Lavajos

San Vicente Palacio

Amaneció un día primaveral. Buena temperatura para salir con la bici y día luminoso, pese a estar en pleno invierno. Condiciones óptimas para nuestra excursión. Salimos desde San Vicente del Palacio en dirección oeste hasta la confluencia con el río Zapardiel, que para nuestra sorpresa llevaba agua, cuando normalmente está seco casi todo el año. Cruzamos por el vado siguiendo el camino que hay sobre el cauce del arroyo Malpaso, ahora cubierto por una pradera verde gracias a las constantes lluvias del último mes. La humedad se nota en todo el campo, con abundantes charcos y lavajos llenos de agua, pero también en los caminos arenosos de la comarca, que hacen pesado el rodar de las bicis, frenando nuestro avance.

A lo lejos, a nuestra izquierda vemos los restos del torrejón de Serracín que se yerguen sobre la llanura, pero nosotros seguimos nuestra ruta hacia el sur, levantando el vuelo de un bando de avutardas. Paramos para fotografiar los numerosos lavajos que han renacido y de repente, a nuestra derecha, sale fugaz una enorme liebre que sigue corriendo por las tierras en paralelo a nuestro discurrir. Y no será la única. Parece que los animales están contentos y se animan a hacer acto de presencia a nuestro paso, como queriendo celebrar que es el último día de caza de la temporada.

1. Vado M A

Nos acercamos hacia Lomoviejo -que tenemos a la vista- pero damos un pequeño rodeo para ver las lagunas de la Caballera y del Tío Juan y las chumberas que han nacido junto al camino, mirando al caluroso sur. En esta localidad se mantiene una costumbre el día 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes, donde a los jóvenes del pueblo se les nombrará alcalde y alguacil y velarán por la paz del pueblo durante esas fiestas, otros recibirán el cargo de mozos de puertas encargados de pedir por las casas para tener vituallas con las que pasar la fiesta y los mozos de costumbres, cuya función es cobrar la costumbre o cuota por dejar que los jóvenes forasteros pueda hablar o salir con las mozas de Lomoviejo.

3. Chumberas

Seguimos ruta hacia el sur entrando en la provincia de Ávila, pues Lomoviejo, Salvador y Muriel de Zapardiel son los pueblos situados más al sur de la provincia de Valladolid. Cruzamos otra vez el río por el vado y antes de llegar a Salvador de Zapardiel nos sale una nutrida bandada de perdices y un poco más adelante otra liebre nos sorprende con su rápida carrera. Rodamos un trecho por la carretera que lleva a la localidad abulense de Sinlabajos, para enfilar por camino hacia Muriel de Zapardiel, haciendo un alto en la ermita de la Virgen de los Remedios. En esta localidad se han encontrado restos de una necrópolis medieval de los siglos XII o XIII de la misma época en la que se construyó la cabecera mudéjar de la iglesia de la Asunción, así como restos de muros hechos de cal, ladrillo y canto, de donde podría provenir el nombre del pueblo, como muros pequeños. Al lado del templo pero exenta se levanta la torre de la iglesia como vigía o atalaya defensiva. Aquí, en Muriel, vio la luz en 1881 el escultor Moisés de Huerta y Ayuso aunque a muy temprana edad se trasladó a Bilbao, donde obtuvo formación en esta disciplina artística.

6 honquilana

Honquilana

Volvemos al camino para toparnos con un grupo de galgueros que aprovechan para poner a prueba sus perros ante las escurridizas liebres, experimentadas en escapar con sus quiebros a los ligeros canes. Es mucha la afición que hay en esta zona por los galgos, caballos y liebres. Llegamos a lo que antaño fue Honquilana, hoy reducida a escombros por el abandono definitivo de sus gentes a mediados de los años ochenta. Todavía recordamos haber conocido su iglesia en pie, aunque hoy, como todo el resto del pueblo es pura ruina. En 1250 aparece en algunos escritos con el nombre de Fontquilana y perteneció a la Comunidad de Villa y Tierra de Arévalo, encuadrada en el sexmo de Sinlabajos, junto a otros pueblos de la zona como Muriel y Salvador de Zapardiel, San Pablo de la Moraleja y las Honcaladas. Nunca tuvo mucha población, pues a mediados del siglo XIX contaba con poco más de 20 vecinos. Como parroquia fue suprimida en 1911, aunque se mantuvo su iglesia, pero ante el abandono progresivo de su mermada población, aquellos objetos de más valor fueron puestos a buen recaudo por el Arzobispado de Valladolid. Hoy podemos contemplar su retablo en la vallisoletana iglesia parroquial de Nuestra Señora del Prado en el populoso barrio de Parquesol. De líneas renacentistas de mediados del XVI, sus trazas se debieron a Blas Hernández mientras que las pinturas sobre tabla son de Joaquín de Vargas. Por lo que antaño fue su calle principal que lo atravesaba de norte a sur, hoy discurre el Camino de Santiago de Levante, y nada más salir del pueblo, donde comienza la carretera que lo comunica con la modernidad, aparece un hito que así nos lo indica. A nuestra derecha vemos la fuente del Caño, de la que todavía mana agua, que abastece a varios pilones que antaño tuvieron función de lavadero y abrevaderos.

Continuamos en una próxima entrada. En total, la excursión son unos 60 km.

4. Puerta

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