Sendero de Ariza, laderas de Ontorio, pinar de las Arenas

Herrera de Duero La Parrilla

Cierto que todas las excursiones son diferentes, aunque sólo sea por la época del año, que hace distinto cualquier paisaje aunque se haya pasado por el mismo lugar un montón de veces. Pero es que esta vez hemos ido por estrechos senderos, ideales para pasear en bici aunque eso lleve consigo ir más despacio de lo normal. No importa.

Sendero de Ariza

Los senderos empezaron junto en el puente de hierro del ferrocarril de Ariza, entre Hererra y Tudela. Hasta ahí hemos ido desde Herrera, por una pista asflatada entre pinares dejando a la izquierda una ribera con los árboles ya totalmente cubiertos de hoja. La única pena es que el cielo estaba cubierto; no se puede pedir todo.

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A partir del puente tomamos, en el cruce del pasao a nivel,  un sendero –o sea un caminillo por el que sólo puede pasar un solo caminante o un solo ciclista, y los demás en filia india- entre maleza verde, flores, robles y encinas. A pesar de que va siguiendo la vía de Ariza no lo hace siempre en paralelo perfecto, sino que gira suavemente y a veces se aleja para volver más tarde. No vas por campo abierto, sino metido en una especie de bosque tupido, el mismo que ha ido invadiendo y comiendo poro a poco esta línea de ferrocarril. En otro momento vas como a media ladera, divisando buena parte de la llanura pinariega. Por cierto, que aunque el suelo del pinar sigue estando hermoso, ya van apareciendo algunas tonalidades amarillentas que anuncian la proximidad del verano.

Laderas del Lagar y de Ontorio

DSCN4965Podíamos seguir, sendero adelante, por el sendero. Pero tomamos a la derecha un buen camino que cruza y salimos a la carretera de las Maricas; por ella rodamos unos pocos cientos de metros hasta que en la desviación de Aldeamayor tomamos de nuevo un camino entre pinares. Es el que va de Tudela a Portillo, asfaltado en parte debido a que en las proximidades ha habido graveras en explotación hasta hace poco.

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Pero de nuevo nos desviamos hacia… ¡nuevos senderos! Estos se encuentran a media ladera, entre el páramo y el  pinar, y supongo que han sido hechos por moteros. No importa, si en la mayoría de los casos las motos han destrozado caminos (como los que van junto a las riberas del Cega o del Adaja) en este caso han trazado senderos que luego pueden aprovechar caminantes y ciclistas. Y es que es una maravilla ir por un estrecho sendero, por verdes laderas y divisando a un lado la alfombra de copas de pinos a tus pies (o a tus ruedas). Eso sí, a veces hay un fuerte repecho y no lo subes sin tomar carrerilla; y, cuando lo bajas, cuidadín. En el horizonte al fondo se veía Pozaldez. También Aldea de San Miguel, Mojados, La Pedraja, Aldeamayo, Boecillo…

Además, pasamos junto a los restos de un viejo horno de cal, por graveras abandonadas y repobladas, por corrales donde hubo colmenas, por zonas de monte, junto a lenguas sembradas de trigo o cebada, todo iba cambiando a nuestro paso.DSCN4996

En estas laderas no faltaron a la cita con la primavera el lino blanco y azul, la salvia, el tomillo salsero, los socarrillos y las coronillas, entre otras muchas.

Pinar de las Arenas

Al final, salimos al Pinar de las Arenas que ya conocemos bien por otras excursiones. Pinar curioso, con zonas verdes por la humedad de la fuente de Sangueño y otros manantiales desaparecidos. A pesar de lo seco y arenoso que es este monte, todavía está verde. Y entre la tierra mojada y las plantas aromáticas, da gusto respirar en él: el tomillo y el cantueso están casi en plenitud.

Y en estos pinares –y en los atravesados por la vía de Ariza- pudimos contemplar extensiones amarillas de zumillo, violetas de clavelinas silvestres y cantuesos, además de nazarenos o la simpática flor de la hierba turmera (amarilla con manchas oscuras), arenarias, asperillas, jaguarcillos, tomillo blanco, retama amarilla, genista y otras muchas de las que desconocemos los nombres.

Pinar

Por cierto que los parrillanos estaban celebrando las fiestas en aniversario de la canonización de San Francisco de San Miguel, hijo del pueblo martirizado en Japón, y los todos habían pasado la noche en la fuente del Sangüeño, en medio del pinar. Luego fue el encierro y finalmente los toros recorrieron las calles de La Parrilla.

La vuelta incluyó un buen chaparrón con su correspondiente mojadura y una agradable -por continua- cuesta abajo hasta la ribera del Duero. Dejamos las burras en Herrera.

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