Cañada de Extremadura

La cañada de Extremadura –o simplemente cordel, pues no llega a las 90 varas de una cañada real y se queda en las 45 de cordel real- es una vía pecuaria durante siglos muy transitada por los merinos de la Mesta y por todo tipo de ganados que iban y venían a la Feria de Medina. Hoy todavía conserva su trazado, más o menos comido en algunos parajes, y lo vamos a recorrer desde Medina del Campo a Bobadilla.

Nos situamos en la plaza de toros, donde nace la cañada. Los domingos hay mercadillo, y se pueden adquirir desde productos alimenticios frescos hasta ropa variada. Al poco, un cartel con mojones próximos nos indica que estamos en plena cañada. Aprovechando su anchura, el Ayuntamiento ha trazado un carril bici con suelo de tierra. Bancos, mesas, y diverso mobiliario urbano nos acompañan en el término de Medina.

Pasamos por el túnel del AVE y damos con el charco Lavaculos. A pesar de su humilde nombre, suele tener agua aun en las épocas de estiaje más duro. Bien que lo agradecen los rebaños de ovejas que no dudan abrevar en sus aguas.

Ya hemos salido de la influencia municipal. A la izquierda dejamos también el balneario de las Salinas y nos metemos en una zona medio pantanosa. Pero no hay que preocuparse, que el agua no nos llegará al cuello. Sólo si ha llovido durante meses podríamos tener algún problema, pero ni eso, pues la tierra es dura y recubierta de una hierba parecida a la grama.

Otro poco más y llegamos a un pinar en el que abundan piñoneros y negrales. Aunque la cañada lo atraviesa recta, sin detenerse, el pinar guarda los restos de la casa de Chucho y, junto a ella, un delicioso pozo protegido por una alta caseta de ladrillo con cubierta en forma de pirámide. Allá está, tranquilo, después de haber dado de beber durante siglos a familias y ganados. No tardará mucho en desaparecer.

Y la cañada sale a un inmenso praderío o humedal –seco ahora- por el que da gusto pasear, sobre todo si estamos en primavera, pues se encontrará no sólo cargado de agua, sino de todo tipo de flores. (¡Pero no estamos en primavera! Por si fuera poco, el día está gris, desagradable como se aprecia en las fotos) Cuesta avanzar: las ruedas se pegan a la hierba. Es fácil avistar por aquí avutardas.

Luego, la cañada y el humedal se estrechan y pasan entre dos suaves colinas. Se sigue estrechando más todavía y avanzamos con la compañía de una reguera hasta que llegamos a Bobadilla del Campo, pueblo sencillo y tranquilo en el que destaca su iglesia mudéjar con un crucero frente a su portada. También nos llamará la atención la abundancia de cruces de madera incrustadas en sus fachadas.

Pero dejemos la segunda parte para la próxima entrada.

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Una respuesta to “Cañada de Extremadura”

  1. miangulo Says:

    QUE BUENA PLUMA, ESPERO ANSIOSO LA 2 ENTRADA

    La proxima salida , dios mediante, no me la pierdo

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