La senda destruida por el Duero

Derrumbes

(Continuación de la entrada anterior)

Después de saludar al Pino Macareno nos fuimos al puente sobre el Duratón para tomar la senda. Ahí empezó nuestro sufrimiento: de la senda quedaba poco. Unos tramos estaban levantados por completo. Otros, sepultados por la arena o por las piedras. Y donde podía estar bien, los árboles caídos impedían el paso. Lo peor es que casi todo estaba plagado de basura y plásticos arrastrados por el Duratón crecido. No obstante, pasamos por dos preciosos molinos, con sus correspondientes pesqueras en las que el agua espumeaba. A duras penas, llegamos a un idílico lugar: la confluencia de Duero y Duratón.

Ya por la orilla del Duero las cosas no cambiaron, más bien empeoraron, pues la riada había provocado desprendimientos y la senda se había esfumado, quedando sólo un precipicio, o bien estaba obstaculizada por grandes bloques desprendidos. También abundaban los árboles caídos que, con su enorme copa en medio del camino, cerraban el paso. Sin embargo, hubo algún tramo incólume por el que se rodaba perfectamente.

Cortados

Si nos olvidamos de su penoso estado, la senda no puede ser más hermosa y perfecta para la bici, especialmente en los días de verano, pues se encuentra casi totalmente protegida por la sombra de la arboleda. Continuos toboganes la hacen entretenida y alegre, y el río le da ese toque distinto. Un paseo perfecto. Se gastaron dinero al trazarla. ¿Se lo gastarán para mantenerla?

Al llegar a Pesquera a punto estuvo alguno de caer al río por un derrumbadero, así que los vecinos nos animaron a no hacer locuras y decidimos tomar el camino más próximo al río. Tampoco estaba mal: un pinar húmedo y verde, tierras de labor con la cebada creciendo, hasta que llegamos a Pintia.

Pesquera de Duero

Pesquera de Duero

Pasamos del largo por la vieja ciudad y nos paramos a contemplar el no menos viejo cementerio vacceo de las Ruedas, en el que han desenterrado más piedras para colocarlas como antaño debieron estar, señalando las cenizas y memoria de los correspondientes guerreros.

Necrópolis

Necrópolis

Otro tramo por pinares hasta llegar a Quintanilla de Arriba, donde pasamos por otro cementerio, más moderno que el de Pintia. Una poesía en el arco de su entrada pedía oraciones por los que allí descansan. La senda no sigue por esta orilla del Duero, sino por la derecha. Y como no han tendido aun la pasarela que cruza –la vimos descansando en tierra firme- no nos quedó más remedio que seguir la carretera, ¡un aburrimiento! hasta la otra Quintanilla. Ya estábamos un tanto cascados como para subir al páramo de nuevo… Por un error de cálculo resulta que nos hemos hecho hoy ¡¡80 km!!

Menos mas que en la de Onésimo tomamos la sirga del Canal del Duero para terminar, bien cansados, eso sí, en Sardón. Al pasar cerca de la abadía de Retuerta vimos con pena que la vieja aceña del Duero ha desaparecido y, en su lugar, se levanta una moderna centralita eléctrica. La vida misma.

Quintanilla de Arriba

Quintanilla de Arriba

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Una respuesta to “La senda destruida por el Duero”

  1. miangulo Says:

    Buen artículo y buenos recuerdos, pena de senda, pero merecieron la pena tantos km, lo peor, en mi opinión, la carretera a la otra Quintanilla.

    Un saludo cordial.

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