Una isla de sol en la niebla

Trigueros

Día de niebla en Valladolid. Por tanto, hay que dar un paseo corto para no quedarse congelado en la bici. Además, vamos a tentar la suerte, pues tal vez no haya niebla en el páramo de los Torozos. ¿Qué tal cruzar el páramo desde Quintanilla de Trigueros hasta Autilla del Pino, ya en Palencia? Pasaremos por el monte de Dueñas y veremos fantasmagóricos robles, como apariciones. Y si levanta la niebla y podríamos incluso ver el mar de Tierra de Campos, ¡estupendo!

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En coche hasta Quintanilla y allí iniciamos la subida. Niebla cerrada, espesa, humeante. A pesar del esfuerzo, no conseguimos entrar en calor. Las manos y los pies se van quedando helados. Además, el camino está salvaje, con hierbas altas, por lo que vamos cogiendo todo el agua que desprenden al pasar y moverlas. Los pantalones y botas se mojan bien. Algún pino, alguna hilera de almendros se dejan ver. Los cuervos graznan. El reloj de Quintanilla, como todo está quieto, se deja oír con nitidez. Día perfecto de invierno.

Avanzamos un poco más y el sol parece que quiere salir. La niebla quiere como despegarse de la tierra roja, aquí abundante. Llegamos casi al ras del páramo: estamos en lo que queda de los corrales y chozo de la Chimenea, al final de un vallejo, ya en la linde del monte de Dueñas. ¡Hay claros en la bruma!

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A partir de aquí la niebla se deshilacha y el sol va ganando posiciones. Cruzamos el monte, y el sol saca todo el color amarillo a los robles, cada uno con tonalidad distinta, cada uno con diferente proporción de hojas que no se han desprendido aun del árbol. Salimos a campo abierto. Las tierras de labor se adornan con robles aislados, muchos a la vera del camino.

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Cruzamos las tierra rojas de Font, las caleras, y bajamos al valle de San Juan; hacemos de subida su último tramo. De nuevo en el páramo, cruzamos la cañada de Merinas, por aquí conocida como la Mendocina y también la carretera de Palencia. Pero no se ve Autilla del Pino, sino una densa barrera de niebla. ¿Para qué meterse entre la niebla? ¿Para quedarnos helados? ¡De ninguna manera, media vuelta!

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Y ahora tomamos la cañada hasta cruzar la carretera de Dueñas. En ella abundan los robles y encinas de buen porte. Vemos cómo el páramo es una isla de sol: por los cuatro puntos cardinales se levantan inmensas barreras de niebla. Pero no sabemos porqué, el caso es que la bruma nos ha respetado.

El camino nos lleva a Quintanilla, pero antes descubrimos los restos de un chozo, un artístico mojón y hasta nos acercamos a los derruidos corrales de Hoyalejos.

En Quintanilla nos recibe de nuevo la niebla. Hemos tenido mucha suerte, disfrutando con el sol en casi todo el trayecto. Nos hemos hecho unos 38 km.

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Una respuesta to “Una isla de sol en la niebla”

  1. Gaudencio Busto García. De Camporredondo Says:

    Mirando la primera foto me dan escalofríos.

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