Arquitectura tradicional de una comarca peculiar

illalonso. Capitel mozárabe

Villalonso. Capitel mozárabe

Como si fuera un preámbulo de lo que, a lo largo del día, íbamos a contemplar, nada más bajar las bicis del coche en la colada de los Toros de Pedrosa del Rey, nos encontramos con que habíamos aparcado frente a una casa de ladrillo que, entre los balcones de la primera planta tenía en ladrillos resaltados de un color rojo más intenso las iniciales de –suponemos- su primer propietario: M E C ¡Buena manera de personalizar una casa!

La comarca donde se levanta esta villa junto con las de Casasola, Benafarces y Villalonso tiene sus peculiaridaes y comparte muchos rasgos con las limítrofes de Torozos, Campos y Toro. Por eso abundan las construcciones de piedra –tiene canteras de los últimos tesos del páramo-, de barro –predominan los campos de tierra- y de ladrillo, por su cercanía a Toro. O sea, puede considerarse una verdadera encrucijada.

Adobe revocado con zócalo de mampuesto ordenado

Adobe revocado con zócalo de mampuesto ordenado

También es peculiar porque sus casas están bien conservadas –la mayoría no se están cayendo, ni se han caído, como en Tierra de Campos- y hay pocas viviendas nuevas, como sería el caso de los pueblos de los alrededores de Valladolid o de comarcas como más pujantes como Peñafiel o Medina del Campo. Muchas son construcciones dignas que se han conservado bastante bien. Cosa no muy habitual.

De alguna manera, estos pueblos siguen formando parte del paisaje, pues al mantener su arquitectura tradicional, mantienen su fisonomía secular, ya que utilizan materiales del lugar modelados o trabajados por los propios vecinos de generación en generación. Conservan el equilibrio con la naturaleza en la que siempre han vivido.

Casa de piedra, ladrillo y barro en Casasola

Casa de piedra, ladrillo y barro en Casasola

Casasola de Arión

Esta villa, que debe su apellido a los Duques de Arión es, seguramente, la más noble y rica de la zona. Abunda la piedra –también el ladrillo, y algo el barro- bien tallada en sillares, proveniente de las canteras de caliza gris del mismo término municipal. Las calles son amplias, aireadas. Se nota un pasado cercano floreciente y rico, cuando media España utilizaba las aventadoras fabricadas aquí. Hasta las eras poseen un empedrado elegante y unas construcciones auxiliares de buen porte. Además, tuvo tres molinos. El puente sobre el Bajoz por el que entramos al pueblo se alarga derrochando un curvado pretil nada vulgar.

Porches. Villalonso

Porches. Villalonso

Villalonso

Es el la villa de los rincones. A las afueras se levanta un castillo magníficamente conservado. Tiene un conjunto urbano de calles irregulares, agravado por continuos callejones sin salida que llevan a puertas principales y traseras. Un encanto. Como asunto anecdótico, podemos contemplar una columna mozárabe reutilizada para sostener el porche de una casa. Demasiado reutilizada, pues el pedestal es otro capitel mozárabe al revés. A pesar de la proximidad de las canteras, aquí abunda primero el barro y luego el ladrillo. La piedra se deja para la iglesia y algunas casas señoriales. Es, tal vez, el más pobre de esta pequeña comarca.

Tejaroz. Benafarces

Tejaroz. Benafarces

Benafarces

Aquí hay un poco de todo: piedra, ladrillo y barro. Algún culo de saco, calles anchas y calles estrechas, balconadas y ventanucos. Aunque se dan por toda la comarca, son llamativos los tejaroces aprovechando los rincones en los que se abren las puertas de las casas. Y en esos rincones, no suelen faltar poyos y poyetes, para hacerlo todo más agradable y humano. También hay abundantes pósitos o cillas, como si hubieran querido recoger en ellos toda la abundante cosecha de la llanura occidental a la que se asoma el pueblo. Al soportal de la iglesia se accede por un empedrado de cantos rodados y calizas que conforma la frase VIVA LA FE, de trazas netamente populares.

Peculiar dintel en puerta trasera

Peculiar dintel en puerta trasera. Benafarces

Dos pozos en desuso, con llamativas construcciones externas que se levantan en ladrillo (con varios caños, escaleras, barandillas y pequeños adornos, además de abrevaderos) los podemos visitar en la zona de las eras, al otro lado del río. Curiosamente, uno de los pozos posee 8 puestos individuales para que las lavanderas pudieran realizar su labor ¡de pie! Debió de ser un adelanto a la época, allá por 1955 conforme reza la inscripción. Otro pozo similar lo tenemos en Villalonso, alejado del pueblo, en el lado norte del castillo. Y otro más modesto –el pozo de la Ermita– en Pedrosa, además del pozo Pedrado -¿tendrá algo que ver con el origen del pueblo?-, y una hermosa fuente con arca semihundida en la plaza mayor.

De Pedrosa del Rey –con arquitectura tradicional bien conservada- no comentamos ahora nada, pues ya lo hicimos en otra entrada.

Otra vez los tres elementos. Benafarces

Otra vez los tres elementos. Benafarces

Una escultura popular…

Tuvimos la gran suerte de dar con la iglesia de la Asunción en Casasola abierta, pues se encontraba en obras. Nos sorprendió un Crucificado gótico (hacia el año 1.300) en una capilla obscura. Alto, policromado, esbelto y estilizado a la vez, con el cuerpo curvado, la cabeza ladeada y los párpados caídos casi del todo; tranquilo y sereno. Una verdadera joya que no pasa desapercibida entre las muchas obras de arte que contienen nuestras iglesias. Se le conoce popularmente como el Cristo de los Pobres y de la Buena Muerte.

Casasola. Eras.

Casasola. Eras.

Después, al rodar entre las mieses que comenzaban a espigar, me venía a la imaginación el Cristo y lo veía allí, luminoso, con la cruz surgiendo entre la mies brillante, los rayos de sol y las nubes descargando al fondo. Y es que ese Cristo se veía mejor con rayos de sol que en la obscuridad; su serenidad ante el dolor casaban mejor con el soplo del viento que en la estática penumbra de una capilla. Y es que este Cristo transmitía lo que el pueblo ve en Él, la buena muerte: aparta lo tenebroso y atrae la serenidad. En fin, es una escultura popular -¿acaso alguien sabe quién fue el autor?- porque trasmite lo que el alma del pueblo ve.

Y a modo de colofón, una canción popular

Acabada la excursión nos fuimos en coche hasta San Román de Hornija, para fotografiar una inscripción al exterior de su iglesia, que un amigo nos había pedido. Pero también visitamos el interior porque una señora del pueblo, muy amable, nos lo enseñó. Vimos –para algunos era la primera vez- los restos mozárabes, el ara romana, y la iglesia entera, incluidos los cuadros que hay en la sacristía de algunos ilustres sanromaniegos. Y, en un momento determinado, Clara María –que así se llamaba la señora- con excelente voz, cantó a la Virgen delante de nosotros como únicos espectadores, una preciosa Salve popular. Bonita –y popular- manera de terminar la excursión.

Detalle de la inscripción

Detalle de la inscripción

NOTA: ya saldrá la entrada con el recorrido por el paisaje natural. Es que se nos acumula el trabajo sin querer. Las fotos -apagadas- van con el día -gris-

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