…y del Aguilarejo hasta Valladolid

(Continuación de la entrada anterior)

Desde el prado del Aguilarejo, la cañada enfila un pequeño valle repleto de robles jóvenes y sube al páramo, donde sigue entre robles durante poco mas de un kilómetro. Pero enseguida conecta otro valle, ya tributario del Esgueva.

Es el valle de Arranca, con arbolado en sus laderas y abundante pasto en el fondo. Con frecuencia llega a encharcarse, lo que aprovechan los patos para refugiarse y criar. En medio del valle está el pozo de la Tablada, protegido por una caseta. Es uno de los pocos sitios de la cañada donde pastores y rebaños podían beber agua en abundancia. Si no, tenían que confiar en que hubiera charcos. O bajar a un pueblo cercano, con lo que eso suponía para los rebaños. Donde acaba el valle, alguien ha acabado con la cañada, de modo que tenemos que ir o bien por la ladera –como no somos ganado, resbalamos- o bien por el sembrado.

Al cruzar la carretera de Amusquillo la cañada se convierte de nuevo en bosque de robles, y de nuevo subimos al páramo, de donde ya no bajaremos ¡hasta Valladolid! No obstante, ofrece hermosas vistas al valle de San Vicente, que esconde la ermita de este santo venerado por los esguevanos. Y se alternan tierras cultivadas con terrenos montaraces.

Ahora el paisaje va a ser muy similar –aunque cambiante continuamente- hasta llegar a las proximidades de nuestra meta. La cañada conserva cierta anchura, sin llegar a las 90 varas, y cruza por montes –cada vez menos- y cultivos –cada vez mas. Por los documentos y mapas está claro que todo esto fue un inmenso monte de robles y encinas; y esta es la razón de que vinieran por aquí los rebaños, para no molestar a los agricultores que trabajaban en las tierras de los valles próximos.

Vemos algunos amplios descansaderos, como el de los corrales del Raso; nacimientos de vallejos entre robledales, como el de Santiago, el de las Victorias o el del Doctor; chozos de pastor, y un pozo. Llega un momento en que desaparece definitivamente el monte, si bien quedan grandes robles como testigos junto a la cañada, reducida ahora a un camino de dos roderas. En todo caso, hemos rodado durante muchos kilómetros por Los Páramos –así designaban los pastores esta zona- sin ver casas ni construcciones que no fueran pastoriles.

Finalmente nos pegamos casi de narices con el vallado del campo militar de Cabezón que nos desvía por su linde Sur y termina por empujarnos a la carretera del valle Esgueva junto a Renedo. Cuando los pastores trashumaban, descendían por donde estuvo Nicas para abrevar en el Pisuerga, luego seguían por la carretera –que es cañada- hasta la pradera del Carmendescansadero.

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Una respuesta to “…y del Aguilarejo hasta Valladolid”

  1. miangulomiangulo Says:

    Muy bonito artículo y muy buenos recuerdos,….”¡defender la cañada!”

    Saludos y hasta pronto

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