Pinares, páramos, valles… y su luz otoñal

Valdestillas Megeces

El día amaneció soleado; no había helado por la noche, a pesar de que lo hizo la noche anterior y volvería a helar la próxima. O sea, una jornada ideal para pedalear.

Habíamos elegido el trayecto desde Valdestillas a la ermita de San Cristóbal, en el término municipal de Aldea de San Miguel, en el borde mismo del páramo.

Pinares

Piñoneros

Piñoneros

Teníamos un poco de miedo: resulta que con el sol tan estupendo que hacía, nos íbamos a introducir en un pinar que, con las copas de los piñoneros, nos iba a dar sombra. Pero nuestros miedos se disolvieron enseguida: en la pista por la que rodábamos, en dirección sureste, nos daba el sol de frente. ¡Perfecto! Y luego, al tomar otros caminos, resulta que el pinar se aclaraba un poco: seguíamos recibiendo, agradecidos, los rayos del sol.

¡Espléndido el espacio pinariego! El aire estaba muy claro y luminoso, sin vahos ni neblinas, transparente. Los pinos estaban lustrosos, casi brillantes, como si las últimas lluvias los hubieran limpiado a fondo, tanto en su corteza como en sus afiladas hojas. Y el suelo, con abundante tamuja, tenía también un tapiz de hierba, cosa nada habitual porque, o bien está reseco o bien –en pleno invierno- se cubre de una capa de musgo.

Negrales

Negrales

No faltaron las setas de todo tipo, aunque ya un poco mustias por las primeras heladas del otoño. Utilizamos para rodar el kilómetro de la pista de aviones del Corbejón. Pero, como otras veces, las bicis no despegaron.

Y los caminos estaban ideales, la poca arena hacía un ruido agradable al contacto con las cubiertas de las bicis. Bueno, salvo a la salida de Mojados, ya a la vuelta, que nos quedamos trabados en dos o tres momentos.

Mojados

El Cega en Mojados

El Cega en Mojados

Fuimos a dar a la carretera de Valdestillas y, a los pocos kilómetros nos presentamos en Mojados, donde compramos un pan excelente. También dimos una paseo por el pueblo: las iglesias mudéjares, el palacio del Conde Patilla (uno de los pocos edificios todo en piedra), las numerosas casas en ladrillo tradicional, el puente sobre el Cega, la fuente de Carlos III. A la vuelta, pasamos por la ermita de la Patrona, la Virgen de Luguillas; pero estaba cerrada. Todo mereció la pena.

7 diciembre 109

En el centro, Aldea de San Miguel; a la derecha, Portillo

El páramo

Superado el pinar, en campo abierto, la luz era todavía mayor. Al fondo Portillo, encima de su cerro y abajo, la Aldeílla con la torre de su iglesia entre altos cipreses. Un poco de arena antes de acometer la subida al páramo y ¡qué subida!, corta pero muy dura. Claro que, una vez arriba, se nos olvidaron los sufrimientos de la cuesta. Un inmenso panorama con Pedrajas de San Esteban en primer plano, el Raso de Portillo, la Cistérniga y su cerro, Parquesol y Valladolid, los pinares, el valle del Duero… Pues sí, ha merecido la pena el esfuerzo.

Ermita de San Cristóbal

Ermita de San Cristóbal

Una pena que la ermita de San Cristóbal esté cerrada a cal y canto. Otra vez que subimos al menos el atrio de entrada no tenía puerta y en sus bancos se podía descansar, pero ahora una puerta metálica (fea, claro) nos impedía el paso. Menos mal que no había viento. En la pradera de jóvenes álamos descansamos un poco para seguir en dirección a Megeces, por campo abierto con algún roble.

En el páramo

En el páramo

Y el valle

Bajamos al valle por una umbría con firme un tanto resbaladizo; alguno se apeó. Unos peculiares montes en forma de pico –el Montón de Trigo, se llama uno- nos recibieron abajo. Currantes sembrando ajos y, cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos en Megeces, cruzando el Cega por el puente de un solo arco que de manera tan limpia salta el río.

Bajando, que es gerundio

Bajando, que es gerundio

Por la ribera –pinares, campos recién sembrados, ganado pastando, algún roble- dejamos muy cerca la cueva del Tío Botas y cruzamos la granja de Tablares para salir a la carretera. Desde Luguillas, por el carril bici rodamos hasta Mojados. Nos quedaba todavía el placer de atravesar el pinar hasta Valdestillas, de respirar nuevamente luz y aromas de arena y tamuja mojadas…

¡Qué buen día de invierno todavía en otoño! Salieron algo más de 50 km.

A la vuelta, el tiempo se arrugó un poco

A la vuelta, el tiempo se arrugó un poco

 

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