Entre Coruñeses y Valdenebro, otro día de niebla

Otro día de niebla, aunque tardó más en despejar. Salimos de las fuentes del río Hornija, o sea, de La Mudarra y nos dirigimos a Valverde de Campos sin ver poco más allá de diez o doce metros. Todo helado, habría unos tres o cuatro bajo cero y los cristales de hielo se habían pegado a plantas y hojas de encinas y pinos. Además de los ciclistas, bandos de bisbitas, algún tímido petirrojo y grajos, que siempre los hay.

Al bajar al valle del arroyo de Coruñeses, primera sorpresa: un molino de cubo en bastante buen estado. Al principio nos parecía parte de la vieja infraestructura del Tren Burra –que en realidad discurría por la ladera de enfrente-  pero al subir descubrimos el cubo. Segunda sorpresa: otro molino de cubo que aprovechaba el agua del primero -¡esto es ahorro de energía, y lo demás son cuentos!- unos metros más abajo. Este se encuentra en peor estado, con una caseta ruinosa adosada a un lado. Cerca del cauce del arroyo, una fuente o salida de aguas de una reguera y los restos, con cangilones y todo, de una noria. Además, el frío parecía remitir un  poco. Estábamos de suerte.

En Valverde visitamos –por fuera- la iglesia de Santa María y la ermita del Cristo, además de una antigua casona y rodamos luego por el firme del tren tras comprobar que la vieja estación se encuentra en un lamentable estado, con buena parte de los muros derrumbados.

Cuesta abajo, nos desviamos por un camino que nos condujo a la carretera general. Allí tomamos un camino hacia el Sur, hacia Valdescopezo. Pero antes de llegar, otra sorpresa: justo donde el camino deja de ser paralelo a la carretera general una fuente que tiene poco de rústica y sencilla. Una gran arca en piedra de cantería, cuadrada  con paredes de amplias proporciones, profunda, y cerrada con una bóveda de arco que, de lejos, parecía un puente. Desconocemos su nombre y origen pero –por lo bien construida- es muy posible que sirviera a las huertas del convento de Valdescopezo.


Y refugiados junto a una de las grandes tapias, más bien murallas, de Valdescopezo, dimos cuenta del almuerzo a la vez que se iba disipando la niebla.

En dirección a Valdenebro ya brillaba el sol y paramos a limpiar las bicis junto a la fuente del Barrio.

Al pasar cerca de un barco donde el mapa señala Cueva del Tío Montanero, desmontamos de las burras para buscarla. Después de un buen paseo por el valle y sus laderas, nada de nada. Sólo pudimos disfrutar de buenas vistas al lejano Palacios de Campos. Otra vez será. Volveremos a buscarla aunque ya se ve –si habéis leído la entrada anterior- que no somos expertos en descubrir cuevas.

De vuelta ya, pasamos bordeando el monte de Las Liebres junto a un montículo artificial de tierras en el se adivinaban algunos muros de piedra, un tanto misterioso: ¿de los viejos carboneros del monte? Los robles habían perdido las hojas gracias a las últimas heladas y hasta parecían tener frío, pues no calienta mucho este sol de invierno un tanto brumoso.

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Una respuesta to “Entre Coruñeses y Valdenebro, otro día de niebla”

  1. miangulo Says:

    ….muy bien lo pase con los dos y ahora, al leerte, Fede de nuevo.

    Hasta mañana

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