…y de Tordesillas a Valladolid

Retomamos la última ruta para volver desde Tordesillas a Valladolid por la orilla izquierda del Duero.

Tordesillas

En Tordesillas nos recibe –muy cerca del río- una fuente de dos caños. Al lado, el famoso convento palacio de las Claras. Aunque podemos optar por seguir la senda junto al río, decidimos callejear y, así, vemos las ruinas –consolidadas, eso sí- de la iglesia de Santiago. Rodar por esta localidad es como volver a un ambiente antiguo y olvidado pero que, curiosamente, sigue vivo. Después de pasar por calles estrechas y empinadas cruzamos su perfecta y equilibrada plaza mayor -¿hace una leche helada de Baonza?- y acabamos junto a la iglesia de San Juan, felizmente salvada de la ruina para convertirse hoy en museo de la Vida, o lugar donde se valora la dignidad humana de todos, incluido el que aun no ha visto la luz. El lado sur de esta iglesia, con su jardín, es una balconada hacia el ancho Duero: por algo la calle se llama Bellas Vistas.

En el puente nos encontramos con un buen amigo y, después de los saludos de rigor, comenta:

Como el río viene muy bajo, se distinguen perfectamente las piedras de los pretiles que se tiraron cuando el ensanche. Si un día queremos devolver el puente a su situación original no hay que ir muy lejos.

También vemos cómo los barbos buscan comida y las garzas rasean las aguas.

La Peña

Desde el puente tomamos la carretera hasta la Peña, pues no hay otro camino. Podemos hacer varias paradas. Recomendamos dos. La primera para ver un viejo moral a la derecha, tras de una casa y la segunda para contemplar Tordesillas sobre el Duero.

La Virgen de la Peña es la patrona de la Villa y Tierra de Tordesillas. Suele estar abierta y su amplia nave ofrece frescor y refugio al caminante o ciclista. Al lado, una pila con  agua corriente.

Abajo, las ruinas de las aceñas, lugar romántico por antonomasia donde la vegetación –lenta pero inexorablemente- se está comiendo las enormes piedras que forman arcos, tajamares, contrafuertes y diques. Suele haber pescadores, no tanto por la abundancia de pesca, como por la sombra siempre asegurada del lugar.

Agricultura, ganadería

Ahora nos adentramos en una zona de monte –encinas, pinos- con grandes claros destinados a la agricultura –cebollas, zanahorias, ajos, fresas-. Vemos diferentes caseríos y granjas –Las Monjas al sur, El Puerto al norte- donde pasta ganado vacuno y caballar. También hay trayectos muy arenosos en los caminos, donde la bici se queda clavada y es preciso arrastrarla a pie. Pero todo tiene su encanto.

Junto al río dejamos la centralita de San Miguel y sus álamos desmochados.

 

Y pesca

Antes de llegar a las graveras de Villanueva el camino se asoma tímidamente al Duero. Hay enormes barbos que aletean ajenos al deseo de los pescadores, y un río ancho y enorme, repleto de alamedas en sus orillas, y en el que también sorprenderemos bandadas de patos.

En Villanueva nos recibe la torre de la iglesia. Muy cerca, otra pesquera y, un poco más allá, la desembocadura del Adaja, río de arena de Tierra de Pinares.

Aniago

Cruzado el Adaja nos adentramos en Aniago y luego en el pinar del Esparragal. El trayecto toca a su fin. Sólo nos queda cruzar Puente Duero y el Pinar de Antequera para llegar a Valladolid.

En el puente de la Hispanidad el cuenta kilómetros marca 68 entre ida y vuelta.

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