La baja Guareña

Castronuño Guareña

Nos quedaba por recorrer la última parte de La Guareña. El día no fue malo, salvo por el fuerte viento que nos dio de cara durante buena parte del trayecto. Salimos de Castronuño para caer en La Bóveda de Toro; de aquí fuimos hasta la desembocadura en el Duero cerca de Toro y, finalmente, desde el puente romano volvimos por la senda del Duero.

De fuente en fuente

 Después de bajar desde el mirador de La Muela hasta la fuente de la Salud, en la misma orilla del río, enfilamos rumbo a La Bóveda con la idea de pasar por la Casa de los Cantadales y visitar algunas fuentes del camino. Y es que esta casa se encuentra justo en la vertiente entre La Guareña y el Duero. Pero no adelantemos acontecimientos.

J alonso

Balsa del manantial de Joaquín A.

Lo primero que hicimos fue cruzar la línea del AVE bajo un puente. Y enseguida dimos con la primera fuente, en la ladera de Las Cárcavas. Es más bien un manantial que recoge las aguas en dos balsas protegidas por manzanos. No nos detuvimos en la fuente de Vanieto pero sí en el manantial de Joaquín Alonso, que nace en la peña y se represa en otras dos buenas balsas. Al lado, un prado en el que pueden pastar los rebaños.

Ahora dejamos la carretera para seguir el camino de los Cantadales. Es una subida larga y suave. Casi uno no se entera; sufrimos más el viento que el continuo desnivel. Además, el paisaje era especialmente ameno: chopos aislados, pinarillos, motas, picos; y el cereal que verdea con cierta fuerza. Además, encontramos un pozo tradicional en piedra caliza con su caseta y su pila.

Casa de los Cantadales, hace 3 años

Casa de los Cantadales, hace 3 años

Bueno, pues la casa de los Cantadales ya no existe. La han tirado. Sigue existiendo el lugar donde se asentaba, que mira ya hacia el aquí inmenso valle de La Guareña por un lado y, por el otro, hacia los campos ondulados o llanos del término de Castronuño.

Cuesta abajo entre peñas y almendros nos plantamos en la fuente del Burro, con su largo abrevadero. Otro poco más, cruzando el teso de la Nariz  y estamos en la fuente de los Herreros. Las dos con agua corriente.

Fuente del Burro

Fuente del Burro

La Guareña

 Y, de fuente en fuente, nos dejamos caer por la carretera hasta La Bóveda. ¡Buen caudal llevaba el río! Siempre habíamos visto el Guareña o seco o con agua sucia y maloliente. Esta vez era un río auténtico.

Seguimos por la ribera hasta la fábrica de luz, en ruinas. Para variar, nos acercamos a la fuente Nueva, en la entrada de Villabuena. ¡Qué falso es eso de que Villabuena ni es villa ni es buena ni tiene puente! Su puente  es uno de los más hermosos que hemos visto en muchos ríos. Es de sillería a hueso, de color anaranjado, con cinco ojos cubiertos con bóvedas de cañón. El encanto le viene también por el paso alomado y porque posee una fuente –estaba seca- unida al estribo de la orilla izquierda. Esta obra daba servicio a la calzada que unía Toro y Salamanca.

El puente

El puente

Además, la villa se encuentra protegida al Oeste por unos potentes cortados en los que hay un mirador al que no subimos. Lo dejamos para otro momento.

Montes, valles y collados

Decidimos continuar camino por la ribera izquierda, alejándonos un poco del cauce del río. Empezaron los toboganes entre picos, mesas y collados. La encinas adornan, moteándolas, las laderas. En los valles, cultivos. Por aquí abundan las viñas. De hecho, almorzamos en un majuelo denominado en el plano Viña del Señor.

Al fondo, el Risco

Al fondo, el Risco

Los caminos son nuevos, trazados más por ingenieros que por agricultores. Uno de los que tomamos pasaba justo por medio de un pico en el que se había realizado el correspondiente desmonte. Nunca mejor dicho.

Cuando nos cansamos ya de rodar cual saltamontes, decidimos bajar al valle para seguir a la vera del río. Entre las bodegas que cruzamos destacó la de Estancia Piedra con sus cuidados bacillares.

...y aquí desemboca.

…y aquí desemboca.

Y, al fin, pudimos saludar al Guareña donde entrega sus aguas al Duero. Dos kilómetros más y nos plantamos en el puente romano de Toro. Pero la vuelta por la senda del Duero la dejamos para la entrada siguiente. Hay sorpresas. En total, nos hicimos 70 km. ¡No está nada mal! Y aquí el track de Miguel Ángel.

¡Ah, y asistimos a la apertura de las primeras flores de los almendros! Véase:

22 febrero 032

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