Y de Villafranca a Pollos subiendo y bajando

–Viene de la entrada anterior–

Después de descansar en la ribera, subimos pequeñas colinas, pasando junto a las bodegas de Villafranca. Cruzamos el trazado del AVE. El paisaje nos ofrece tierras de cultivo –cereal sobre todo, algo de alfalfa- y trozos de monte donde abunda la encina, las escobas, el tomillo, el cantueso, el lino blanco… En primavera todo es una sinfonía de colores y olores. Detrás de nosotros, el valle del Duero y la inmensa dehesa de Cubillas. Pinarillos, árboles aislados, praderíos, suaves laderas, majuelos… Al Oeste vislumbramos la Guareña, aunque no nos acercamos. ¡Qué variedad! Verdaderamente, la estepa castellana es mucho más diversa y compleja de lo que creemos. Aunque, si hablamos con propiedad, estamos más bien en tierras que históricamente son leonesas.

Pasamos junto a la casa de Cantadales, muy arruinada, colocada en un lugar estratégico. Pero si nos alejamos un poco –unos metros bastan-  veremos otro inmenso panorama, esta vez sí, del valle de la Guareña. Y pequeñas subidas y bajadas nos conducen hasta la cañada real de Salamanca. Se ha conservado bastante bien su anchura y hoy la tenemos perfectamente amojonada, al menos mientras discurre por la provincia vallisoletana.

¡Menuda nos espera! Ahora sí que vamos a saber lo que es bueno. ¡Estos sí que son verdaderos toboganes! Y más teniendo en cuenta que llevamos ya unos cuantos kilómetros en cada pantorrilla. Dejamos a la derecha la casa del Reventón con su alberca, sus almendros y su sauceda cercana y ¡primera subida! Van a ser unas cuantas.

En una de estas vemos que el trazado del AVE ha atravesado la loma por la que rodamos y están construyendo un puente para dar continuidad a la cañada. Pero no lo han terminado, de manera que vamos para abajo una vez más y arriba. Menos mal que el paisaje merece la pena. Al Este vemos cómo las torres de Alaejos surgen de la llanura y al Oeste, hundido, Castronuño.

Sin dejar los toboganes, resulta que, llegado un momento, alguien ha ido colocando bancos de madera y los ha situado estratégicamente junto al camino. No creo que se utilicen demasiado, pues tenemos todo el suelo para tumbarnos, pero bueno, así también puede uno sentarse cómodamente si quuiere.

Por fin, parece que las cuestecillas acaban. Eso ocurre cuando el camino se vuelve arenoso –la felicidad nunca es completa- y aparecen enormes encinas a la izquierda. Y, enseguida, el cauce seco del Trabancos con sus prados y alamedas.

Después de subir el ribazo del Trabancos, rodamos por campos de majuelos y la ruta nos devuelve, descendiendo una suave cuesta, a nuestro punto final que también fue el inicial: Pollos.

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Una respuesta to “Y de Villafranca a Pollos subiendo y bajando”

  1. polita Says:

    Cómo siempre, el paisaje compensa el esfuerzo. Y es que qué paisaje…

    Besotes!!!

    PD Y qué rico el queso de Pollos!!!

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