En los dominios de Santa María de Valbuena

Una ruta que vemos anunciada, con el mapa correspondiente, en Valbuena, es el Anillo del Duero, que hoy vamos a seguir sólo parcialmente.

Y así, en vez de seguir el sendero del Anillo, después de pasar junto a las bodegas de Valbuena tomamos la cañada del Pico Torralbo. Al comienzo cruzamos junto a un manantial, en una zona de abundantes juncos, chopos y calizas que afloran. Luego, llegamos a un llanillo donde la cañada se ha respetado al menos un poco entre dos zonas de cultivo.

Por fin, encaramos el Pico Torralbo con la bici al hombro, pues la pendiente es extrema. Arriba, sorpresa: tres cruces de hierro en recuerdo de otros tantos vecinos de Valbuena, pues figuran sus nombres y fechas de nacimiento y muerte. Bonito sitio para el recuerdo y para contemplar el pueblo de sus amores. Es, también, una magnífica balconada sobre el valle del Duero. Podemos estar un buen rato descubriendo diferentes detalles que el paisaje nos ofrece. Se ve muy bien el acueducto de Vegasicilia, al otro lado del río. Buena parte del pico está pelado y blanco de piedra y yeso, pero las austeras flores del lino ahí están para demostrar que siguen el dictado de la primavera.

El monte que atravesamos ahora es muy cerrado y con abundante caza. Se ha dejado ver un jabalí enorme, algunas liebre y muchos conejos. También hemos sorprendido a aves rapaces. Da la impresión de que estamos en un bosque muy alejado de cualquier punto civilizado. Vamos a campo traviesa hasta que descubrimos un sendero que se pierde y reaparece varias veces, a punto de morir asfixiado por tanta mata de encina y roble.

Bajamos por la ladera hasta la Granja de Castrillo de Cisla o del Queso. Mejor dicho, a lo que queda de ella. A pesar de que se construyó en buena piedra está muy arruinada. Dependía del monasterio de Santa María de Valbuena y, como esta es zona de abundantes pastos, se supone que se dedicaba a la producción de carne y lácteos, de ahí lo del Queso. Muy cerca, en dirección a Valbuena y junto al camino brota un manantial que ha formado una pequeña charca. Estamos en un precioso valle entre montes de encina. Como cosa curiosa, abunda la caliza en todos los niveles, no sólo en lo alto del páramo.

La ruta que seguimos ahora nos lleva hasta la Cueva del Hermano Diego, para volver luego sobre nuestros pasos y parar un momento en el mirador del Carrascal –con tres balconadas de piedra- después de pasar junto a la cantera que se utilizó el siglo pasado para construir el pueblo de San Bernardo.

Y dejando al Este la fuente de Santiago, muy bien restaurada y con agua, bajamos entre sabinas y majuelos hasta el Monasterio de Santa María de Valbuena. Y seguimos, ahora sí, el sendero del Anillo hasta el molino de Valbuena y su pesquera,  buen sitio para descansar.

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