Una de cerros

Castros de Peñafiel

Pero no de cerros cualesquiera, no, que todos son históricos o, por mejor decir, prehistóricos. Parece que la comarca de Peñafiel, o sea, de Pintia, es especialmente proclive a los asentamientos de hace dos mil años o más. Así que nos planteamos mirar el paisaje como lo mirarían nuestros antecesores pintianos de aquellos siglos anteriores a Cristo. ¿Y qué mejor excursión que subir a los cerros donde aquellos hombres trabajaron, vigilaron y vivieron?

Un aviso. Se trata de una excursión mixta: en todos los casos, salvo en el primero, dejamos las bicis al comienzo de la cuesta y subimos caminando o gateando a la cima. En total, cayeron unos 56 km.

Cerro del Castro

Cerro del Castro

 Cerro del Castro

Domina de manera particular el valle del arroyo de la Vega que nace en las proximidades de Oreja. En él se asientan Langayo y Manzanillo, perfectamente visibles. Lo más característico es la piedra caliza que le cubre y sirvió de suelo al asentamiento primitivo: vuela a modo de visera sobre el espacio y debajo oculta concavidades naturales o provocadas por la extracción de yeso. Dentro, uno tiene la sensación de que la gran plataforma de piedra caliza se apoya en otra veta sobre unos pocos puntos. La gran visera se ha ido cuarteando y rompiendo en ciclópeos pedazos de piedra que se quedan en la ladera o ruedan hacia el fondo del valle.

De todas formas, este castro estuvo conectado con el nivel del páramo por una estrecha franja de terreno, que debía defenderse de manera artificial.

 

Pajares. ¿Las canteras?

Pajares. ¿Las canteras?

Pajares

 Solitario cerro que domina la llanura provocada por la conjunción de los ríos Duero y Duratón y el arroyo de la Vega. Es la continuación y de una hilera de montículos que viene desde el cerro del Castro Se levanta a unos dos kilómetros de Pintia y todavía hoy observamos la cantera de la que, según los entendidos, se extraían las lápidas que cerraban las urnas funerarias de los guerreros vacceos. Es, seguramente, el mejor observatorio de la comarca porque está lejos de la paramera. También debió poseer una torre de vigilancia comunicada con Pintia, pero de eso ya no queda nada; no obstante en la ladera Sur se levantó una casa o cabaña hace tantos años ya que sus ruinas parecen modeladas por el viento y la lluvia.

Hoy, un majuelo de tempranillo extrae de la tierra viejas esencias vacceas. ¿Qué sabores tendrá su mosto?

 

Vista de Pajares

Vista de Pajares

Cerro del Castillo  

Ya hemos citado alguna vez a Lucano: Nullum est sine nomine saxum. Una consecuencia es que no existen nombres gratuitos. Luego aquí hubo un castillo, sin duda. No quiero decir un castillo típico, como el de Peñafiel. Pero un castillo: una casa fortificada, una torre de vigilancia. Lo que sí está demostrado es la existencia de un poblamiento o castro hacia el siglo XVI a. d. C. Impresionan los murallones anulares que rodean la cima del cerro a diferentes alturas, y que en absoluto son bancales, a juzgar por las trazas y la verticalidad de las laderas. Si todavía impresionan los restos, ¡cómo debieron amedrentar al enemigo en aquellas lejanas épocas!

 

Cerro del castillo

Cerro del Castillo

El cerro avanza sobre el valle y en la zona más próxima al río lo vemos cortado a pico. Ni por la parte posterior se encuentra unido al ras del páramo, pues allí forma una pequeña vaguada. Perfecto como plaza fuerte (o castillo). La vista asombra. Pero…¿es posible que estemos en la provincia de Valladolid? El gran tajo del Duratón, con el río retorciéndose, acompañado por alamedas. A los pies, Rábano, Torre; al fondo, Canalejas. Arriba, navegando, buitres, alimoches, águilas. Y es que no estamos ni en el ras del páramo ni en el valle. Es otra historia.

Pico de la Mora

 

Pico de la Mora

Pico de la Mora

Último cerro, entre el del Castillo y Peñafiel. De aspecto similar al anterior pero más alto y cortado, si cabe. Blanco, con abundante polvo de cal y yeso. Otra vez los restos de impresionantes murallones anulares. Se distinguen también vestigios de accesos, entradas, caminos. Cortado a pico por el Oeste, con abundantes cuevas y viseras. Las murallas salen del paredón y se prolongan por la ladera. También hay una caída o fuerte desnivel antes, cortando con el ras del páramo. Otra plaza fuerte. Dominio sobre el valle, contacto visual con el cerro de las Cuevas, enfrente. Perfecto contraste con los majuelos de la base, verdes en verano, rojos en otoño. Majestuosa estampa.

Ríos y fuentes

Nos hemos movido en el ámbito del Duero y –sobre todo- del Duratón. Los días son todavía calurosos y se agradecen las fuentes y ríos del camino. Pasamos por el ya conocido Vallejo de las Fuentes, en el que persisten sin mayor novedad la fuente de la Chinchorra y el manantial de la Talda; la fuente de Barcolanas se perdió, al parecer, para siempre.

Vadeando el Duratón

Vadeando el Duratón

Fue agradable encontrar, en Peñafiel, la fuente de la Salud, con su pilón asimétrico respecto de los abrevaderos. Y al pie del cerro del Castillo, la fuente de la Revuelta: no vimos abrevadero, pero sí el manantial. También nos refrescamos en las fuentes urbanas de Canalejas y de Torre de Peñafiel. Al volver hacia Quintanilla cruzamos junto al humedal de la Laguna, lleno de maleza.

¡Ah! Y nos dimos el gustazo de vadear el Duratón entre Torre y Rábano. Traía corriente y el lecho era de arena. El agua fresca nos recompuso.

De vuelta

De vuelta

 

 

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Una respuesta to “Una de cerros”

  1. Antonio A Says:

    Una ruta muy interesante, saludos.

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