Valdecuevas

Olivares y Pico del Castro

El pasado domingo pensábamos subir al páramo de Villavaquerín. Imposible. Había llovido en abundancia durantela noche y las ruedas de las bicis, en la mayoría de los tramos, cogían tal cantidad de barro que impedían el giro al hacer freno con la horquilla. Así que, después de varios ataques infructuosos en diversos puntos, carretera y manta, o bici y carretera, hasta Olivares de Duero y Quintanilla de Onésimo. Con llovizna de refresco.

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Una parada en el puente de piedra entre Olivares y Quintanilla para contemplar la caída de la vieja aceña, que hoy sirve de represa para introducir las aguas que llegarán hasta Valladolid por el Canal de Duero y decidir: ¿Y si subimos al páramo –el pinar tiene algo de arena- y nos llegamos hasta Valdecuevas? No nos pareció mala idea pues –además de tener pendiente esta visita de otra excursión- si llueve, nos podríamos resguardar fácilmente en las oquedades de la roca.

Dicho y hecho. Después de sufrir un poco llegábamos al Carrascal, donde también había llovido de lo lindo y donde las ruedas se pegaban demasiado al terreno aunque sin llegar a paralizar las bicis como en el páramo del norte del Duero. En el límite del pinar pudimos contemplar un precioso y bien conservado chozo de pastor.

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Llegamos al pico Castro, que ya conocemos y descendimos un poco hasta las cuevas conocidas como Valdecuevas. Se hallan entre dos capas de caliza más duras y componen un grupo como de cuatro o cinco cuevas. Una, la más oriental, con la entrada demasiado alta. A pesar de todo, nos asomamos y vimos que se trataba de un dormidero o nido de rapaces nocturnas, pues estaba el suelo lleno de huesecillos de ratones. Otra casi inaccesible porque sólo entraría un niño aplastandose contra el suelo, otras dos más bien  pequeñas y la más grande, que tendrá un metro y medio de altura por siete u ocho de anchura y cinco de profundidad.

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En las rendijas de dos de ellas había restos de colmenas de abejas, cuya miel había sido a juzgar por los restos dejados. El techo estaba un tanto negro, de haber hecho fuego. No es mal sitio como refugio, además, dan al sur. Y son un magnífico mirador: al exterior el paisaje de Valdecuevas; al interior las mil formas que en la caliza se han producido por la acción del viento, la lluvia y el aire.

Después, atravesamos la llanura del pico para acercarnos a una especie de montículo en el lado norte sobre el Duero. Otro magnífico mirador que complementa al de las cuevas. Además, aquí se levantó una casa vaccea excavada hace unos años cuyos restos pueden contemplarse al menos en parte.

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Volvimos por el mismo monte el Carrascal pero por otros caminos que tenían menos barro. De Quintanilla a Villavaquerín, carretera. Total, 53 km.

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Una respuesta to “Valdecuevas”

  1. Antonio Says:

    Estais haciendo unas rutas muy interesantes, a ver si pronto dais una vuelta por los páramos de Villavaquerín como teniais pensado, un saludo.

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