El Pino Pinilla y el Puente del Olvido

(Parte II y última de la Larga cabalgada)

Pino Pinilla

Después de pasar junto a las yeseras de Portillo, subimos al páramo por una agradable ladera adornada de musgo y grandes piedras calizas decoradas por el tiempo. Ya arriba, descubrimos el lugar donde se esconde este pino: una amplia zona de lapiaces, donde aflora la piedra caliza que ha sido erosionada en multitud de agujeros de diferentes formas, y rota por pequeñas fallas. Algo así como un paisaje lunar de reducidas dimensiones. El pino, austero y resistente, surge de la misma piedra y le acompaña una joven sabina. No es un ejemplar especialmente fuerte y ancho, si bien llama la atención por su altura y, sobre todo, por el sitio donde brota. Y tiene la corteza cansada de las inscripciones que se ve obligado a llevar.

Valle del Sangüeño

Se nota que los extensos pinares de Portillo están cuidados: limpios, sin casi maleza y con los pinos olivados. Gracias a ellos, el municipio es –o al menos era- uno de los mas ricos de la provincia. Además, abundan los lapiaces y la caliza aflora de esa u otras formas. Vemos restos de canteras y caleras. Y nosotros volamos, primero por una pista de arena compacta y luego por una pista mas o menos asfaltada.

Después de pasar por fuente  Mínguez, llegamos a La Parrilla y nos lanzamos, cruzando una loma, sobre el valle del arroyo Sangueño, que nace entre pinares y sigue su curso por ellos acompañado. Es curioso ver su ribera, con álamos y matas de negrillo entre enormes pinos negrales. Por aquí también abunda la arena, si bien es cierto que algunos de los caminos están empedrados. El lugar ¿por la arena, por lo escondido, por los negrales retorcidos o por los álamos? tiene  algo de mágico. Finalmente, salimos a la pista que llevaría a fuente Mínguez, pero la seguimos la dirección contraria.

Puente Chico (o puente a Ninguna Parte)

¡Al fin nos acercamos a este puente! Desde aquella entrada de Aldeamayor que lo habíamos comentado al hablar del puente Grande, lo teníamos en cartera. Por fin llegó el momento.

Lo más curioso del caso: es un puente que no va a ninguna parte. Un puente perdido por completo. En el siglo XXI, inútil. Está entre dos tierras de labor, pero nadie pasa por él: ni senda, ni camino, ni ruta, ni trayecto. La explicación: antes pasaba por aquí el camino de Aldeamayor a Tudela, que también era cañada real. Luego, la actual carretera –trazada en línea recta- fue ganando terreno (o sea, tránsito) a la cañada y, finalmente, desapareció la vía pecuaria debido a la concentración parcelaria. Y aquí quedó, solitario, abandonado, el puente Chico.

Bajo él vemos unos troncos ajustados, como haciendo fuerza o queriendo sostener algo. La única explicación que se nos ocurre es que pertenecieron a la última remodelación o reconstrucción del puente, y servirían para sujetar la cimbra. Se encuentra en una zona que debía ser muy agradable: los Verdinales, se llama, o sea, lugar donde la hierba siempre está verde (por la humedad que tiene el suelo: recordemos que toda la zona del raso de de Portillo fue un extenso humedal).

Como estábamos al lado, nos acercamos a ver el Puente Grande, sobre el que también cruzaba la cañada y camino real. Al menos en este quedan los rastros de aquella vieja vía.

Y a Valladolid, para terminar con mas de 85 km en las piernas y en los lomos de las burras, que aguantaron bien (los lomos; las piernas ya es otra cosa).

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Una respuesta to “El Pino Pinilla y el Puente del Olvido”

  1. Alber Says:

    Buenos pinos los de Portillo

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