De Toro a Castronuño por la Senda del Duero

Puente

Final de la excursión iniciada en la entrada anterior.

Alrededores del puente

El paraje sobre el puente romano de Toro no puede ser más espectacular y, a la vez, mezcla perfecta de aspectos naturales y artificiales: un puente de piedra que, con el dique que encauza al río por la izquierda  para hacer el cauce algo más estrecho en una inmensa curva donde el río quiere desparramarse, puede medir un kilómetro de largo, sin tener en cuenta los restos de calzada; las cárcavas rojizas de Toro cayendo al río bajo la ermita del Canto; las alamedas de la ribera; la pesquera hundida sobre la que se apoya el puente y que acelera la corriente; el prado con su fuente en la orilla derecha…  y alta, en la cima, la torre de la Colegiata, como transmitiendo un perfecto equilibrio a todo lo demás.

Macho burreño. Detrás, una mula.

Macho burreño. Detrás, una mula.

Nos alejamos por la orilla izquierda hacia Castronuño. Restos de calzada. Un río inmenso protegido por álamos. Volvemos a pasar por la desembocadura del Guareña y, ¡qué causalidad! nos encontramos con un macho burreño y una mula yeguata. Naturalmente, nos acordamos de Gaude. Sabemos lo que realmente son gracias a que podemos preguntar a su dueño, todo hay que decirlo.

Tímulos

Poco después, nos detenemos ante un azud en el Duero para producir energía eléctrica: el agua casi lo salta, de tan fuerte que viene. En el embalse se pueden observar aves acuáticas. Sin duda predominan los cormoranes.

22 febrero 259

Y llegamos al Caserío de Tímulos: coqueto, entre arboledas, con una sencilla ermita que se descubre gracias a la espadaña. Ya saliendo, nos fijamos en una extraña construcción que rompe todos los cánones. Algo así como un palomar subido en un enorme mojón (!). Nos acercamos –no hay nadie en el caserío para preguntar- y alguno casi se queda metido en un canal seco, ¡trampa mortal! ¡Nadie reconocerá lo que hacemos los ciclistas blogueros para informar al mundo!

Tímulos

Efectivamente, lo de arriba es un palomar, inaccesible hoy: por la puerta entreabierta se dejan ver los nidales. Y se asienta sobre un viejo torreón –calicanto, y sillería en las esquinas- macizo de origen tal vez romano o medieval. Luego nos enteramos de que esto es un despoblado. Pero poco más podemos contar: ¿alguien sabe algo?

Las Peñas y la presa de San José    

 A partir de aquí todo fue rodar y rodar por caminos de buen firme. A nuestra izquierda, el manso y fuerte río Duero delimitado por su bosquete de sauces, chopos y álamos que, en algún aclarado, nos dejaba ver las aguas. Entre los sembrados, algunos almendros lucían ya flor.

Río

Pequeño descanso en las Peñas, con su alameda-merendero. Cruzamos Villafranca

-¿Qué es mejor tomar aquí: un tinto de Toro o un verdejo de Rueda?

-Como los dos se crían en sus bodegas, ambos has de probar.

En la presa de San José el Duero se vuelve blanco y vaporoso de tanta espuma. Al fondo, las luces de Castronuño comienzan a encenderse. El sol ya ha caído. Una pequeña cuesta de nada y nos presentamos donde salimos, en el mirador de La Muela. Gran excursión.

Castronuño

ACTUALIZACIÓN: el vídeo de Miguel Ángel que, una vez más, se me olvidaba.

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2 comentarios to “De Toro a Castronuño por la Senda del Duero”

  1. Gaude Says:

    Vosotros aprendéis y yo disfruto.

  2. miangulo Says:

    Buena trepada esa.

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