Tierras del Verdejo

Como el día anterior al domingo pasado diluvió, no era cuestión de arriesgar en la salida para encontrarse con algún barrizal. ¿Algún sitio mejor que la tierra del Verdejo para rodar en tales condiciones? Efectivamente, los caminos estaban empapados, con bastantes charcos, pero no había nada de barro. Sólo arena y grava. Para colmo, el día amaneció estupendo a pesar de los malos augurios. Sol y nubes. Viento suave y fresquito; pero ningún chubasco se cruzó en el camino, así que… ¡adelante!

Entre Serrada y La Seca vemos los primeros viñedos del recorrido; son de Verdejo y ya están vendimiados. Tanto la subida desde Serrada como la bajada a La Seca, ésta desde la ermita de San Roque, ofrecen espléndidos paisajes de los dos pueblos, recostados en sus respectivas vegas.

Desde La Seca a Rodilana ¡qué bien se distingue la torre de su iglesia! el paisaje es similar, pero también distinto. Levantamos las primeras avutardas.
Entre Rodilana y Pozaldez se impone una parada en la fuente del Angelillo, casi oculta en la maleza. Tiene un curioso puente o pasarela de madera, no muy común en estas latitudes, y dos o tres piedras de lagar aprovechadas como mesas para el merenderos. Y árboles, todavía no muy altos.
Ya casi en Pozaldez paseamos por un viejo olivar ¿el único que queda en la Provincia, con el de La Cistérniga? El terreno está mullido pero los árboles tienen demasiados brotes bajos o chupones. La estampa de las torres de San Boal y Santa María se muestra imponente desde el olivar.


Pasamos por el pueblo sin parar para detenernos en el pozo de Santa Rita, que ya no existe. Pero ahí sigue buena parte de sus almendros, álamos, fresnos y negrillos, ofreciendo frescor al caminante o rodador. Por cierto, ¡qué sabrosos almendrucos!


Otra parada en el viejo castillo. O en sus ruinas, murallas de calicanto caídas y troceadas alrededor de la plataforma –en forma de cuña- donde se levantara hace siglos. Sólo está erguido un muro de lo que pudo ser torre. El sitio posee el encanto de los lugares legendarios y comparte buena vista con el pueblo en cuyo término se asienta; ya se sabe que Portillo y Pozaldez desde los infiernos se ven.  Y así, aprovechamos para pasar revista en la profundidad del paisaje: Olmedo, Hornillos, Alcazarén, Mojados, Aldea de San Miguel, Portillo, Villalba, la torre de Matapozuelos y, por supuesto, Pozaldez sobre su alto llano. Desde luego, la fortaleza no se levantó aquí caprichosamente.


El camino hasta Ventosa de la Cuesta es más feo, pues pasamos junto a la vía del tren de alta velocidad. Pero la pequeña carretera es simpática son sus curvas y subidas. Ventosa, señorío y sepulcro del maestro Alonso Berruguete, participa también de amplias vistas panorámicas. ¿Quién dice que en tierra llana no hay miradores?
Y a Serrada, salida y meta, llegamos  por un camino que recorre su vega a media altura. ¡Qué bien se rueda por la grava cuando ha llovido!

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2 comentarios to “Tierras del Verdejo”

  1. polita Says:

    Estupendo recorrido. Disfrutando de todos y cada uno de los diferentes paisajes de la zona. ¡¡¡Qué riqueza!!!

    Hoy las fotos son especialmente buenas, con esos cielos rotundos.

    Y qué bueno el verdejo!!!

    Besotes!!!

  2. cdeportivosanboal Says:

    Un saludo desde Pozaldez.
    Esperamos que disfrutaras del paseo por las tierras de nuestro pueblo.

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