El monte del olvido, en Cigales

Cigales y el monte

Cigales es conocido no sólo en España, sino en buena parte del mundo por sus vinos, que están conquistando nuevos mercados. El cigales de siempre se denomina clarete, pero como hay que estar en las barras de postín y a los tiempos modernos, los entendidos han impuesto el rosado. Igualmente, hoy sus bodegas crían un excelente tinto. También es conocido Cigales por su catedral, construida sobre viejos arcos en el hondón del lagunajo.

Pero nadie lo conoce por su monte, y eso que esconde algunos de los rincones más bellos de la Provincia. O tal vez se desconoce el monte precisamente por eso, por sus escondidos rincones. Sea como fuere, hay que darse una vuelta –en bici o andando- por allí. No defraudará, y no lo olvidaremos.

La alberca

La alberca

Sí, es muy poco lo que queda de auténtico monte, que antaño llegaría hasta las inmediaciones de la localidad. En el siglo XIX tapizaba el no muy grande páramo del término municipal y hoy, ni eso, quedan sólo algunas manchas y las laderas del páramo. Pero de una riqueza paisajística llamativa.

El término municipal es una faja que sube desde la autovía de Burgos hasta la provincia de Palencia, pues linda con el término de Ampudia precisamente en el páramo de los Torozos. A la vez, a partir de Cigales, se va cerrando en el valle del arroyo Valcaliente. Tal vez el nombre se deba a que está abierto hacia el Sur, bien protegido por el páramo en el resto de los puntos cardinales. Prácticamente todo este valle, de buena grava de cantos rodados, está dedicado al la vid y, en menor medida, al cereal. Le surcan un camino que se divide en otros dos: el que lleva a la Mesa y al Tornillo, y el que pasa por la Cañada.

Subida al monte por la Cañada

Subida al monte por la Cañada

El Tornillo. Este valle –muy estrecho ya y de unos 2 km de largo- deja al Oeste las casas de la Mesa, asentadas sobre un auténtico cantil, y con las laderas cubiertas de robles y encinas, el fondo del valle sembrado primero y luego tapizado de praderas y juncos, llega hasta las casas de la Barranca, ya en el ras del páramo. Poco antes de llegar pasamos por un manantial con alberca de piedra vigilado por un enhiesto chopo, el único entre robles y encinas. Pues eso, para perderse. Lo del tornillo supongo que se referirá a las revueltas del vallecillo, al formar pequeños tornos o tornillos.

 

Viejo roble

Viejo roble

La Cañada. Aquí llaman la atención dos álamos de corpulenta copa, que se elevan a unos metros de este manantial. Está justo al otro lado –al Oeste, por tanto- del cantil de la Mesa, punto que ofrece una buena perspectiva para contemplar el comienzo del valle. En esta zona las laderas no están excesivamente recubiertas de árboles o matorral, y puede verse la caliza al desnudo. El lugar lo completan unos frutales, algún pequeño álamo, un colmenar y un estrecho y precioso prado. Pues igual, ideal para una merienda cualquier día de cierto calor.

Pozos ganaderos. Un poco más arriba del manantial, un pozo con un llamativo brocal de una sola pieza y un abrevadero han quedado escondidos en la maleza. Otros pozos del monte son el de Valcaliente, el Nabujil, el del camino de Villalba, o el de la Mudarra. Verdaderas esculturas de piedra caliza.

Curioso pozo

Curioso pozo

Ruinas. Sí, desgraciadamente abundan. Antaño había casas de labranza o ganaderas, y corrales y chozos de pastor. Podemos ver las casas de Ángel Benito, o el caserío de Megeces, o los restos de un chozo de planta cuadrangular con cuatro inmensos corrales, además de otras corralizas esparcidas por el monte. De momento, la Barranca y la Mesa siguen habitadas.

Robles. Ciertamente abundan, sobre todo, las matas de roble y las encinas. Pero nos sorprenderán algunos inmensos robles, como el que hay todavía más arriba en el camino que conduce al manantial de la Cañada, o el que hay cerca del chozo de planta cuadrangular.

Manantial de la Cañada

Manantial de la Cañada

Y ya para terminar, podemos subir a Yeseras para contemplar todo Valcaliente, en el cerral oriental del valle. Lástima que al lado haya una escombrera. O pasear por las zonas destinadas a cultivo en el monte llano del páramo, acuarteladas por hileras de encinas: es algo típico de los Torozos, que a vista de pájaro componen un llamativo mosaico. O, en fin, rezar una oración al pasar por la cruz de un tal Federico Sanz, muerto en accidente cuando acarreaba, allá por el otoño de 1932.

Y de todo esto… ¡nadie habla en las guías y páginas web turísticas de Cigales! ¡Pero existe, ya lo creo!

La zona de páramo a vista de pájaro, o de Google

La zona de páramo a vista de pájaro, o de Google

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