Lagunas en Tierra de Pinares

Laguna del Carrizal

Laguna del Carrizal

Esta vez nos fuimos a la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, ya en Segovia, pero sin romper los límites de la Tierra de Pinares. Una buena manera de captar la inmensidad de estos horizontes es subir hasta el castillo de Íscar: desde allí veremos una alfombra verde sin fin aparente que se acerca hasta las mismas faldas de Guadarrama.

La región de este trayecto se extiende entre Hontalbilla y Cantalejo, donde distinguimos dos grandes grupos de lagunas: el de Lastras y el de Cantalejo rodeados de dunas y montes de negrales.

Aquí tienes el recorrido.

Pero no sólo disfrutamos viendo láminas de agua; hubo otras muchas cosas interesantes. Veamos algunas, empezando por las lagunas que están más al norte, las de Lastras.

En el carrizo de la laguna Lucía

En el carrizo de la laguna Lucía

Lagunas de Lastras

Bueno, la primera a la que llegamos –la laguna Lucía– pertenece realmente al término de Hontalbilla. Tiene una superficie aproximada de 9 Ha y nos desilusionó un poco, pues está literalmente invadida de carrizo en casi toda su extensión; nos costó llegar a ver el agua. Está rodeada por una hilera de grandes álamos, por lo que el paisaje ganará en verano. Las aves estarán a su antojo, pues nadie las ve y nadie las molesta, salvo alguna rapaz.

Cruzando la laguna Tenca

Cruzando la laguna Tenca

A escaso metros se encuentra la laguna del Carrizal, de extensión algo mayor. Sí, tiene carrizo, pero mucho menos que la anterior. Deja ver sus aguas desde más puntos. Parece amenazada por una gran duna de varios metros de altura, pero la arena está bien sujeta por los negrales que en ella crecen. Hay carteles prohíben pescar ¿qué? ¿tencas, cangrejos? Curiosas estas lagunas en las que el panorama de fondo es un inmenso bosque de altos negrales.

Finalmente, la laguna Tenca. Un inmenso riñón de unas 30 Ha que se encontraba seco. Aparecía como un gran prado con hierba y humedad. Cruzamos en bici por su parte más ancha, para certificar la falta de agua. Es, con mucho, la de mayor superficie.

Dunas y negrales

Negral y duna

Negral y duna

El itinerario de esta excursión discurre entre el río Cega y el páramo, una zona en la que los siglos soplando –la acción eólica, que dirían los técnicos- acumularon tal cantidad de arena que llegaron a formarse inmensas dunas, que más tarde quedaron fijadas gracias a las raíces de enormes negrales. Consecuencia sencilla para el ciclista: que no se puede rodar, pues los neumáticos se hincan literalmente en la arena y no hay quien los mueva. Cierto que el pinar está atravesado por innumerables caminos de los resineros, pero ellos utilizan vehículos todo terreno movidos no por la sangre sino por motores diésel. Y eso se nota aunque uno se alimente bien. O sea, que lo mejor es caminar o llegar en bici por las pocas pistas que atraviesan el pinar.

Atrapados en la arena

Atrapados en la arena

De manera que caminamos bastante, nos llenamos de arena, escalamos dunas y nos tiramos cuesta abajo por los arenales. A alguno se le clavó la bici -¡traicionera!- y salió despedido por delante. Menos mal que la arena es blanda.

Por otra parte, los negrales son aquí inmensos y fuertes, anchos y altos. Parece como si la arena les alimentara bien, o como si a lo largo de los siglos los resineros, además de sangrarles, les hubieran cuidado con especial esmero. No sé por qué, al caminar con la bici de la mano, me venían a la cabeza aquellos versos del Poeta:

Arenales

que dan estas copas

tan verdes al aire,

¿serán arenales?

Ya se ve que Paco Pino también sospechaba de estas arenas, aunque él se refería a los pinos piñoneros, o sea, de un verde más claro.

El Cega

Río Cega cerca del molino del Ladrón

Río Cega cerca del molino del Ladrón

 

En dos ocasiones nos acercamos al río Cega. La primera, a la altura del molino del Ladrón. Allí rugían y espumeaban las aguas saltando entre enormes piedras graníticas, como si estuviéramos en plena montaña. Se adivinaban las truchas. El Ladrón debió de ser un molino con gran capacidad, a juzgar por sus proporciones.

La otra ocasión fue en el puente de Segovia, construido en el año 1762 según reza una inscripción hecha en un resalta de la barandilla, justo encima de la clave del arco. Aguas arriba, otro enorme molino con los restos –no de piedra, sino de grandes troncos- de la presa. En todo caso, la ribera del Cega es un estrecho y denso bosque de sauces, álamos, chopos.

Cerca del puente de Segovia

Cerca del puente de Segovia

Continuamos en la entrada siguiente.

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