Entre el Bustillo y el Valderaduey

villacidTal vez lo más llamativo de esta excursión fue el hecho de encontrarnos una Tierra de Campos distinta de lo habitual, o al menos distinta de lo que normalmente se espera de ella. El paisaje no era gris, ni marrón, ni oscuro, ni –mucho menos- tenebroso y duro. Al revés: la luz lo inundaba todo, la claridad brillaba, los colores se desbordan en la retina y en el paisaje. Las cien las tonalidades del verde, dependiendo del momento de las cebadas o el trigo, según la tierra en la que nacían y el agua recibida; varios tintes del marrón en la tierra, según la humedad o el tipo de suelo; el amarillo brillante de las gébanas en algunos campos; las hileras de árboles empezando a verdear y, en el cielo, azul y blanco en movimiento. Al fondo, las montañas nevadas de la cordillera Cantábrica; en las cunetas o en el centro de los caminos, distintos tipos de flores con su distinto color.

Camino de Castroponce

Camino de Castroponce

O sea, en estos meses de abril y mayo esta Tierra parda es una fiesta. Pero hubo más sorpresas.
Entre Castroponce -pueblo con dos barrios, el viejo y el nuevo, construído porque el Valderaduey se llevó el anterior allá por el año 1961- y Mayorga nos encontramos Los Manantiales, en la ladera de una loma: dos fuentes con abrevaderos en escalera y varios manantiales afloraban para dar más alegría al paisaje. Chopos, álamos y algún manzano florido adornaban la pradera. Las fuentes habían sido restauradas por una asociación de cazadores de Mayorga. El frescor seguro que permanece aquí durante el verano.

Los Manantiales

Los Manantiales

Dos miradores se cruzaron en nuestro camino. El primero de ellos, el de Lastras de Poleo, justo en la linde de Mayorga con Villalba de la Loma, se levanta entre los ríos Cea y Valderaduey y, por tanto, dominaba buena parte del paisaje de ambos valles, con muchos de sus pueblos, tierras, arboledas, caminos… Parece como si quisiera abarcar la inmensa y ondulada Tierra de Campos.

En Lastras de Poleo

En Lastras de Poleo

El otro es el mirador preparado en el mismo Villanueva de las Condesa, sobre sus bodegas y cárcavas, y abierto a los valles que bajan hacia el Valderaduey y el Bustillo. También deja contemplar una infinidad de pueblos y torres de campanarios. Y, por completar la colección, subimos al vértice geodésico de Valdemontorio, en Villalba: como el monolito estaba inclinado y sin quitamiedos, mareaba un poco estar en la cima.

En las proximidades de Vega de Ruiponce, además de contemplar palomares y otras construcciones –todas de barro y muchas rodeadas de almendros- en la ribera del Valderaduey, nos acercamos a la ermita donde se venera el Santo Cristo de la Vera Cruz. Allí también, al otro lado de la Zamorana, apoyada en un trípode, vemos la curiosa Piedra del Milagro. Cuenta la leyenda que unos arrieros fueron acusados de robar aceite de la ermita del Cristo y, al negarlo, juraron que no era cierto y que, si lo fuera, se despanzurrara su buey. Al momento se desprendió, convertida en piedra, la panza del animal. Lo cierto es que se trata de una pieza, de media tonelada de peso, cuya composición no se encuentra en Tierra de Campos.

Al fondo, Melgar de Abajoy la cordillera

Al fondo, Vega de Ruiponce, Melgar de Abajoy la cordillera

Después, hay que dar un paseo por Vega: la iglesia del Salvador se encuentra en lo más alto y el pueblo posee típicas -y bellas- casas tradicionales, además de fuentes y pozos.

Alamedas y choperas, árboles aislados, arroyos y manantiales, lomas y vaguadas, amplios valles, todo parecía vestido de fiesta en esta austera Tierra. También nos sorprendieron las fuentes de arca abierta en Villalba de la Loma y en Bustillo de Chaves, en este último lugar, recientemente restaurada. O el simpático pozo ganadero a medio camino entre Villacid y Gordaliza, o aquel otro –también con abrevadero- a la salida de Villanueva.

Esta vez, no llevamos mapa, por lo que rodamos un poco a ciegas y no descubrimos algunos puntos que los mapas te pueden señalar como interesantes. Pero como el paisaje no viene en el mapa, descubrimos con más facilidad esos panoramas infinitos llenos, esta vez, de color y alegría. Que así también es Tierra de Campos.

Desde Villanueva de la Condesa

Desde Villanueva de la Condesa

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6 comentarios to “Entre el Bustillo y el Valderaduey”

  1. Gaudencio Busto García Says:

    Ya sabéis que lo mío -porque me gusta saber- es preguntar. Si la palabra gébena no la recoge el DRAE y vosotros, es lo que a mí me parece, sois de ciudad, quién os ha dicho que esa planta de flores amarillas se llama gébena?

    Abrazos rurales.

  2. Ars Natura Says:

    Bonito paseo por esa tierra que me gusta y quiero tanto, Tierra de Campos.
    Los manantiales los restauró hace ya unos cuantos años la asociación de cazadores Ceaduey. Recorresrse todos los manantiales que hay en el término de Mayorga ya es una buena excursión que espero que algún día nos contéis en este blog.

    Respecto a la gébena os dejo un enlace:
    http://hierbasdetindara.blogspot.se/2013/01/9-sinapis-arvensis-mostaza-silvestre.html

  3. Gaudencio Busto García Says:

    Preguntaba lo del nombre de gébena porque no aparece en muchos sitios, llegué a pensar que sería sólo de esta tierra de pinares. Ahora que ya veo que no, os lanzo otra pregunta: en mi pueblo, desde siempre, se dice estar más loco que una gébena. ¿Podéis decirme de dónde procede el dicho? es que no tengo ni idea y el dicho se usa con frecuencia.

    Que seáis felices.

    • piscatorem Says:

      Pues si no lo sabes tu, Gaude, que eres de campo, ¿cómo lo vamos a saber nosotros? Óscar me dice que ni idea. A mi se me ocurre, por decir algo, que “sale a lo loco”, en cualquier sitio, “sin ton ni son” como actúan los locos. Además, es una planta de aspecto dergarbado y de la mayoría de los locos tenemos esta idea -faltos de equilibrio- Pero habrá que dar con la verdadera procedencia. Un abrazo

  4. Óscar Says:

    Gauden, no todos somos capitalinos, alguno hemos vivido en un pueblo, concretamente en Tierra de Campos de Palencia. Como las amapolas, en cuando llueve un poco y buena temperatura, aparecen enseguida en el campo. Se la considera mala hierba, apareciendo en primavera en cunetas, campos no cultivados y en los cultivados entremezclada con el cereal. El nombre de gébanas, gévanas, gébenes o amarillas (sinapis arvensis) no aparece recogido en el DRAE, pero lo he visto escrito de diferentes maneras y no sé cuál es la correcta. Es la mostaza de campo, de color amarilla, frente a la mostaza salvaje (Lepidium campestre) que tiene las flores blancas que más tarde camiban a verdes y que también coloniza los campos. He leído que sus hojas son comesibles en ensalada o cocidas, así como sus semillas utilizadas como la mostaza blanca, aunque no conozco a nadie que las consuma. En exceso pueden ser venenosa, tener efectos irritantes sobre la piel y vasodilatación de los vasos capilares cutáneos. Tal vez por esta razón, quien la consumía acababa con tremenda picazón que le provocaba nerviosismo. De tanto rascarse acabaría loco. Pero, desde luego, ese dicho no lo había oído nunca.
    Un saludo.

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