Rueda del Almirante

Rueda

Rueda

(Viene de la entrada anterior)

{ Mis compañeros de ruta me dicen que, en la entrada anterior, se me ha olvidado poner que nada más salir de Mansilla nos cayó un fuerte aguacero que nos empapó hasta los tuétanos. Y que entre San Pedro de Eslonza y San Miguel de Escalada nos pasó lo mismo. Pues nada, ya lo he escrito. Lo que pasa es que uno, cuando va en bici, hasta disfruta con estas mojaduras. Y tampoco hay que ponerlo todo… Dicho lo cual podemos seguir, ¿no?}

Repuestos de la sorpresa y como queriendo oír los cánticos de la liturgia mozárabe entre las sendas ásperas del monte, nos introducimos de nuevo entre campos de robles y brezales. Ahora la subida, dando un amplio giro nos conduce, por fin, a Rueda el Almirante, cabeza de esta amplia comarca durante muchos siglos. Era la capital de 38 pueblos –hoy todavía llevan el apellido de Rueda– diseminados por buena parte del valle y la montaña. Aquí el Almirante –o su valido- gobernaba desde su castillo.  Y el pueblo es un auténtico picón que se adelanta sobre el Esla, una verdadera plaza fuerte natural. Hoy, sin embargo, la vemos perdida y olvidada. Con escasos habitantes, ya no tiene la primacía municipal que perdió en beneficio de Gradefes, y la comarcal a favor de Mansilla de las Mulas.

Pero Rueda conserva el espíritu de lo que fue, eso que nadie le podrá arrebatar. Los cimientos del castillo están visibles y un paseo-mirador que la bordea nos deja ver lo extenso y fértil de su viejo territorio. Y parece que nos dice: todo esto, y más que no se ve, fue mío.

La Fuente Romana

La Fuente Romana

Otro adorno importante de Rueda son sus fuentes. Nada más entrar nos reciben tres grandes pilones para abrevar el ganado; al pasear por sus calles descubrimos fuentes de todos los tipos, tamaños, edades: una artística con cuatro grifos; la de la Asunción, que es la única fuente-altar que he visto en mi vida, y, la Fuente Romana, verdadero vestigio de otros tiempos. Ésta tiene, además un estanque con ranas y peces y una amplia pradera con mesas para reponer fuerzas. Es lo que hicimos.

El valle del Esla

Cuesta marcharse de Rueda, pero como sólo hemos de dejarnos caer… en un pis-pas estábamos abajo, en el valle. Cruzamos Casasola de Rueda y Cifuentes de Rueda. Una carretera de las de antes, angosta y con hileras de chopos que juntan sus ramas sobre el asfalto, oscura, nos lleva a Gradefes.

6 julio 214

Otra visita, esta vez al monasterio de Santa María la Real, ocupado todavía por monjas cistercienses. Y otra peculiaridad en este monasterio: aunque es románico –su iglesia tiene una espléndida girola, algo que no es muy habitual- el claustro, sin embargo, nos recuerda las construcciones tradicionales de la comarca, con la balconada en madera que se asoma desde el primer piso. Las monjas son verdaderas hermanas en la vida y en la muerte, pues en el mismo patio del claustro, bajo unas sencillas cruces de madera, las fallecidas descansan como sin querer irse del todo, acompañando a las que todavía viven entre estas paredes.

¡Ah! estas monjas son unas expertas reposteras. Gracias a sus virutas, pudimos reponer fuerzas para seguir el camino.

Monasterio de Gradefes

Monasterio de Gradefes

Y la trampa final

La vuelta fue por el río, pues tomamos las sendas y caminos de la orilla izquierda, y atravesamos pueblos y campos de labor. La comarca es un verdadero vergel: gracias al Esla y al canal de Payuelos sobra agua para estos campos. Incluso atravesamos –algunos, que otros prefirieron dar un rodeo, todo hay que decirlo- vados con agua cristalina que nos llegaba por encima de las rodillas. Y es el paraíso de los pescadores: el ancho río ofrece sus tablas y pozas al pescador que aquí se encuentra a sus anchas para engañar a la trucha.

Los pueblos son sencillos –domina la torre piramidal picuda en la iglesia en vez de la espadaña- con fuentes de ricas aguas, con acequias y lagunas que quieren inundarlo todo, con caces que llevan agua al molino y socaces que lo devuelven al río-, con alamedas.

6 julio 245

Ya desde la carretera, pasamos junto a La Cenia, desde donde nos miraban los ciervos con cierto respeto.

Para terminar, nos metimos en la boca del lobo, o sea, entre el Esla y un cuérnago: después de intentar salir de frente por donde no había paso, media vuelta y de nuevo a la carretera. Pero ya estábamos en Mansilla, donde el bullicio del Camino de Santiago contrasta con la tranquilidad del río y el monte de los que venimos.

Aquí, la ruta según Miguel Ángel

Entrando en Mansilla

Entrando en Mansilla

Anuncios

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: