Rodando contra los elementos (entre Valladolid y Zamora)

Capeando el temporal

Capeando el temporal estoicamente

Esta excursión se prometía un tanto arriesgada, pues los pronósticos del tiempo anunciaban lluvia. No mucha, ni segura, pero como podía presentarse, salimos pertrechados con prendas impermeables. Pero cayó algo más que agua. No hemos preparado el mapa al uso pero la ruta la podéis ver aquí o aquí mismo:

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En primer lugar nos cayó (en suerte) una rotura de la cadena de una bici. El sujeto pasivo del accidente llevaba una larga vida de ciclista sin este contratiempo. Y, ciertamente, es más difícil de arreglar que un simple pinchazo. Menos mal que llevábamos tronchacadenas y con la ayuda de seis manos –algunas expertas- se pudo solucionar y continuar ruta. Esto ocurría justo cuando empezábamos a bajar hacia Benafarces.

Descarga en Benafarces

Descarga en Benafarces

El segundo contratiempo fue una nube. Una nube que provocó una lluvia intensa si bien relativamente breve. Ocurrió precisamente cuando acabábamos de perder un camino en medio de la llanura toresana, entre los términos de Villalonso y Morales. Total, que además de empaparnos, nos llenamos de barro. Claramente fue una nube traicionera, pues al llegar a Morales los campos estaban bien secos.

Además de todo esto, pudimos visitar con calma Pedrosa del Rey, Casasola, Benafarces, Villalonso y Morales. No está mal, contando que sólo nos hicimos 44 km.

Casasola

Casasola

De Pedrosa a Casasola fuimos dando la vuelta al cerro de las Canteras, evitando el camino de las Portillas, para ahorrar esfuerzos. Estos parajes constituyen los confines del páramo de los Torozos: varias cuestas redondas, tesos y paramillos se resistieron a desaparecer cuando las aguas del Duero y otras corrientes los desgajaron, hace muchos miles de años, del páramo-madre. Por eso, es un paisaje peculiar: si el páramo cae en laderas claras y rotundas hacial el Sequillo y el Pisuerga, aquí se pierde en suaves laderas, innumerables cuestas y tesos de mil formas. ¡Ah! Cruzamos por las tierras de Doña Aldonza, seguramente llamadas así en recuerdo de aquella noble que, en 1250 poseía heredades precisamente cerca de Casasola.

En Casasola dejamos a un lado la ermita de Nuestra Señora de Gracia y al otro el teso de la Horca al subir al alargado paramillo, también llamado de las Canteras por motivos obvios, pues de aquí salió una caliza grisácea que, bien tallada, se utilizó para muchas casas e iglesias de la zona y, por supuesto, en el castillo de Villalonso.

Se aleja hacia el Este la tromba de agua

Se aleja hacia el Este la tromba de agua

Antes de iniciar la bajada, contemplamos la llanura de Toro. Una nube acá y otra acullá soltaban sus aguas sobre campos y poblaciones. Benafarces se veía esfumada entre las aguas. O, también, los campos de colza brillaban con un amarillo vivo aprovechando el más mínimo rayo de sol. Todo típico de la estación. Después de arreglar la cadena, nos dejamos caer hasta Benafarces, donde pudimos ver las piedras del páramo que pertenecieron ala torre de su iglesia, amontonadas ahora un poco más allá de donde cayeron, al parecer debido a que vencieron los cimientos.

De vuelta

De vuelta hasta salió el sol

Y a rodar hasta Villalonso, donde visitamos el castillo y el pueblo. Antes de llegar a Morales, sufrimos el fuerte aguacero y decidimos poner rumbo a Pedrosa. Cruzamos la hondonada del Bajoz que mostraba también sus campos verdes y laderas con alguna encina y luego a volar, viento en popa, hasta Pedrosa. El flanco norte nos lo cubría el teso de la Furnía, uno de los últimos baluartes de Torozos, como ya hemos comentado. Por cierto, que por aquí descubrimos un águila dando cuenta de un conejo. Lo levantamos y, como durante 200 metros no fue capaz de coger altura, acabó soltando su presa.

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2 comentarios to “Rodando contra los elementos (entre Valladolid y Zamora)”

  1. Rosaguro Says:

    Muchisimas gracias por vuestro trabajo. Nos estáis enseñando lo que no sabíamos de nuestros pueblos.

  2. Gaudencio Busto García Says:

    Requetebién decimos en mi pueblo cuando algo nos satisface en grado superlativo.

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