El último cerro del páramo de Torozos, ¡qué buen mirador!


Torrecilla de la Abadesa lleva este apellido porque estuvo bajo la jurisdicción de la abadesa de las monjas Clarisas de Tordesillas. Se encuentra recostada en una ladera que desciende hacia el Duero, donde hubo unas aceñas, hoy reconvertidas en centralita eléctrica.

Conviene acercarse a las eras para visitar dos simpáticos y viejos chozos de barro que milagrosamente se mantienen todavía firmes. Y también a la ermita que, como tantas de la zona, posee delante un crucero.

Iremos hasta Villaester por una cañada transformada en camino agrícola. Durante los primeros kilómetros sufrimos los toboganes de las ondulaciones del terreno. También al principio nos acompañan algunas manchas de pinar. Poco a poco nos alejamos del Duero.

Ya en territorio de San Juan de la Guarda paramos a contemplar un curioso pozo ganadero de brocal cuadrado y rematado por un artístico soporte para la polea que ayudaba a sacar la herrada del agua.

Después de cruzar por campos de Torreduero el camino se estrecha y se hace mas cañada, con humedales y regueras a los lados. Al final, cruzamos viejos viñedos –denominación de origen Toro- y llegamos a los Villaesteres, donde podemos visitar un palomar de planta circular, la ermita de San Isidro y el río Hornija, con los restos de un molino de varios pisos.

Y un poco más allá, en el pago denominado Laveintiuno, se encuentra el sitio donde –en julio de 1976- se avistó un curioso platillo volante que se lo hizo pasar mal al agricultor que cultivaba en ese momento la parcela, vecino de San Román.

Damos la vuelta al cerro de la Horca (o del Mayo, la Muela, según le denomine desde Casasola o desde Pedrosa) para atacarlo por el lado opuesto –Norte- mientras vemos en el fondo del valle, junto al Hornija y protegida por dos cerros, Casasola de Arión. Al fondo, los castillos de Tiedra y de Mota del Marqués. Al otro lado, hacia el Sur, el amplio valle del Duero en el que destaca la torre de la colegiata de Toro. Espléndido mirador.

Este cerro testigo se desprendió del páramo de los Torozos seguramente hace más de un millón de años. Después de él, la llanura.  Su subsuelo ha sido utilizado como cantera para sacar piedra caliza. Hoy casi no se usa ni para sembrar, pero han plantado una antena de telefonía. Mientras observamos el ancho panorama descansamos un poco para seguir en la próxima entrada…

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