La Cañada Real Burgalesa en el Cerrato palentino

(46 km aprox.)

Después de recorrer en Mayo el ramal de la burgalesa que atraviesa, por la provincia de Burgos, desde Lerma a Hérmedes, el domingo pasado nos hicimos el otro ramal, que une también Lerma y Hérmedes pero cruzando por la provincia de Palencia.

A pesar de estar en pleno verano, no nos equivocamos. Partimos de Hérmedes por el páramo a tomar el prado del Aguilarejo, junto al molino de Corcos, lugar donde se unen –o separan, depende- los dos ramales. ¿Qué hacía a los pastores tomar uno u otro? Pues tal vez la situación de su respectivo lugar en la Sierra de la Demanda, o tal vez la saturación de rebaños en una cañada, o tal vez la abundancia de pastos dependiendo del año. Lo cierto es que los dos ramales son diferentes, como veremos.

Lo más característico del que hemos recorrido es que va, casi durante todo el trayecto, por bosques de robles o enebros. Incluso ya al final, cerca de Rayuela, el monte de galería lo constituye, precisamente, la propia cañada. El firme es bueno para rodar, ya que no hay arena ni grava. Y, en verano, es duro. O sea, un trayecto ideal para la bici. Los agricultores han respetado bien la achura de la vía pecuaria, aunque con demasiadas excepciones.

Hérmedes y Villaconancio.- Desde el término de Hérmedes caemos al arroyo de San Sebastián para subir enseguida por terreno de yeso al páramo de Valdegallón, monte de robles y encinas con abundantes corrales y chozos en las proximidades de la cañada. En la bajada tenemos la fuente Prolongar, a unos 300 m al Este. Al llegar a Villaconancio, a la izquierda, en una huerta vemos la pintoresca fuente Tejera.

La subida desde esta localidad, por el cementerio, es una de las más fuertes del trayecto. Pero compensa por la vista que nos ofrece del valle. Casi en la misma cañada están el chozo y corrales del Guijo, y más alejada, la fuente del mismo nombre.

Baltanás y Antigüedad.- La cañada es una amplia franja de monte. Encina, roble y sabina son las especies arbóreas. A pesar del verano predomina un verde amarillento, y no faltan flores aunque de color apagado y austero. Vemos corrales, muchos corrales: de Marianilla, de las Cachorras, del Roñas. Y, fuera de la vía, un enorme chozo hacia el Norte, en Valdemoré.

Dejamos el término de Baltanás para entrar en Antigüedad y bajamos a la fuente de Serranos, en el Valle de Fuentehorno.  Merece la pena este desvío de unos 400 m. Se trata de un lugar fresco y tranquilo, en la umbría del vallejo, protegido de los calores por chopos y por la misma ladera. La pequeña charca y los diez pilones que recogen el agua ayudan también a crear este agradable ambiente para reposo del cansado ciclista, como antaño lo fuera de los rebaños merinos.

Seguimos disfrutando de un precioso sabinar en el páramo de Valdestina. Nos sorprenden, tras un enebro, una pareja de avutardas. Nunca las habíamos visto tan cerca, a 5 m. ¿Por qué no estarían en campo abierto?

A la altura de unos corrales enormes en extensión –sin llegar a los del Girón- hemos de torcer a la izquierda, hacia el Norte. Seguimos la cañada –siempre amojonada- que nos conduce a un pozo de agua buena, en la cola del Valle de Fuentehorno, para subir enseguida y seguir hasta un camino que viene de Antigüedad: en el vemos la Cruz de la Muñeca.

Y por aquí la cosa se complica. No hay camino ni sendero hasta que llegamos a los corrales de Carravillafruela ode Valcabao. Cruzamos el valle del arroyo de los Caños para aparecer en los dominios del Garón.

 

Palenzuela y Royuela.-

Hemos llegado a la zona más alta de la excursión y –tal vez- del Cerrato. Vemos hacia donde nos dirigimos las estribaciones de la sierra de la Demanda -¡qué alegría sentirían los pastores cuando, volviendo de Extremadura, atisbaban su casa tan cerca!- y hacia el Sur, las estribaciones del Guadarrama. ¡Estamos en medio de Castilla!

A partir de ahora empiezan a escasear los bosques y predomina claramente el campo abierto. Pero la cañada –ahora convertida en cordel- se encuentra acompañada de vegetación más o menos densa.

Hasta Royuela es cuesta abajo, con alguna ondulación. Y sigue habiendo abundancia de corrales. Todavía junto al Garón vemos los enormes y elegantes –piedra caliza de cantería en alguna pared- corrales, o caserío, de Pajarejos. Hoy ya son ruina. Más adelante, junto a la cañada, una extensión impresionante dedicada a corrales: son los de Valfrío.

Después pasamos por la tenada del Monte y, por fin, llegamos a Royuela, escondida junto a su Río Franco.

La cañada sigue hasta Tordomar (9 km), siguiendo la carretera entre ambos pueblos, lugar en el que hoy se pierde. Un cordel seguía hasta Lerma mientras que otros se dirigía hacia el Noreste, buscando las comarcas mas septentrionales de la sierra de la Demanda, e incluso otra vía pecuaria tomaba la dirección del Norte hacia la cordillera Cantábrica.

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2 comentarios to “La Cañada Real Burgalesa en el Cerrato palentino”

  1. Antonio Says:

    Una excursión muy interesante, cerrato en estado puro

  2. Ars Natura Says:

    Pues sí que es raro la asociación de avutardas y enebros, sí….

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