El bosque del Duero

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De Quintanilla de Onésimo a Pesquera, la senda del Duero discurre por un auténtico bosque caducifolio. El hecho de que la floresta sea extremadamente angosta, una larguísima y estrecha cinta entre el río y las tierras de labor, no le resta importancia, ni le hace de categoría inferior. Se trata de un bosque más, con sus peculiares características. Y es ideal para pasear, ya sea a pie o en bici. Claro que si vamos en bici hemos de poner algo más de precaución de lo normal, pues la senda es estrecha –si se cruzan dos ciclistas ambos han de apartarse hasta los límites del camino o un poco más- y con continuas subidas y bajadas. Un estupendo tobogán.

Dentro de este bosque de galería, predominan las alamedas. Como todos los álamos buscan la luz, crecen finos y derechos buscándola, y el camino a veces parece un denso bosque de palos de diferentes tamaños. Pero también hay fresnos, chopos, muchos sauces y alisos. Como la humedad no falta, ya son abundantes las setas de chopo. Muy pronto aparecerán otras, a poco que se mantengan estas lluvias.

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Pero también veremos –sobre todo a la altura de Quintanilla de Arriba- algunos pequeños bosquetes de roble que pretenden acercarse al río, además de encinas y robles aislados. Y también pinarillos.

El otoño ofrece otros atractivos: no hace falta que llevemos comida. Vamos a encontrar zarzamoras en su punto, bien maduras. Ciruelas silvestres, negras ¿brunos? y amarillas, las dos variedades son muy pequeñas, pero con una pulpa especialmente dulce. Uvas, nueces, manzanas, peras e higos. Seguramente habrá más variedad, pero no nos fijamos. No todas las peras estaban maduras, y de los higos, muy pocos. Tal vez muchos de estos ya no lleguen a madurar.

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Y dentro de muy poco, además de setas, el bosque –que es sobre todo caducifolio- se volverá amarillo con todas esas variedades rojizas, ocres, granates, doradas… Será todo un espectáculo pasear por su interior.  Por supuesto, no faltan fuentes y manantiales.

Además del río, siempre en movimiento, nos acompaña una fauna variada e inquieta. Ardillas: les gusta sentarse en la senda para dar cuenta de nueces y almendros. Garzas: están en la orilla del río, sobre alguna rama o tronco seco, y las vemos levantar el vuelo a nuestro paso. Algún martín pescador. Enormes cormoranes que despegan como hidroaviones al ser sorprorendidos. Patos y pitos. Carriceros, mosquiteros, chochines… Peces que saltan y no distinguimos si son lucio-percas, barbos, carpas o alburnos. Salvo que los veamos en la cesta de algún pescador. Incluso podemos descubrir algún cangrejo despistado.

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Si no es mal sitio para perderse en verano, por la sombra abundante, tampoco lo es para pasear ahora, en época de lluvia: los árboles protegen bien, salvo que la lluvia sea fuerte y persistente, y el firme drena de maravilla, no produce barro: la bici se agarra con normalidad salvo ¡ojo! en las pocas pasarelas de madera que tienen barro. Y si hay viento en contra no se nota, estás siempre a la abrigada. Si os gusta pasear de noche y hay luna veremos como riela en el Duero y llena de chispas sus aguas.

Llenando depósitos en la fuente de Olivares

Llenando depósitos en la fuente de Olivares

 

Otras sendas del Duero:

 

 

 

 

 

 

 

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Una respuesta to “El bosque del Duero”

  1. polita Says:

    ¡¡¡Apuntada!!! Esa zona me encanta pero no conocía esta senda.

    Más besotes.

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