Ondulaciones del páramo

El páramo es una llanura que tiende al infinito; suele verse perfectamente la línea del horizonte, sencillamente  recta, donde se unen el cielo y la tierra. Según otros -que también tienen razón- es una cima que se acerca al cielo, una cima totalmente llana en la que encaja perfectamente la bóveda celeste con su multituud de estrellas y galaxias…


Esta cima se derrama en laderas y vallejos más o menos abruptos y cortados. Pero el páramo también es ondulado.Para comprobarlo, no hay más que pasar por Villasexmir, Adalia o Mota del Marqués. Por aquí, cansada la paramera de ser llana se deshace, perdiendo altura, en multitud de vaguadas y hondonadas, más bien amplias, siempre abiertas. Sólo algún teso, mambla o mota quiere ser testigo, quiere recordarle al páramo lo que fue. Pero no lo conseguirá, pues estas estribaciones de Torozos se van perdiendo hasta que recuperan de nuevo una llanura, ya no tan absoluta, en los campos abiertos del Este zamorano.

No hay mas que darse este paseo que hoy proponemos para descubrir la belleza de estas tierras que parecen no querer ser de nadie: ¿Castilla o León? ¿llanuras o valles? ¿cerros o vaguadas? ¿Parameras o tierras bajas?…

El punto de partida es Torrelobatón, donde vemos el único castillo tomado por los Comuneros, su victoria más preciosa. Subimos al cerro Grimata, poblado hoy de antenas y antaño castro prerromano. Ya se ve que pasan los siglos y no cambiamos de preferencias. A campo traviesa, que todo son rastrojos y las bicis todo terreno, nos acercamos a una pista que nos deja rodar hasta Villasexmir, con su iglesia abandonada y su frontón de tierra. Cruzado el Hornija subimos de nuevo al páramo por una colada. O mejor subimos, sin más. No sabemos a dónde. Aquí ya se vislumbran en todo su esplendor las llanuras del Oeste y las ondulaciones en las que se pierde, o se muere, la paramera de los Torozos. Mogotes, muelas, mamblas, motas, cuestas, cotarras. Y dada la época en la que estamos, todo amarillo, pálido, marrón, terriblemente seco. Parece que la tierra pide agua pero -de momento- no se le concede lo pedido. Hasta el aire parece transportar más polvo que humedad. Las regueras y los pozos por los que pasamos están secos; la tierra se agrieta.

En Mota del Marqués podemos visitar el castillo y la iglesia del Salvador, en ruinas que dominan la llanura… ¿para qué? O el palacio de los Ulloa, en buen estado y con simpático tapial. También la iglesia donde se venera la Virgen de Castellanos, de antigua tradición. O la vieja fuente (pozo, más bien) del caño.

La vuelta la hacemos visitando San Cebrián de Mazote, con su joya mozárabe, y cabalgando por el páramo -aquí otra vez llano- a la par que escoltados por los ciclópeos molinillos.

Al fin, descansamos en la pradera de Torrelobatón, junto a la ermita del Cristo.

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Una respuesta to “Ondulaciones del páramo”

  1. polita Says:

    Preciosa definición de la paramera. Y estupenda excursión, con un poquito de cada, como a mi me gusta…

    Besotes!!!

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