Castrodeza

Castrodeza se encuentra escondida en el valle excavado durante más de un millón de años el arroyo Hontanija, que nace en Villanubla y desemboca en el Hornija cerca de Torrelobatón. Curiosamente los 16 km2 del municipio están todos distribuidos en el fondo y laderas del valle, ya que los límites con los otros términos los forma, de manera natural, el canto del páramo. Así, su territorio se distribuye alrededor del Hontanija y bajo el ras del páramo. Sus tierras son, pues, escasas, a veces difíciles de labrar pero suaves y húmedas, ya que afloran en ellas diversas fuentes y manantiales, además del frescor ofrecido por el propio Hontanija.

La localidad se asienta sobre la falda del Cueto, cerro que –en una comarca donde las alturas son planas- termina casi en punta. Es una buena atalaya que domina el valle. En su cima y laderas se han encontrado restos prerromanos y medievales. Perteneció a la encomienda de San Juan y dependía de la cercana Wamba. No sólo está guardada por el valle; también la protegen la Virgen de la O y San Miguel, sus patronos.

Pueblo pequeño y sencillo, puede contemplarse a vista de pájaro desde los bordes del páramo; sus casas son de piedra y barro, pero posee algunos tesoros. Por ejemplo, el molino del Concejo que es uno de los pocos de la provincia –tal vez el único- que posee toda la maquinaria; dejó de moler en 1972 pero puede moler en cualquier momento. Antiguamente en Valladolid tenía fama el pan de Castrodeza pues –aparte de buenos panaderos- se producía buen trigo en sus tierras livianas, y harina en sus molinos. Funcionó incluso una fábrica de harinas: se encontraba en zona arbolada aguas arriba del arroyo, antes de entrar en el pueblo. Otro molino hubo –el de Abajo–  del que ya no quedan restos. Como tampoco quedan –sino el recuerdo- de los habitantes del Hontanija: barbos, sardas, alguna anguila y cangrejos. ¡Qué tiempos!

También podemos admirar –junto al humilladero- una estela medieval funeraria. Procede de un yacimiento arqueológico cercano a la fuente Valdila, en la raya con Wamba. En el humilladero y junto al cementerio veremos cruceros de piedra y restos de viejas columnas. Pero no queda aquí todo: cuenta con un puente de piedra sobre el Hontanija restaurado hace no mucho y puentecillos de losas calizas que salvan diversos arroyos del término. Y tuvo castillo pero sólo nos queda su recuerdo en la calle Trascastillo. Lo mismo ocurre con el castro (de Deiza o algo parecido), que permanece en el nombre.

Pero Castrodeza tiene fama, sobre todo, por la bondad medicinal de sus aguas. La fuente Bercero es bien conocida en toda la comarca y es fácil ver a gentes que se abastecen en ella. Algunos nos han confesado que no prueban otras aguas. También está la fuente de los Caños, precisamente donde hace muchos siglos se levantó la primera Castrodeza, en lo que llaman teso de la Iglesia. Un palomar de barro y otros edificios que fueron utilizados como paneras completan esta lista –interesada y parcial- de tesoros.

Mas no podemos dejar de citar dos fuentes verdaderamente humildes, encantadoras y únicas: la de Valdiriego y la de los Pericos. Hay que esforzarse para descubrirlas, pues se encuentran escondidas en una zanja o reguera, una a cada lado de la carretera que conduce a Wamba, cerca de la raya. Poseen una oquedad protegida por piedras sabiamente colocadas que facilitan la circulación y salida de las aguas. ¿Cuánto tiempo trascurrirá antes de que sean enterradas y olvidadas?

Otros manantiales, como el de la Urraca en el arroyo de la Chamonina rematan el paisaje hídrico de este término. En el viejo camino de Valladolid veremos un viejo pozo con su correspondiente abrevadero, en un pradillo cercano ya al borde del páramo.

También posee amplias praderas junto al Hontanija, unos pocos chopos, y laderas, muchas laderas. Son especialmente empinadas las que suben hacia el Norte, éstas casi no se pueden aprovechar para cultivos. Sin embargo, las que ascienden hacia el Sur son muy suaves. El borde del páramo que da a Robladillo y Velliza se encuentra festoneado por almendros que ponen una nota de alegría cuando anuncian la primavera.

Esto es Castrodeza, pueblo amable, sencillo y pintoresco que se esconde en los pliegues del páramo de Torozos.

Y como se encuentra a unos 22 km de Valladolid es fácil hacer una excursión ciclista. Se recomienda el camino que sale de Simancas y pasa por Robladillo. Para volver se puede tomar el que pasa por Ciguñuela hacia Simancas o, también, dejando al Sur  Ciguñuela llega a Zaratán. Los paisajes del páramo son siempre aéreos, pues rodamos por una cima ancha y llana. La bajada a Robladillo la hacemos por el húmedo valle de San Andrés y al subir de nuevo cruzamos junto al solitario roble.

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