Una larga cabalgada (1)

El domingo pasado hizo estupendo, tal vez el primer día verdaderamente primaveral del año. Claro que también hubo vientecillo fuerte, por decirlo de alguna manera. Total, que –desde Valladolid- acabamos en el Pino Pinilla. Y vuelta, claro. O sea, que cayeron cerca de ¡90 km! Y es que el buen tiempo invita a pasear en bici.

Sendero de la Legua

Normalmente, tenemos tendencia, cuando atravesamos el pinar de Antequera en bici, a ir por la pista verde o por la cañada real. Por eso nos llamó gratamente la atención el sendero de la Legua, que lo recorre rozando los pinos, dando curvas y pequeñas bajadas y subidas. Además, no tiene casi arena.

Montico de Duero

Cruzado el Duero, seguimos por  un sendero similar, pero esta vez los pinos eran, sobre todo, matas de encina que se estrechaban y te rozaban continuamente. Y con algo de arena y grava. Por curiosidad, nos acercamos hasta la Casa del Montico, precioso sitio para vivir entre grandes encinas y pinos.

Riberas del Cega

Fue la peor zona del trayecto para las bicis –arena y arena- pero una de las mejores para  contemplar  una ribera que está a punto de pasar lo más duro del invierno y un río  de aguas cristalinas. Y, al lado, un pinar profundo, de negrales que antaño fueran explotados para sacar resina.

Se nos hizo un poco largo este trayecto, pero al divisar la vieja casa forestal de Compasquillo, descansamos. Al pasar por el puente del mismo nombre dejamos atrás definitivamente el Cega. Al sur –donde ahora hay una centralita eléctrica- hubo un molino y la localidad, hoy despoblado, del Cardiel.

La Pedraja

La Pedraja de Portillo es un pueblo pequeño, limpio y simpático que valora su pasado y tradiciones, lo cual hoy –cuando el tiempo ha borrado tantas cosas- es muy de agradecer: ha reconstruido su pozo artesano, ha erigido un pequeño monumento a las piedras de sus molinos de mano, recuerda la vieja olma, mantiene limpio el humilladero, está recuperando su dehesa de los Caballeros… De manera que lo digo: en la duda, mejor pasar –y parar- por el pueblo.

Molino de los Álamos

No es la primera vez que por aquí pasamos, pero siempre es agradable acercarse a un molino de agua: son lugares que tuvieron mucha vida, y no sólo por el agua. También por el trabajo que desarrollaba el molinero. Hoy son sitios románticos y tranquilos en los que la hiedra y las malas hierbas van comiéndose poco a poco lo que queda, que nunca es mucho. Veremos la balsa, de forma redondeada, el lugar de la molienda, restos de maquinaria, las salidas de agua, enmarcadas por arcos de ladrillo protegidos por barrotes y, claro, el agua que todavía sigue cantando a su paso, y los álamos, que dan nombre al ingenio.

Conviene, antes de acercarse al molino desde la carretera de La Pedraja, reparar en el pozo que se encuentra a la entrada del camino. En años buenos, mana agua en el surco que hay junto a él. Incluso cuando ahora hemos pasado manaba algo. Ello se debe al potente acuífero de los Arenales que en esta zona es especialmente generoso. ¿Se llamaba fuente Cristina?

Para no cansar al lector con tanto kilómetro, seguiremos en otra entrada. Queda, tal vez, lo más interesante: el Pino Pinilla y el Puente del Olvido

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Una respuesta to “Una larga cabalgada (1)”

  1. polita Says:

    Por el Sendero de la Legua nos pegamos buenas caminatas con Sella a diario, allí es dónde nos saca los corzos, un día sí al otro también.

    Buen paseo!!!

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