Lancia, Eslonza, Escalada… (esto fue Valladolid)

Lancia

Provincias siempre existieron en España, al menos desde la época de los romanos. Sin embargo, la división provincial ha variado notablemente a lo largo de los siglos. Valladolid ya existía como provincia al menos desde el XVI, y comprendía un territorio similar al de hoy, más las Tierras o partidos de Benavente, Sanabria, Viana del Bollo, Almanza y Palenzuela. En el siglo XVII se citan también los partidos de Mansilla de las Mulas y Rueda del Almirante. La configuración actual data de mediados del siglo XIX.

Total, que aprovechando la historia, vamos a dar un paseo por el antiguo partido de Rueda del Almirante, que perteneció a Valladolid.

Cuevas debajo de Lancia

Cuevas debajo de Lancia

Entre el Porma y el Esla, Lancia

Salimos de Mansilla para encaramarnos por la Cuesta a la mismísima Lancia, romana y altiva. El lugar es inmejorable, y corresponde al ángulo donde termina la vertiente del Porma: al norte vemos la hilera arbolada de este río y al sur la del Esla; sus aguas se confunden a 5 km de aquí, cerca del monasterio de Santa María de Sandoval. Vemos la ciudad desmochada de Lancia, o lo que de ella han excavado. Asentamiento perfecto para dominar la vasta entrada hacia el norte, por León.

Nos vamos por un buen camino que nos deja en Villasabariego, pueblo profundo de barro. Es curioso: pensábamos que por aquí las construcciones serían sobre todo de piedra pero no, predomina el barro. Se nota cómo el terreno –sin abundancia de agua- trasmite su austeridad a estas poblaciones.

Entre Lancia y Eslonaza

Entre Lancia y Eslonza

Colinas de Eslonza

Subidas y bajadas –colinas continuas-, tierra roja, algunas cárcavas, motas de encinas, unos pocos chopos, campos de cebada…  el paisaje es de monte y cultivo de secano, muy adecuado para la bici. Por momentos divisamos el valle del Porma, al norte, que contrasta vivamente con la aspereza de estas tierras que rodamos. Después de dar varios giros y revueltas nos presentamos en un valle poblado, estamos en Santa Olaja de Eslonza. Una torre-espadaña nos da la bienvenida y preguntamos por los restos del monasterio, que está justo en el otro extremo del pueblo.

Santa Olaja

Santa Olaja

De nuevo nos quedamos sin habla. Y no por el esfuerzo. Son los restos del monasterio de San Pedro de Eslonza, que nos impresionan al contemplarlos por primera vez: ciclópeos muros de piedra reducidos a al caos sobre tierra desolada. Lo que no consiguió Almanzor en el año 988 –lo arrasó, sí, pero fue reconstruido un siglo después- lo alcanzó la mortífera desamortización. Menos mal que la espléndida fachada se salvó y la podemos contemplar en la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva, el León.

Después de pasear por las calles de Santa Olaja ponemos rumbo sur. De nuevo buenas subidas entre laderas de brezo y pequeños campos de cereal. Pero, alcanzada una cima, ya todo es bajada hasta tomar contacto con el verde valle del Esla, por el que discurrimos durante unos pocos kilómetros aprovechando la carretera.

6 julio 080

San Pedro de Eslonza

San Miguel de Escalada

Como queriéndose esconder en un pliegue de la montaña –a pesar de que unos metros más al sur un mirador nos descubre el fértil valle del Esla- descubrimos la joya de este territorio: el monasterio de San Miguel de Escalada, con un pórtico de columnas blancas al exterior.

Asentando sobre un monasterio anterior, construido con pobres materiales, es milagro que haya persistido hasta nuestros días. Sin embargo, las columnas, sus capitales y otros detalles ornamentales contrastan con la construcción. Y aquí hay un poco de todo: columnas de origen romano, capiteles visigodos, arcos de herradura producto de una simbiosis de los hispano y lo musulmán, adornos árabes. Bien puede decirse que esta pequeña iglesia es paradigma del arte hispano, por encima del románico o el barroco, de carácter universal.

San Miguel de Escalada

San Miguel de Escalada

Tal vez por todo lo dicho forma parte del paisaje: se abre con el pórtico de las columnas de mármol y adornos vegetales a la belleza exterior, a la vez que se recoge en penumbra a la que sólo llega la luz filtrada por los ventanucos de alabastro.

Continuamos en la entrada siguiente.

En San Miguel de Escalada

El equipo bajo los arcos mozárabes

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