El día que levantó la niebla. De Sardonedo al castillo de los Quijada

Valdenebro Villabru00E1gima

Llevábamos en la ciudad –y en buena parte de la región- dos semanas sin ver el sol a causa de la persistente niebla. A pesar de todo decidimos salir, pues el parte pronosticaba vientos moderados. Ese viento barrerá las nieblas, seguro. Eso creíamos.

Empezamos a pedalear desde Valdenebro de los Valles. En el mirador que hay en la esquina norte del pueblo se veía el Moclín cubierto de niebla espesa. Bueno, levantará a mediodía. El viento nos iba a dar de cara al menos durante la primera parte del trayecto.

En Sardonedo

En Sardonedo

Enseguida llegamos a Sardonedo, que ahora es un vértice geodésico que señala el punto más alto de la paramera de Torozos (856). También es el nombre de una finca pero antaño fue un monte, del que hoy no quedan más allá de unos pocos quejigos y encinas. Y, como la niebla espesaba, no pudimos ver demasiado panorama. A poco más de un tiro de piedra está la fuente del Prado y, hacia el noroeste, estuvo el convento del Valdescopezo.

Los caminos estaban con buen firme y poco barro. Pasamos cerca de los cálamo sque señalan el nacimiento del arroyo de Coruñeses y luego junto a un chozo de planta cuadrada. Un poco más y llegábamos al caserío de Coruñeses, donde el Tren Burra giraba 90 grados hacia el Oeste y había un apeadero.

El palacete de Valverde

El palacete de Valverde

Y ¡a descender si prisa por el vallejo hasta Valverde de Campos! La verdad es que el paisaje es precioso: laderas verdes, el firme del tren a media altura, dos molinos de cubo, abundantes huertas –alguna con noria-, frutales, fuentes, alamedas… En el pueblo nos recibe la iglesia de Santa María, con su austera espadaña con tribuna para acceder al campanario y su acogedor atrio. Enfrente, como contrapunto, la sencilla ermita del Cristo.

Como de lejos nos llamó la atención un palacete de piedra que sobresale en el caserío, nos acercamos a él. Impresiona encontrar hoy un edificio así en un pueblo perdido entre los límites de Campos y Torozos. Una muralla lo rodea; el arroyo de Coruñeses se oculta para pasar canalizado por la finca. Pero la maleza se está apropiando de sus muros, puertas y ventanas, lo cual significa que tiene los días contados…

Desde el Pico

Desde el Pico

La etapa sigiente consistió en un agradable paseo por el páramo. Subimos por el Pico, y ya allí nos asomamos a las inmensa Tierra de Campos. Pero no vimos demasiado. A pesar de que el viento había elevado la niebla, y de que por algún instante tímidos rayos de sol se colaban, no se veía demasiado. Todo lo más, Medina de Rioseco o el mismo Valverde entre neblinas. Pasamos junto a la Carva (845) después de comprobar que ha desaparecido por completo la cañada del Aguachal, que cruzaba por este pago.

 

Campos de Villabrágima

Campos de Villabrágima

Por fin, nos dejamos caer entre los cerros de la Ballesta y de Pajares. Entramos en Villabrágima por un camino flanqueado por dos tapias de piedra que parecen más bien murallas de una fortaleza. La del oeste está especialmente bien construida, con enormes piezas sin trabajar que le sirven de base y sobre las que se asientan otras más pequeñas.

El trayecto hasta Villagarcía lo hacemos por un amplio camino paralelo a la carretera que hasta hace poco era conocido como La Zamorana, porque hacia esa ciudad se dirigía. Cruzamos pequeños regatos, algunas alamedas y ruinas de antiguas casas de labor. El sol quiere salir pero no puede, aun queda mucha niebla por barrer.

El molino

El molino

Por fin, nos plantamos ante las ruinas del molino de viento de Anunciación Maseda, de planta circular, sobre una ondulación del terreno. Las paredes de la primera planta, de buena sillería, están perfectas gracias a la calidad de la piedra caliza. De la dos puertas, una conserva el arco con la clave como queriendo huir. Están los agujeros sobre los que se asentaban las vigas de la primera planta y el colector de harina labrado en la pared. El resto fue cayendo y rodando hacia el canal de Macías Picavea.

En Villagarcía están limpiando y consolidando el castillo-palacio de los Quijada, por lo que no podemos entrar. Nos acercamos a la Colegiata de San Luis y damos un paseo por el pueblo, todo él repleto de casas y palacetes en piedra de sillería que lo convierten en una localidad verdaderamente noble. Y reponemos fuerzas, que va siendo hora.

La vuelta la dejamos para la siguiente entrada. Hemos recorrido ya 30 km aproximadamente. La excursión completa son 58 km.

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