Allá donde confluyen Sequillo y Valderaduey

Sequillo

Esta vez nos vamos desde Villanueva de los Caballeros hasta la desembocadura del Sequillo, siguiendo el curso de este río. Volveremos por el monte de Belver. Son casi 60 km por Tierra de Campos.

El Sequillo y su ribera

El Sequillo es un río humilde. Más que un río, es una zanja por la que circula agua. Antes ni eso, pero ahora, gracias al pantano de Riaño y sus canales, no se parece a su nombre. En unos tramos se ve acompañado de sauces y álamos y en otros simplemente por la llanura. De todas formas, es un río vivo: se oye el murmullo de la corriente, y los bandos de patos ya han venido para pasar el invierno y alguna garza levanta el vuelo a nuestro al descubrirnos.

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Pero el firme horizontal entre la zanja y el cembo no lo recomendamos para la bici: o tiene demasiada hierba, o hay que ir sorteando enormes cantos rodados o los cardos secos te impiden el paso. En algunos tramos estaba mejor, ¡que ya es decir! El senderillo por encima del cembo. Pero allá cada uno que haga lo que quiera. Los chopos empiezan a estar dorados.

Diversas ruinas de molinos encontramos a nuestro paso, a un lado y a otro del cauce: la Perfecta, el del Jesuita, el de Enmedio, la Fábrica, el de Maroto. Este último es una casa rural donde sirven una excelente paella.

Entre el puente que lleva a este último molino y la desembocadura, rodamos por un camino con algunos manzanos en la cuneta: ¡qué frutos tan dulces a la vez que ligeramente agrios pudimos degustar!

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La desembocadura

¿Cuál de los dos lleva más agua? Sin duda, el Sequillo. Pero aquí el Sequillo pierde su nombre y quien lo mantiene es el Valderaduey.  La zona ha cambiado mucho en los últimos años: son dos zanjas que se juntan. Antaño debió de ser todo esto un gran humedal, una extensa zona  pantanosa, pues todavía abundan en las tierras limítrofes las charcas y lagunas, y las espadañas tienen a brotar por todas partes.

El Valderaduey viene por la derecha y el Sequillo está detrás del árbol de la izquierda

El Valderaduey viene por la derecha y el Sequillo está detrás del árbol de la izquierda

Fue difícil acercarse a la confluencia, pues las orillas de los dos ríos están cercadas por una cinta electrificada. Dentro, un buen rebaño de curiosas vacas –con algún novillo- pastaban a sus anchas. Además, en las riberas abunda la maleza. Pero el lugar es reconfortante, perdido y alejado del mundanal ruido, incluso del rural. A unos 500 metros aguas arriba del Sequillo, una presa almacena agua para repartirla por acequias hacia las tierras próximas. Por ella se puede cruzar a la otra orilla.

Los pueblos

Son localidades de Tierra de Campos, donde predomina el barro en las construcciones y abundan los palomares y paneras, las iglesias grandes y las casas pequeñas.  En Villanueva de los Caballeros hay que visitar sus palomares, pues los hay de todos los tipos: de planta circular y cuadrada, encerrados en un recinto tapiado y exentos, dentro del núcleo urbano y fuera de él, todos son un derroche de equilibrio y arte… pero van desapareciendo porque las construcciones de barro, si no se mantienen, vuelven al barro. Como los hombres. Villanueva tiene una buena laguna y la torre de su iglesia es una balconada.DSCN6775

San Pedro de Latarce ya lo conocemos. Pero no nos cansamos de visitar sus calles, su peculiar recinto amurallado de calicanto y su molino de barro.

Belver de los Montes es distinto. Se levanta en la ribera del Sequillo y en la falda de un buen cerro de barro rojizo, ahora cubierto de pinos. Entre los pinos, inesperadamente, asoma su castillo, únicos habitantes del recinto amurallado. En la falda del cerro aparecen las torrenteras casi verticales modeladas en el barro por las aguas y conocidas como hornías en otros sitios, hurnas las llaman aquí. Es sobre todo, un pueblo ganadero: pastos en los pardos de la ribera y pastos en el monte. Hacia el oeste, una larga fila de naves donde se recoge el ganado, vacuno especialmente. Así que, contra lo que suele ser normal en esta Tierra, abunda más el ganado que el cereal, y el monte que el llano.

Terminamos en la entrada siguiente recorriendo el monte de Belver, el Manzanar y las encinas de San Pedro.

Vaca de buena cornamenta que nos miraba curiosa a 20 m de la desembocadura

Vaca de buena cornamenta que nos miraba curiosa en la desembocadura

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