuenta de todos los encinares que se extienden del Cerrato al páramo de Campaspero pues, aunque no muy extensos, son abundantes. No lejos de la ciudad están los montes de San Martín de Valvení y de Villabáñez, además de la dehesa de Fuentes, en La Cistérniga. Valderrobledo lo descubrimos entre Piña de Esgueva y La Sinova; en Esguevillas, Valdecarros y el monte San Cristóbal; Carrascalejo en Fombellida; pequeños encinares rodeando el embalse de  Encinas de Esgueva…  Hacia el Duero descubrimos la amplia dehesa de Monte Alto, en Pesquera; el monte de San Llorente, y abundantes encinas en los pinares del Carrascal (Quintanilla de Onésimo) o de la Fraila (Montemayor). Y en  toda esta zona son numerosos los buenos ejemplares, más o menos aislados, o en pequeñas agrupaciones; no hay más que ver las encinas de La Quemada en Olivares,  las de San Bernardo, o las que se asoman en los cerrales de Quintanilla de Onésimo.

Bueno, no parece que falten encinares en estas tierras, a pesar de que antaño hubo muchos más, y más extensos. Prácticamente todos los páramos estuvieron recubiertos de monte, y no faltaban en el resto de la comarca.

Para terminar, dejamos al lector en manos de Unamuno, tal como empezamos.

Estas robustas matriarcales encinas castellanas, de secular medro, que van siendo sustituidas -¡lástima-! por esos pinos quejumbrosos –¡queixumes dos pinos!– y resinosos. Estas encinas, que esconden su flor, la candela y dejan escabullir,-o sea escascabullir, o salirse del cascabullo o cascabillo, del dedal -la bellota- “su dulce y sazonado fruto”, que dijo Don Quijote, para que se ceben cochinos en la montanera.

Al recorrer ahora estos campos he recordado otra predicación, una predicación propiamente comunista, al pie de una encina castellana, predicación de hace tres siglos y cuarto. Fue de Don Quijote, el gran comunero. En el capítulo XI de la primera parte se nos cuenta, cómo el caballero, habiendo tomado un puñado de bellotas en la mano y mirándolas atentamente, soltó la voz a razones… comunistas. Fue cuando entonó aquella arenga de  Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados… y lo que entonces se  ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío,  pues eran en aquella santa edad todas las cosas comunes…

¡Milenarias encinas castellanas a que riegan ramas del Duero y del Tajo, que Dios bendiga vuestro canto quijotesco, canto que me ha sido dado oir mientras miraba el oleaje dorado de la mies a espera de la hoz segadora!

(Del artículo Entre encinas castellanas, publicado en El Sol, Madrid, 11 de julio de 1931)

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8 comentarios to “Encinas”

  1. Miguel Angel Says:

    Entrada muy interesante. Es una pena que no abunde más este arbol en la provincia ya que me encanta y me trae recuerdos de mi niñez en mi pueblo de Salamanca donde abundan.

    Saludos
    Miguel

  2. Ars Natura Says:

    A mi también me ha gustado la entrada dedicada a los encinares vallisoletanos. Echo en falta en el mapa la localización del Monte de Roales, es que le tengo un especial cariño…

  3. Ars Natura Says:

    Muchas gracias por incluirlo.

  4. Antonio Says:

    un artículo muy interesante, también sería interesante un capítulo a los montes de quejigos y robles de la provincia, también muy bonitos y abundantes, algo muy de nuestro paisaje que conviene apreciar y conservar, por los valles del Esgueva, Jaramiel, Duero, etc. los montes de quejigos son abundantes y muy caracteristicos sobre todo en sus laderas.
    Un saludo.

  5. Pedro Says:

    Me gusta este artículo, llego a el después de haber oído el fragmento del poema de Unamuno, al que aquí hacéis referencia, en radio nacional, y en voz de Joaquín de Araujo.
    Soy senderista de la Comunidad Valenciana, y a veces siento la necesidad de montes más variados que los de solo pinos, mi apellido por parte de madre es encinar, y siento un gran cariño por este árbol; es por eso que me gustaría ver estos paisajes de Valladolid. ¿Podría alguien desde aquí facilitarme alguna ruta, mapa de senderos o track?
    Por cierto las fotos muy bonitas.
    Un saludo.
    Pedro.

    pd. disculpas por mi ortografía.

    • piscatorem Says:

      Hola, Pedro, ¡gracias por tus comentarios! Realmente las encinas son preciosas y además, son los árboles que mas virtudes tienen: fuertes, recias, sobrias… ¡quién se pareciera en eso a una encina!
      Tenemos una guía de rutas que hicimos para la Diputación http://www.diputaciondevalladolid.es/turismo/actualidad/?idboletin=489&idarticulo=63145&idseccion=2490 que te puedes bajar. Busca en ella la de San Román de Hornija, o la de La Espina (Castromonte), o la de el monte de Mucientes-Villalba de los Alcores… Si tienes algún problema para abrirla o bajarla, dímelo. Saludos desde Pucela

      • Pedro Says:

        Muchas gracias por la guia. Es estupenda, muy bien hecha, a mi entender es dinámica y divertida. Me he descargado las rutas y son en formato vo2 ¿sabrías decirme cómo traducirlas a gpx? He estado buscando traductores en la red, pero no lo he conseguido.
        Gracias.
        Un saludo.

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