Primavera en los valles

…en los valles de los ríos Zapardiel y Trabancos. El primero es un río-charco, o río-zanja en el mejor de los casos. El segundo es un no-río, un auténtico río seco, y no precisamente como el Sequillo que, al fin y al cabo, lleva al menos un hilillo de agua.

Sin embargo, esta primavera de mayo hasta podía parecer –con un poco de imaginación- que llevaban agua. Al menos sus valles, sus riberas, estaban de un verde impecable, luminoso, incluso húmedo. Como si por el fondo del valle corriera un auténtico río.

Por el seco cauce del Trabancos despuntaban hileras de chopos a la vez que las alamedas parecían recién estrenadas. Una inmensa pradera era aprovechada por la ganadería, brava de aspecto, del Eván de Abajo. Hasta parecía que las ruinas de Santa Lucía del Anís estaban a punto de rejuvenecer y el molino del Trabancos recibiría agua para trabajar de nuevo. O que por el vado de la Cañada Real estaban cruzando merinas. O que asnos jóvenes empezaban a trabajar en las dos viejas norias que todavía quedan no lejos de Santa Lucía… Pero todo era un sueño producido por el verde deslumbrante.

Pero no fueron soñados los olivos de la casa de las Hornías. Miles de olivos que han trasformado el paisaje y caen desde las hornías hacia el regato del Pontarrón. Ya se ve que vuelven a Castilla buscando sus fueros perdidos. También vimos olivares a la salida de Rueda. Y los hay -desde hace poco-  en Rodilana, Castrillo Tejeriego, Medina de Rioseco…

El valle del Zapardiel es más ancho. Sus riberas caen suavemente desde los paramillos vestidas de verde, con algunos corros en barbechos -menos verdes-, con manchas de pinarillos, con ribazos y linderas salpicadas de flores. El valle del Zapardiel también estuvo lleno de vida humana: podemos ver los restos del castillo –de ahí Foncastín– y de una almazara. Y se mantiene en pie, todavía fuerte y en uso, el puente de piedra de Sofraga.

Y el pinar de la Nava. Lo cruzamos de Este a Oeste y pudimos ver piñoneros altos, de buen porte. Es un pinar cuidado y limpio, sin broza ni maleza, aclarado, con pinos olivados. Y con numerosos vecinos, tanto con alas como de cuatro patas. Y muy tranquilo: pocos paseantes encontraremos en sus caminos.

También nos paramos un momento en el alcornocal de Valdegalindo, que esta vez tenía, cosa rara, abundante hierba todavía verde. Seguramente ya se habrá secado pero quedarán, durante el mes de junio, bastantes plantas aromáticas –tomillos, cantueso, jara- relativamente vivas para seguir alegrándolo.

Y para los ineteresados dejamos aquí la ruta en wikiloc, que no coincide necesaria y exactamente con el mapa de arriba.

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Una respuesta to “Primavera en los valles”

  1. José Ramón Says:

    Echaba de menos hasta ahora el track “real” de vuestras rutas. El resto perfecto. Os sigo muy atento.
    Un saludo.

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