Vallejos del páramo cerca de Valladolid

Nuestro punto de partida hoy es Zaratán, que  por ser una localidad limítrofe con Valladolid, ha crecido de manera extraordinaria durante los últimos años. Pero sigue teniendo algo de su encanto rural –en el buen sentido de la palabra, claro, que ahora la ortodoxia nos persigue-  de siempre. Buena prueba de ello es que nada más salir por el camino de Arroyo de la Encomienda , dejamos a la derecha un viejo palomar rodeado de almendros y de un tapial de barro, y a la izquierda la humilde fuente de la Garbancera, que todavía mana.

Si siguiéramos de frente acabaríamos en las obras de urbanización de Ikea, pero al llegar al arroyo Biobala tomamos un camino que nos sube hasta el páramo del Borciadero. Y entre campos de cereal salpicados de malvas, amapolas y dientes de león, y teniendo como telón de fondo Parquesol, llegamos a una empinadísima cuesta final en la que nos bajamos de la bici.


Y ¿qué nos encontramos arriba? Pues un huerto solar. Y es que vivimos en uno de los países más ricos del mundo mundial: nos podemos permitir el lujo de generar abundante energía eólica y solar, lo cual significa que –como no siempre hay viento o sol- hemos de tener otra fuente fija alternativa para esta producción. O sea, que tenemos casi doblada nuestra infraestructura de generación. Lo cual se paga, como es lógico. Si al menos los molinillos fueran neutrales con la fauna y el paisaje…

Cruzada la carretera de Wamba torcemos hacia el Este para bajar por el vallejo de Carrecastellares, y lo primero que nos encontramos es el viejo pozo de Manasopas. Aunque ya no se utiliza, tiene agua ¿o tal vez sopas? No lo puedo decir, pues no lo probamos. Y bajamos una larga cuesta salpicada de robles. Ya se ve que no hay que irse muy lejos de Valladolid para toparse con un robledal. A pesar de que el quejigo es perezoso, ya tienen abundante hoja. Una confirmación más de lo adelantada que va esta primavera.

Un repecho fuerte y corto y nos presentamos en el firme del tren Burra. Sorpresa: el firme está renovado con gravilla, lo han ensanchado en algunas zonas, en otras han colocado barandillas y protección contra los desprendimientos, han recreado apeaderos con sus vías y, además, ahora se puede subir directamente hasta el páramo, pues se ha reabierto el itinerario a través de una finca que lo invadía. Ya conocemos el paisaje: la ruta, que discurre entre robles y a media ladera, es una larga balconada sobre el valle.

En Villanubla es interesante acercarse a la zona de los Pocicos, a la fuente de los Ángeles y al nacimiento del río Hontanija, donde también parece que manan sopas, aunque simplemente borbota el agua.

Después de pasear por la llanura de la paramera, una descansada cuesta nos conduce por otro de los mil vallejos de Torozos hasta Fuensaldaña. Hay fuente, castillo, bodegas…  De aquí nos vamos hacia Valladolid precisamente por el camino  las bodegas, cruzamos la explotación ganadera Argales –no hay perros- y llegamos a la fuente el Sol, donde podemos descansar para reponer fuerzas, que han sido 32 kilómetros con subidas y bajadas.

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2 comentarios to “Vallejos del páramo cerca de Valladolid”

  1. Ars Natura Says:

    No sólo los molinos hacen daño a la fauna, también los huertos solares hacen lo suyo, alteran mucho el hábitat del lugar y como consecuencia los habitantes montaraces de esa zona se ven obligados a buscar nuevos emplazamientos.

  2. polita Says:

    Paisajes, humor y una pizca de crítica. Este post está redondo.

    Besotes!!!

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