Viñas, almendros, siestas

Bodega de Basilio

Por fin hizo un buen día aunque el sol no madrugó demasiado debido a que esa noche nos habían cambiado la hora. Pero salió. Le acompañó una brisa suave y unas nubes altas, de gasa, que le quitaron un poco de potencia. Hemos dejado atrás el invierno y la fuerza del sol va a más cada día.

¿Destino? Fuensaldaña, para almorzar en una bodega. Pero este objetivo lo dejamos para la siguiente entrada. Aquí hablaremos del trayecto.

Hacia Fuensaldaña

Hacia Fuensaldaña

De Valladolid a Fuensaldaña, subidas y bajadas. Pero no costaba (casi) subir debido a que habíamos empezado un día primaveral y los campos brillaban con tanta luz. Además, llevábamos muy pocos kilómetros en las piernas.

Al salir de la bodega enfilamos la cuesta más potente del término municipal. Nos auguraron que nos bajaríamos de las bicis. ¡Quiá!, que el milagroso clarete nos había infundido una segunda fortaleza -¿o eran alas?- que nos hacía capaces de subir las cuestas más empinadas. Eso sí, al llegar arriba, después del almuerzo y la subida se impuso por consenso una ligera siestecilla (bueno alguno dijo que se había desvelado y se dedicó a pasear. ¿O lo soñó?) Sea como fuere, si los bacillares llevaban todo el invierno durmiendo, ¿qué menos que unos ciclistas dejaran reposar por unos momentos sus músculos mientras otros órganos trabajaban para trasformar mosto, pan y tortilla de patata en pura fuerza?

La cuesta

La cuesta

Seguimos camino. Todo majuelos y almendros en flor, cantos rodados y tierras anaranjadas, flores en los perdidos, cebadas verdes, el cielo blanquiazul y el horizonte limpio. Vamos, que no costaba pedalear. Todo esto nos recordaba los matices del clarete: parece como si los vinos trasformaran el paisaje en color, aroma y sabor. También nos animaron las liebres, pues vimos unas cuantas parejas corriendo sin bajar las orejas, con la cabeza vigilante.

Desde Trasdelanza. Al fondo, Valladolid

Desde Trasdelanzas. Al fondo, Valladolid

Subimos a Trasdelanzas para contemplar toda la comarca en un solo panorama: Mucientes, la torre del castillo de Fuensaldaña, la iglesia de Cigales, y sus coloridos campos. O sea, el reino terrenal del Clarete. Y mas al fondo, el cerro San Cristóbal y Valladolid. Bajamos al valle del arroyo del Prado para seguir por la ladera de ladera de Porreras, en la falda sur del teso Blanco, que arriba está cubierto de almendros. Ahora, Trasdelanzas se ve desde todas partes.

Majuelo y almendros

Majuelo y almendros

Decidimos acercarnos hasta la Casa de Quijada, cerca de la fuente del Tío Pajarito, en la ribera del Prado, ya cerca de la autovía. El paraje sigue siendo agradable, con alamedas, praderas, majuelos, y el arroyo en medio. Pero de la casa sólo quedan las ruinosas paredes de barro, bien asentadas sobre piedra.

Enfilamos hacia Valladolid pasando cerca de la fuente de Valdetán, con sus álamos gigantes en la ladera, y llenamos los bidones en la bien conocida fuente de San Pedro. Y desde el Berrocal conectamos con el Canal de Castilla para llegar a la dársena por el camino de sirga. Cayeron unos 42 km. ¡Ojalá vengan más días primaverales!

Y el track de Miguel Ángel.

Casa de Quijada

Casa de Quijada

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