Dehesas floridas. De Pollos a Cubillas

Dehesa de Cubillas y Pollos

El campo está desconocido. Todo lo que en verano era un secarral, o en invierno se vistió de un marrón pálido sin mayores contrastes, hoy está de un verde alegre y brillante, salpicado de motas de cien colores diferentes. Por todas partes hay vida y alegría. Si siempre es gozoso pasear al aire libre, ahora más todavía. Lo hemos comprobado en el trayecto de Pollos a Cubillas y vuelta.

El Trabancos,  la cañada y la dehesa de Cartago de Arriba

Salimos de Pollos por el camino, en cuesta, de las bodegas. Arriba, desde un crucero, una excelente vista del pueblo. Delante, los campos de un cereal que empieza a mecer el viento. Verdes de diferentes tonalidades. Pasamos junto a la vieja gasolinera, silo y apeadero. Restos de otros tiempos.

Villa Lucía y el Trabancos

Villa Lucía y el Trabancos

Tomamos la cañada merinera que se dirige a Salamanca y pasamos junto al cortijo de Doña Manuela, ahora solitario y triste. Sólo le acompañan, de cerca, algunos manzanos; de lejos, una alameda.

Caemos al Trabancos por una prado que nos permite hacer eslalon con las bicis. ¡Sorpresa!: en el cauce quedan algunos charcos. En los charcos renacuajos que no llegarán muy lejos en su ciclo vital. Eso sí, la ribera tiene un aspecto lujuriante. El río no llevará agua, pero el subsuelo parece que sí.

La cañada

La cañada

La cañada nos lleva primero por un pinar tapizado de verde, luego nos enseña las encinas milenarias de Cartago de Arriba y luego ¡toboganes! Sí, ahora es divertido contarlo, pero los había tan empinados que alguno se apeó de la burra, y en otros la burra se negaba a subir si no la arrastraban. Pero entre tobogán y tobogán nos acercamos al mirador de Peña Rubia. ¡Oh, el valle del Duero con Castronuño al fondo y, más al fondo, Toro…!

Al llegar al firme del AVE tomamos un camino que, tras algún giro, nos dejó en la Florida del Duero, o sea, en Castronuño.

El Duero y la dehesa de Cubillas

Duero

De manera que descansamos en el mirador de la Muela para, enseguida, cruzar el río por la presa. Una agradable nube que desprendía el chorro al caer nos duchó y refrescó. Al otro lado nos esperaban las encinas de la dehesa de Cubillas. Sitio singular. No suele ser más que un arenal helado en invierno o que quema en verano, con unas encinas sucias de polvo, como cansadas de tanto soportar las continuas inclemencias del tiempo. Ahora no, ahora la hierba estaba jugosa, salpicada de margaritas y otras florecillas, los cantuesos tiernos, y las encinas relucientes parecían si no más jóvenes, sí próximas a una especie de ingenua y curiosa niñez. Como a veces esos mayores nuestros, sonrientes, agradables y candorosos. Curioso cambio el que opera la primavera castellana.

Nos llegamos hasta el caserío de Cubillas pasando por prados en absoluto imaginarios, miradores al Duero, pequeños valles, encinas de diferentes portes. Al otro lado del río, las alamedas se veían colonizadas por vocingleras garzas. Muy al fondo -el día es claro- se levanta, sobre Tordesillas, la torre blanca de Santa María.

Dehesa

Para volver a la otra orilla, cruzamos por el puente del ferrocarril.

Cartago de Abajo y Bayona

 Pedaleamos hacia la dehesa de Cartago de Abajo por la llanura. Luego, rodeamos la dehesa, que nos empuja hacia la carretera. Un tramo por el asfalto y nos metemos en la vega de Cartago. Al fondo, la otra orilla, con los cortados de Cubillas.

dhe

Damos con un camino que es como un paseo que nos lleva por un bosque de sauces, almendros, encinas, pinos, espinos albares y ¡negrillos! ¡Negrillos corpulentos que todavía no han muerto! Verdaderamente increíble; no contábamos con ello.

Rodeando el pinar pasamos por Bayona, antiguo núcleo de población, hoy casa de labor y nave de ganados. Cruzamos el Trabancos totalmente seco y, de nuevo entre campos de cereal, nos acercamos a Pollos por la orilla del Duero. Ya un poco cansados, pasamos junto el prado de la Alegría, ahora inundado por el Duero. Hemos hecho poco más de 52 km. Pero con este paisaje, la verdad es que no se notan.

Caida

Anuncios

Etiquetas: , , , ,

2 comentarios to “Dehesas floridas. De Pollos a Cubillas”

  1. miangulo Says:

    Gracias por el articulo,explendido, se disfruta el doble.

    Un saludo cordial

  2. polita Says:

    Una de mis zonas favoritas de esta bonita provincia y, casi, aledaños. Y estando cómo está el campo.., maravillosa.

    Gracias por compartirlo de nuevo.

    Besotes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: