Tierra de campos, montes y lagunas

Lagunas Villafafila

¿Quién dijo que Tierra de Campos no eran más que campos de tierra? Pues quien lo dijo no la conocía a fondo, o se quedó en la parte más difícil y dura de este paisaje, cuando al hombre le tocaba luchar a brazo partido con la gleba para conseguir una menguada cosecha con el permiso del cielo. Pero hoy las cosas han cambiado.

Han cambiado, y tanto el labrador como el visitante dominguero pueden disfrutar en esta tierra de paisaje tan variado. En la zona Este hemos pasado por montes, lagunas y campos. Sin contar el decorado de fondo –sierras nevadas- y el techo luminoso por el día o estrellado por la noche.

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Como dato curioso, unos centenares de metros antes de llegar al pinar de Villalpando , nos recibieron dos maíllos, uno a cada lado, precisamente en el camino del Manzanar. Si la pulpa del fruto es amarga y hasta desagradable, el jugo –ya a finales de noviembre- estaba pleno de sabor acerbo y profundo, como si llegara de las mismas entrañas de la tierra.

Los montes

Es una enorme mancha de arbolado que se extiende al sur de Villalpando y al noroeste de San Pedro de Latarce y noreste de Carrizo. Hay negrales, piñoneros y encinas; también hemos descubierto algún eucalipto. Hay zonas abiertas y limpias y otras cubiertas de maleza, ideales para que se oculten jabalíes, corzos y otros animales. Las encinas no olivadas poseen ramas revestidas de líquenes que les dan un aspecto fantasmagórico, más aun teniendo en cuenta que lo recorrimos justo cuando estaba cayendo la noche, y el monte parecía llenarse de todo tipo de sombras, algunas incluso parecían moverse.

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Pero es un monte de ayer, o sea, de mediados del pasado siglo. Además, todavía se ven pequeños claros de majuelos abandonados, que los respetaron al plantar el bosque. Bueno, realmente no todo es de ayer: se plantaron pinos, pero las manchas de monte enciniego ya existían desde siempre:

A la ida bordeamos el monte por el sur: extensiones onduladas de de terreno, limitadas por hileras de encina, antaño dedicado al viñedo y hoy al cereal, con manchas más o menos extensas de encina. Un lugar agradable para asear bajo la luz de Tierra de Campos

Los campos

Salimos de ese monte para caer sobre el río Valderaduey a la altura de Cañizo. Desde el puente se veía, en las agua del río, una inmenso banco de peces, alburnos debían ser, que hoy infectan todas las aguas con el permiso de la Consejería de Medio Ambiente.

DSCN7626Y ahora, a rodas por los campos. No son llanos, pues las subidas y bajadas son continuas. Aquí ya se empieza a observar cómo se acumulan las aguas sobre las tierras arcillosas, y parece como si quisieran volver las lagunas donde antaño estuvieron. Hay como una lucha entre las tierras de labor y las anegadas por las aguas. Aunque han ganado las primeras, a veces, cuando el año viene favorable, las segundas vuelven por sus fueros perdidos en algunos momentos.

Al fondo la sierra de la Culebra y, más al norte, el Teleno nevado. El día, perfecto: pleno de luz y sin viento, ideal para rodar sin frío a pesar de que la temperatura es baja.

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… y las lagunas

Al llegar al último repecho, se ve una inmensa llanura en la que sobresalen las torres de las iglesias de  Villarrín y otras localidades. Aquí están las famosas lagunas salitrosas de Villafáfila, ya explotadas en épocas prerromanas para extraer sal. Hoy son, sobre todo, una reserva natural en la que se refugian todo tipo de aves. Desde luego, fueron bastantes las avutardas que avistamos, también inmensos bandos de grullas. Sin embargo, cosa rara, no se dejaron ver ánsares.

De Villarrín a Otero de Sariego –pueblo abandonado- fuimos por las orilla misma de la laguna, que se confunde con el río Salado. Antaño fue desecada pero hoy la tenemos recuperada. Abundan los palomares de barro, la mayoría en ruinas.

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Y de Otero, después de acercarnos a la Laguna Grande, subimos a los altos de La Portilla y La Corona, desde donde pudimos contemplar un gran espectáculo: el panorama inmenso de lagunas, pueblos y llanuras formando un paisaje único, pocas veces visto con tanta perspectiva.

Bajamos –ahora por la ribera derecha- al Valderaduey, nos perdimos en el monte o pinar de Villalpando para aparecer de nuevo en el Manzanar de San Pedro de Latarce y acabar poco después la excursión junto al Sequillo.

Maíllas

Maíllas

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2 comentarios to “Tierra de campos, montes y lagunas”

  1. Gaudencio Busto García. De Camporredondo Says:

    Yo creo que si vuestra bici tuviera la velocidad limitada nosotros disfrutaríamos aprendiendo más.

  2. polita Says:

    Bonita excursión. Nosotros, sin embargo, a principios de octubre vimos muchísimos ansares. Las grullas están ahora llegando, qué suerte tuvisteis…

    Besotes.

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